11 de septiembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Burbuja III. El escenario era Francia y el protagonista en este caso fue John Law, un jugador escocés bien relacionado con la alta sociedad europea que llegó a París en 1715. Gracias a sus contactos, tuvo acceso a la corte de Luis XV, en el momento en que el monarca se enfrentaba a la tercera bancarrota consecutiva de su país. Law le propuso al soberano crear un banco que absorbiera la deuda de la corona.

En 1716, el aventurero obtuvo permiso del rey para abrir el Banco Central, con un capital inicial de seis millones de libras francesas ofertados en 1.200 acciones al precio de cinco mil libras cada una. En aquella época circulaban por Francia dos tipos de monedas: las libras de plata y los llamados billetes d'État, que eran los pagarés que los acreedores exhibían ante el soberano. Estos billetes podían ser utilizados como moneda de curso legal, pero encerraban una trampa encubierta.

Promesa

Al no fiarse del rey los comerciantes los aceptaban al 40 por ciento de su valor. John Law prometió que él los valoraría al 100 por ciento si se utilizaban para comprar sus acciones. Así, todos los que tenían deudas con la corona prefirieron invertir sus pagarés en comprar acciones del banco de Law. El escocés alivió la deuda del rey en doce millones de libras y consiguió que el valor de sus acciones se disparara.

Logró que le concedieran la explotación de Louisiana, colonia francesa en América, lugar insalubre y pobre en recursos valiosos, pero Law corrió el rumor de que allí había oro y plata y envió un contingente de indigentes a formar un primer asentamiento; siguió lanzando más y más acciones (sin un capital que respaldara su valor).

En 1721, explotó la burbuja. Un rival de John Law se presentó en su banco con varios millones en acciones y le exigió que le entregara el importe en monedas de plata.

Al no disponer de tal cantidad, los rumores sobre la "fiabilidad" de su negocio comenzaron a correr. Además, los que lograron sobrevivir en la Louisiana regresaron a Francia y aseguraron que allí no había ni oro ni nada.

París estalló, hubo tumultos y varias muertes; el rey desterró a Law, quien murió pocos años después en Venecia. En su epitafio alguien escribió: "Aquí yace un escocés célebre, un calculador sin igual que, con las reglas del álgebra, ha puesto a Francia en el hospital".

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