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Cupones bursátiles
Cuando los agentes de la SEC llamaron a la puerta del hogar familiar de los Lebed, en Newark, Nueva Jersey, descubrieron que el sagaz inversor no era el padre, Greg, sino el hijo, Jonathan, que había estado usando la cuenta a sus espaldas.
El niño confesó entonces que llevaba desde los 12 años enganchado a la Bolsa, y que todo había comenzado viendo las noticias financieras en la CNN.
Por primera vez, la SEC se vio en la postura de presentar cargos contra un menor.
El asunto se solucionó sin necesidad de llegar a los tribunales: Jonathan G. Lebed accedió a devolver los 272.000 dólares conseguidos en 11 operaciones fraudulentas. El menor fue autorizado, sin embargo, a conservar otro medio millón de dólares obtenidos en 16 transacciones realizadas legalmente.
Con 8.000 dólares de la cuenta de su padre, Jonathan comenzó a comprar acciones de pequeñas compañías con poca liquidez, principalmente de la industria del entretenimiento.
Horas después de haber adquirido las participaciones a un precio bastante modesto, el niño enviaba cientos de correos electrónicos haciéndose pasar por asesor financiero, siempre con nombres falsos y haciendo correr rumores de este estilo: "Hay que comprar urgentemente: estas acciones van a valer 20 dólares muy pronto".
Decenas de inversores on line picaron una y otra vez y contribuyeron inconscientemente a sobrevalorar las acciones del interesado, que daba incluso instrucciones para vender, automáticamente, cuando la cotización llegara a un tope. Dos años duró la investigación, hasta que la SEC logró detectarlo.
Entrevistado por The Wall Street Journal, Jonathan reconoció que no jugó limpio en algunas de las operaciones y se mostró dispuesto, ante las autoridades, a devolver el dinero.
Este episodio no hubiese existido sin el anonimato que proporciona internet, y a la vez nos pone en alerta máxima ante la situación de mantener nuestras claves para acceder a lugares donde se manejan valores lo más reservadas posible.
Esperamos que a Jonathan le haya servido la experiencia, sobre todo la del dolo, para aprender que no se puede construir la propia fortuna falseando información, perjudicando a terceros, creyendo que será tratado sólo como un juego de niños.


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