15 de noviembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

André Kostolany - Húngaro de nacimiento, era de una personalidad realmente encantadora. Elegante, de moño, impecablemente vestido, un verdadero gentleman. Al final de sus días y a pesar de su avanzada edad, poseía un estado físico encomiable, y su cabeza funcionaba como en los mejores días. Además, era astuto como pocos. Escribió muchos libros volcando en ellos todas sus aventuras, sus conocimientos y su sabiduría. Fueron 75 años de Bolsa.

Fue un especulador nato desde sus comienzos. Estuvo dos veces casi quebrado y a punto de la ruina total. Terminó siendo multimillonario. Su método era invertir en forma anticíclica. Subirse al tren cuando todos bajan. Cuando cunde el pánico. Cuando todo el mundo se saca los papeles de encima y las cotizaciones se derrumban. Cuando todos venden a cualquier precio, para limitar pérdidas o por miedo. Cuando los inversores se desprenden de los títulos como si éstos tuvieran alguna extraña enfermedad, allí hay que pegar el manotazo y comprar todo.

Cuando las cotizaciones hayan explotado. Cuando los títulos son recomendados hasta en la peluquería, cuando se recomiendan acciones en todos los medios y revistas, cuando se habla de ganar plata en la Bolsa hasta en la iglesia o el almacén, es ahí que hay que vender todo, hasta los papeles más queridos.

Su mejor negocio lo realizó al terminar la Segunda Guerra Mundial. En ese momento nadie daba una miserable moneda por Alemania.

Kostolany, alma de jugador y "despierto" para ver las buenas chances, sabía de finanzas, economía y política. Y también poseía mucho sentido común. Rápido como un zorro y conocedor de la mentalidad y el temple teutón, vio una oportunidad inigualable y compró en la Bolsa de París bonos alemanes a 250 francos. Una apuesta fuerte y que lo podía arruinar totalmente. Algunos años después, cuando la nueva Alemania era algo más que una promesa, los mismos títulos cotizaban a 35.000 francos cada uno, una verdadera fortuna.

Solía decir que el juego y la especulación en los mercados bursátiles son como un viaje peligroso que pende entre la riqueza y la ruina. Y no se cansaba de pregonar que la mejor inversión es a largo plazo, en distintos rubros y países, en las mejores empresas del mundo... Su más conocida frase, su más asiduo consejo, era: "Comprar títulos, acciones de empresas, tomarse unas pastillas para dormir durante 20/30 años y cuando uno despierta, es millonario".

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