21 de abril 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay una adivinanza -para lectores de distintas épocas- que ha sido un "caballito de batalla" para nuestra columna. Una especie de infaltable tema, en el repertorio de un cantante, o el chiste base en la carrera de un cómico. Hoy, es la ocasión para volver a repetirla: ¿hasta dónde puede entrar un perro al boque...?. La respuesta, que pocos aciertan, resulta hasta la mitad. Porque lo que hace, de allí en más es salir del bosque. Y con ella engendramos otra (para la cual no tenemos respuesta para dar, queda en manos de los lectores): "¿hasta dónde puede entrar el Estado en los negocios de los privados?"... Suponemos, y con lógica que habrán tantas supuestas soluciones como escuelas de pensamiento a las que pertenecen los que responden.

Esto tiene mucho que ver con realidades de la época, donde la tentación al "dirigismo" -en lo individual y lo empresario- parece sumar adherentes: entre funcionarios, políticos (y legisladores).

Para focalizar sobre aquello que posee trascendente peso en las empresas, entre ellas las cotizantes. Y desde ellas en las acciones que son cotizaciones en Bolsa el planteo va hacia un anuncio de marzo que quedó después en suspenso por breve lapso, en abril y que deberá rectificarse o ratificarse, por parte de la autoridad económica. Es la norma que obligaría a las sociedades a informar sobre precios, costos y estrategias comerciales. El espectro es tan amplio y confiere tanto poder a queines vayan a dictaminar sobre lo que se investigue que -en caso de ponerse en práctica- bien puede ser considerado un "repelente potenciado" (de cualquier intención de radicación de capital en la Argentina). Mucho más que un estado de inflación, o con los súbitos saltos cambiarios o de tasas, inclusive más que bajo las impuestas condiciones de los "controles de precios" (llámese también "precios cuidados").

Si bien los empresarios tienen por norma -y la historia así lo registra- subordinarse a todo tipo de política de gobierno, en este caso parece que vieron que el "perro" de la adivinanza estaba superando la mitad del bosque: y dispuesto a seguir entrando. Hubo presentaciones, distintas objeciones a tener que estar detallando estrategias de comercialización, restando herramientas para competir, así como tener que estar rindiendo permanente examen acerca de cómo se conforma el costo de un producto y dejarlo liberado a la opinión de un funcionario (que, por lo general, no aman a los empresarios). Veremos.

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