30 de mayo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Siempre consigue el mercado -pasando por otra racha fuera de lo común- más elementos que ayuden a la "combustión" y a mantener el motor, a máxima velocidad. Como no es privilegio de un sólo carburante, todo lo que asome con alguna expectativa favorable -más allá de los hechos concretos- y desde orígenes diversos: es utilizado para alimentar al motor. Hasta cuando nada existe a la mano, o todo ha sido ya utilizado, consigue energía, la que proviene de retroalimentarse, considerarse siempre un "mercado barato" (y buscar más altura). La semana -hasta el miércoles- vino con aristas salientes, que fueron desde los temores por "tomas de utilidad" que se convirtiera en "corrección", más lisa y llana. Hasta producir una inmediata limpieza de ventas y amanecer -del miércoles- con la oferta más encalmada y permitiendo -con volúmen inferior- organizar un repunte.

Hasta que la mañana del jueves trajo, junto con el desayuno, los titulares dando cuenta de un "acuerdo con el Club de París"...

Descontado, como tal, no estaba. Porque existían hipótesis diversas -aunque la voluntad de arreglo era lo evidente- acerca de los tiempos. Cuánto insumiría alcanzar tal acuerdo (en tal caso, en tiempo y en dinero). Al parecer, todo se apresuró, por más que falten pasos más bien formales, el tan meneado asunto del arreglo con el club de países tocó puerto. Y resulta una indudable "buena nueva", para un mercado de riesgo, porque implica que el país se acerca mucho más a la categoría de "normal", a tono con el mundo. Después, derivarán los distintos puntos de vista y referidos al nivel de pago que debió acordarse (los plazos convenidos, que le quedarán como primer regalo al gobierno que parta en el 2015)...

"Algo" ha cambiado -allí arriba- y esto se puede identificar en distintas posturas oficiales que de ser rígidas y tozudas, a toda hora, se fueron allanando a buscar puentes de llegada antes que cavar trincheras en torno de la posición local.

Lo del "Club de París" es una de las variantes, otra había sido con el "FMI" y en cuanto a modificar índices de medición (queda la porfía en pie, sobre admitir que se produzcan revisiones del organismo, en nuestras cuentas). Y otra, tan drástica: respecto del litigio por los bonos, pasar de decir "no acataremos el fallo en contra", a manifestar: "se aceptará el fallo que resulte". Todo, con fascinante naturalidad. (Propio de los argentinos...).

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