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Cupones bursátiles
Imaginamos que atender todo lo referido a las ventas de granos -puntillosamente, una por una- tiene que resultar un esfuerzo organizativo de marca superior. Mucho más, suponemos, que lo que tiene que ver con lo bursátil y que ,en buena medida, ya viene probado y automatizado. ¿No queda demasiado lejos de su función primordial y fundacional el control de lo agropecuario además del bursátil? Ya está todo a prueba, al iniciarse el sistema bajo la nueva ley. Y recordar que dentro de las normas aparecen controles a sociedades mucho más severos, pormenorizados, pasibles de multas (una de las funciones más delicadas, si se lleva adelante con la precisión quirúrgica que requiere.)
Y cuando nos viene a la memoria lo que sucediera a lo largo del tiempo, cuando el organismo fue delegando funciones que le correspondían -como asistir a las asambleas- en la Bolsa, por carencia de personal necesario (según aducían). O con los sumerios, que no terminaban nunca de llegar a conclusiones y sanciones hasta que todos ya se habían olvidado, hasta de las causas originales). Junto con ello, nos aparecen los temores si es que la entidad -encima- se va sobrecargando de misiones.
Se podrá decir que: "lo agropecuario también implica un mercado", es un recurso de escaso ingenio, porque de inmediato se puede responder con: "las acciones y bonos no son iguales a la soja y el trigo Unos son valores, los otros son mercaderías". Y cada mercado, con sus propios usos y costumbres (vicios y mañas, también) constituyen un mundo particular.


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