26 de abril 2011 - 00:00

Daulte: “Explorar lo inútil del teatro”

Javier Daulte: «En un curso de principiantes de teatro rara vez aparece alguien que quiera realmente ser actor».
Javier Daulte: «En un curso de principiantes de teatro rara vez aparece alguien que quiera realmente ser actor».
«Son tantas las obras que imagino escribir y tantos los actores con los que me gustaría trabajar -o quieren trabajar conmigo- que no me va a alcanzar el tiempo físico» se lamenta Javier Daulte sin dejar de sonreír. El autor de «Nunca estuviste tan adorable», figura del teatro independiente, guionista televisivo («Para vestir santos») y director de éxitos comerciales como «Baraka» de María Goos y «Un Dios salvaje» de Yasmina Reza, acaba de estrenar en el Paseo La Plaza «Espejos circulares» de Annie Baker, comedia proveniente del off Broadway, con Soledad Silveyra, Boy Olmi, Jorge Suárez, Andrea Pietra y Victoria Almeida.

A mediados de año Daulte montará «Lluvia constante» del norteamericano Keith Huff (Paseo La Plaza) con el protagónico de Joaquín Furriel y Rodrigo de la Serna y «4 D Optico» (Teatro Cervantes), pieza de su autoría que dio a conocer en 2003, en el Teatro Lliure de Barcelona. Escribirá también una nueva tira para Pol-Ka (luego de que Adrián Suar debute en el Maipo con «La guerra de los Roses» dirigido por Marcos Carnevale), y dirigirá a Alfredo Alcón y a Rodolfo Bebán en «El filósofo declara», del escritor mexicano Juan Villoro, que tiene por argumento un duelo intelectual entre dos pensadores. Daulte se niega a ampliar esta información («si hablo me matan») y pide cambiar de tema. Está entusiasmado con la versión cinematográfica de «¿Estás ahí?» (dirigida por el madrileño Roberto Santiago). La première española está prevista para esta semana. Entretanto, sigue dándole forma a una futura novela que llevará por título «La amenaza».

Periodista: Usted ha tenido mucho éxito, pero, en su fuero interno, ¿piensa que es más prestigioso escribir una novela que una pieza teatral ¿Me equivoco?

Javier Daulte: No. Y creo que tiene que ver con ciertos mitos intelectuales que uno ha heredado a lo largo de su formación. La edición de un texto teatral nunca es un acontecimiento, como sí lo es la publicación de una novela. Pero yo disfruto de los dos géneros, para mí lo mágico está en el arte de contar historias. Lo mejor de escribir esta novela es que nadie la espera ni me apura con ninguna fecha. Estoy en un territorio virgen y de absoluto placer y antojo.

P.: Hace poco dijo que le gustaría trabajar con Mercedes Morán y Javier Bardem. ¿Cómo fue trabajar con Soledad Silveyra, que en los últimos años no hizo teatro?

J.D.: Estamos hablando de un personaje emblemático, un monstruo sagrado de la Argentina, para mí fue un gran privilegio dirigirla. De chico la veía en «Pobre diabla» y siempre la consideré una gran actriz. Es una persona cuya vida está pura y exclusivamente dedicada a su trabajo actoral. Entre nosotros se generó una gran empatía. Y fue un encuentro muy feliz porque yo estoy en el momento justo para dirigirla y ella en el momento justo para dejarse dirigir por mí.

P.: ¿Qué opina usted de esta obra?

J.D.: Es tremendamente clara y rica en contenidos pero a la vez sencillísima. El relato avanza como a través de un montaje cinematográfico repartido en 30 escenas. Todo transcurre en un taller de teatro para principiantes aficionados.

P.: ¿Gente que hace teatro como pasatiempo?

J.D.: Sí. Eso es lo que más abunda. En un curso de principiantes rara vez aparece alguien que quiera ser actor. Los que tienen vocación ingresan al conservatorio o asisten a seminarios. En cambio, a estos talleres llega gente que responde a otras motivaciones. Un primo mío empezó a hacer teatro cuando se separó y como no tenía amigos se anotó en uno de estos cursos para conocer gente. Hay algo muy lúdico en esos ejercicios que vemos en escena. Nos permiten ir conociendo a cada personaje y nos llevan a preguntarnos: ¿qué se busca en estos lugares?

P.: La actuación es un acto placentero y a la vez riesgoso.

J.D.: Totalmente. Creo que todas las personas tenemos la necesidad de hacer algo por fuera de las actividades útiles. Hay algo de lo inútil del teatro que esta muy bien planteado en la obra. Estamos habituados a que sea considerado un arte, pero durante muchos siglos fue sólo una experiencia para quienes lo hacían y un entretenimiento para quienes lo veían. «Espejos circulares» apunta a esa cuestión primaria.

P.: ¿Qué debe tener un dramaturgo para ser guionista de televisión?

J.D.: Una gran capacidad de trabajo, de «horas-hombre». La pregunta del millón sería: «¿Vas a poder poner el culo en la silla, ocho horas diarias, y no morir en el intento? Hay que tener mucha cintura y mucho estómago para lidiar con esta actividad, como sucede en muchos otros trabajos. Si me pregunta cómo es la televisión, yo le diría que es como estar a diez días del estreno, pero durante todo el año. Un programa de televisión es un estreno permanente.



Entrevista de Patricia Espinosa

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