11 de noviembre 2010 - 00:00

De idea ingeniosa a pasatiempo superficial

Salvo la graciosa composición de Erica Rivas y algunos lindos paisajes, «Boca de fresa» desaprovecha otros buenos actores como Rodrigo de la Serna y, sobre todo, su ingeniosa idea original.
Salvo la graciosa composición de Erica Rivas y algunos lindos paisajes, «Boca de fresa» desaprovecha otros buenos actores como Rodrigo de la Serna y, sobre todo, su ingeniosa idea original.
«Boca de fresa» (Argentina, 2010, habl. en español). Guión y dir.: J. Zima. Int.: R. de la Serna, E. Rivas, R. Carnaghi, J. Vattuone, M. Fiorentino.

Dos pícaros del ambiente discográfico advierten que un viejo fracaso, «Papá mono», ha sido remixado en Noruega y, con título en inglés, ahora es éxito mundial hasta en Japón. Hay que encontrar al autor de la obra, para renovar el contrato como sus representantes y aprovechar el momento. El detalle es que dicho autor quería ser cantautor melódico. Lo de «Papá mono» fue sólo una concesión comercial para un negocio que encima no resultó, de modo que el infeliz, doblemente decepcionado con el ambiente y su fauna, se fue de ermitaño quién sabe dónde, y de esto hace ya un rato largo.

¿Cómo localizarlo, y cómo engañarlo de nuevo, ahora que se le puede sacar algún rédito sin que se avive? De veras, el tipo no se aviva, pero ha sembrado tal resentimiento en su espíritu y en sus amigos que llegar a él será bastante difícil, sobre todo si quien debe encontrarlo es el sobrino del dueño, un rubio que la va de canchero y cuya única parte humana es la novia. Otro problema: la chica es demasiado humana.

Graciosa, Erica Rivas, como una peluquera entusiasmada con un viaje a Miami, fastidiada con un cambio de destino a Villa Soldán y La Calera, enternecida con un cabrito herido, y en peligro con un vestido demasiado corto y unas entendederas también cortas pero afectuosas. Agradables las locaciones serranas, aunque las hay mejores. De rutina los demás artistas, eso que son buenos. Curioso, el peinado tipo Eternauta del artista autoexiliado. Lindo, el colorido setentista del conjunto. E ingeniosa la idea, lástima que luego se desaprovechan las posibilidades del asunto, que daba para sátira, comedia romántica, folleto turístico, lo que sea, pero acá es sólo pasatiempo amable y superficial. El ritmo que pudo tener este entretenimiento, lo da recién al final la Mona Giménez, interpretando una versión cuartetera del «Boquita de fresa» mencionado en el título (un tema que los antedichos empresarios habían desdeñado en su momento).

Autor, el músico Jorge Zima, que años atrás debutó en cine con una historia chiquita y debidamente morbosa, «Noche en la terraza», donde también se lucía la protagonista femenina, Soledad Alloni. Una pena que esta actriz no haya vuelto a hacer cine.

P.S.

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