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De la Rúa reaparece con intento de revisión radical
El dato es que la convocatoria corrió por parte de Fernando de la Rúa -asistido por uno de sus más fieles laderos, el exdiputado porteño Fernando Caeiro (también integrante de legendaria y copiosa prole de boina blanca)- con la confesa intención de reasumir cierto protagonismo en la escena política y sobre todo de reivindicar en la medida de lo posible la acción gubernativa de aquel convulsionado período de la historia reciente, algo para lo cual parece existir cierto ambiente social últimamente.
La propuesta surgió en una mesa de doce realizada en el mismo sitio en el mes de marzo y en esta oportunidad bordeando la treintena de comensales adquirió ribetes de virtual acuerdo de gabinete con exponentes del más caracterizado radicalismo de paladar negro.
Estaban exministros como Nicolás Gallo y Héctor Lombardo, exdiputados y exconcejales como Felipe Figuerero, Héctor Lapadu, Humberto Bonanata, el exembajador Miguel Ángel Espeche Gil, Roberto Ábalos, Alberto Moreno Hueyo, Patricio Carreras, Fernando Cifre, David Arrues, Gregorio Carreras, Alberto "Mancha" Gaitán, Vilma Robeta y dos abogados del sub-50 que bajaban el promedio etario: Marcelo Meis y Diego Barovero.
La conversación discurrió animada y cordial, no exenta de la extensas intervenciones (todo radical siente que tiene la obligación de decir con largueza su verdad y los demás de escucharla) y de expresiones de autocrítica por parte del expresidente que fue reiteradamente reconvenido por algunos contertulios para dejar de disculparse en público, con la certeza de que su administración ha mejorado sensiblemente en la consideración social. Hubo reproches hacia expresiones consideradas injustas del presidente y precandidato presidencial de la UCR Ernesto Sanz que en declaraciones periodísticas dijo que él no era "el radicalismo que se fue en helicóptero". Se barajaron algunas ideas y propuestas (libros, videos documentales, debates públicos) direccionadas al reposicionamiento de ese espacio del pensamiento radical, no en búsqueda de candidaturas sino del objetivo mayor pretendido por todos: la búsqueda de la verdad histórica. La nueva peña política radical del Bristol Hotel (en la que se destacó el carácter puramente radical tradicional en detrimento de otras animadas por exfrondizistas y con concurrencia más ecléctica) promete seguir dando letra a la campaña del radicalismo en la Capital.

