12 de diciembre 2016 - 23:31

De presiones a la baja de tarifas locales y alzas en los fletes internacionales

Cambiemos, como modelo político, compite en forma y contenidos con el paradigma del Relato que instaló el kirchnerismo, con la ventaja de cumplir la norma universal: el discípulo supera al maestro.

En el fondo, la paleta es la misma, cambian sólo los colores. La forma de dialogar con empresarios disidentes es el monólogo gritado. La forma de disuasión es la presión por oposición, creando competencias ficticias ad hoc para destrozar negocios acusados de monopólicos (serán oligopolios, pero discursivamente les es más rentable la teoría del enemigo único) y cartelizados. La forma de resolver es por la vía de la imposición no consensuada. Y la forma de legitimarse, como en el gobierno anterior, es apoyarse en el periodismo militante.

El triunvirato formado por Dietrich, Metz y Deleersnyder eligió a los servicios de remolque y practicaje como arena para validar gestión: presionó a la baja de tarifas allanando el camino de la competencia extranjera. Svitzer, la rama de remolques de Maersk, ya opera a sus anchas en el país. Cobra lo mismo que la competencia nacional. Pero no importa. El gesto está.

Sugerentes, desde el Gobierno incluso tentaron al Centro de Navegación Argentina institución de agentes marítimos nacionales que representan a armadores extranjeros para que crearan nuevas empresas de lanchas para prácticos (uno de los servicios conexos fuertes que prestan los prácticos para posicionar a estos profesionales en los barcos y puertos donde trabajan) para así crear una nueva competencia y, además, con la promesa de ayudarlos. Del mismo modo, el triunvirato sostuvo a Meridian en la licitación objetada de los remolcadores de los gaseros, y luego a Herme Juárez, el sindicalista-empresario de la cooperativa de San Martín, famoso por sus presiones y paros, porque importó remolcadores para traer más competencia.

Que ahora los prácticos piensen en generar una multiagencia (los contactos con los armadores los tienen) está justificado gracias al argumento de Cambiemos.

¿Qué es lo que el triunvirato se resiste a ver, entender, aceptar y grandeza al margen reconocer? Que las tarifas que presionan por reducir no las pagan los chacareros, sino que las abonan los buques (extranjeros) que se llevan la carga. El gobierno es socio de la rentabilidad foránea. Socio minoritario, sin voz ni voto: no puede pedirle que bajen los fletes para, ahí sí, esperar una mejora en la ecuación de los productores.

De hecho, a pesar de la gesta, los fletes suben: los buques pasaron de costar 5500 a 11.000 dólares por día bajo la modalidad time charter en buques de 30.000 toneladas desde mediados de octubre a hoy. Un panamax, como cualquiera de los que navegan el Paraná, cuestan tres veces más: de 5500 pasaron a 18.000 dólares. Los costos logísticos aumentaron. ¿Cobran más los productores? Nada cambió.

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