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De un “agujero” a una compleja recuperación
Guilad Shalit llama a sus familiares desde una base militar cercana a Gaza, poco después de ser entregado.
«No contó mucho todavía, lo hemos escuchado, y en términos generales cuenta que al principio fue difícil, pero las condiciones fueron mejorando en los últimos años», afirmó el progenitor en su primera comparecencia ante los medios de comunicación tras la liberación de su hijo Guilad.
A las puertas del domicilio familiar de Mitzpé Hilá, en el norte de Israel, y frente a cientos de activistas que ayudaron en la campaña para liberarlo, Noam Shalit explicó que el joven estuvo cautivo en un «agujero» y que «pudo oír la radio y ver televisión aunque con limitaciones», ya que «sólo le permitían las cadenas árabes». Agradeció al Gobierno y a la opinión pública por el apoyo recibido.
Sobre su estado de salud después de cinco años y medio de cautiverio, indicó que «sufre heridas leves que arrastra por la falta de tratamiento apropiado, heridas de esquirlas, y las consecuencias de la falta de luz del sol».
«Guilad volvió a casa después de una lucha larga y agotadora, después de una lucha contra molinos de viento, pero a final de cuentas hemos conseguido devolverlo a casa», afirmó el hombre.
«Empezamos ahora un proceso de rehabilitación con la ayuda de médicos del Ejército que esperamos que sea corto, y le permita volver a la vida normal rápidamente», agregó.
El soldado, que llegó a Israel a primera hora de la mañana, vio por primera vez a sus padres en la base aérea de Tel Nof, a la que fue trasladado tras ser entregado a Egipto en el paso de Rafah. Pero recién a la tarde fue trasladado a la casa familiar en el norte de Israel, donde a lo largo de la jornada se concentraron miles de israelíes jubilosos.
«Guilad está contento de estar en casa, pero por haber estado aislado tantos días y años le es difícil ahora exponerse a tanta gente», aseveró su padre, que describió su regreso «como verlo nacer de nuevo».
Agencias EFE y DPA


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