8 de junio 2012 - 00:00

“Deberíamos demandar a Argentina ante la OMC”

Andrés Velasco
Andrés Velasco
Santiago (enviada especial) - Es uno de los candidatos presidenciales de la Concertación de centroizquierda y se lo considera una de las promesas de la política chilena. Critica el anquilosamiento y la falta de propuestas de su sector. Dice que no le importaría competir con Michelle Bachelet y que llegó el momento de «nivelar la cancha» en lo social. Tiene 51 años y certificación de antipinochetismo: en los 70, su familia debió exilarse en EE.UU., donde terminó sus estudios secundarios.

A Andrés Velasco no le faltan pergaminos académicos: Yale, Columbia, MIT, Harvard. Experiencia de gobierno, menos: fue el ministro de Hacienda de Bachelet entre 2006 y 2010. Le tocó enfrentar la crisis energética derivada de la interrupción del suministro de gas desde la Argentina. Por eso, y por las prácticas comerciales proteccionistas, cree que Chile debería haberse sumado a los otros países que denunciaron a nuestro país ante la Organización Mundial de Comercio.

Periodista: ¿Irá como candidato presidencial de la Concertación?

Andrés Velasco: Ya anuncié que soy candidato: me presento a las primarias, que espero sean lo más amplias, transparentes y abiertas posible. Voy, aunque tenga que hacerlo contra la expresidente.

P.: ¿Hacia dónde debe ir la Concertación? ¿Más a la izquierda o más hacia el centro?

A.V.: Lo importante es agregar ideas, porque Chile cambió. Se dan dos fenómenos: la inserción de Chile en el mundo, los movimientos sociales. ¿Por qué tuvimos en 2011 una revolución universitaria? Cuando echamos a (Augusto) Pinochet los universitarios eran 200.000. Eso se multiplicó por seis en 20 años: hoy son 1,2 millón, en los que casi la mitad de cada generación va a la universidad, un 45%. Por eso, a realidades nuevas, necesidades nuevas. Por eso la discusión es cómo se financia, cuánto de préstamos, cuánto de beca, cómo se arancela, qué modelo, si europeo o anglosajón. Es un país que cambió dramáticamente. El ingreso per cápita se triplicó, la población se urbanizó muy rápido, con una clase media extendidísima, con casi todos los indicadores de calidad de vida que subieron muchísimo en los últimos 25 años, con una de las economías más abiertas del planeta. Por esto es que lo que sucede globalmente nos afecta.

P.: ¿En qué estado está la Concertación?

A.V.:
Está mal. Después de 20 años bastante exitosos en el poder, en la Concertación se fueron cristalizando varias malas prácticas políticas. Algunas tienen que ver con la manera de hacer el debate público, donde la Concertación está volcada hacia adentro por la disputa por cargos y parcelas de poder, con una capacidad muy limitada para plantear alternativas y proyectos. Se le han hecho comunes o corrientes las prácticas clientelistas. Por eso, al cabo de veinte años la gente decidió darle su voto a otra coalición, que a su vez lo ha hecho bastante mal en el poder.

P.: ¿Cómo se cambia el sistema?

A.V.:
Los sistemas cambian de dos maneras. A veces, muy raras veces, por decisión. La más de las veces porque les llega competencia. Nunca en la historia de Chile la alianza de los cuatro partidos de centroizquierda tuvo un rechazo del 70% y una aprobación del 17%. Nunca los presidentes de los partidos políticos tuvieron 50% de rechazo y 15% de aprobación. Nunca la clase política tuvo 4% de aprobación y 60% de rechazo. Nunca tuvimos movimientos sociales tan fuertes, y autónomos de todos los partidos. Chile transita por avenidas muy distantes de la política tradicional.

P.: ¿Cuál es su idea de la integración regional?

A.V.: Si viviéramos en un continente razonable, la retórica de la integración latinoamericana debería dar paso a la realidad latinoamericana y quizás el punto prioritario sea la integración energética. Chile limita con tres países productores de gas y en los hechos ninguno lo provee. Hoy le compramos gas a Indonesia y gastamos más de 1.000 millones de dólares en dos plantas regasificadoras para el centro y norte del país.

P.: ¿Cómo debe ser entonces el vínculo con Bolivia?

A.V.:
Es hora de que Bolivia no utilice esto con fines políticos domésticos. Creo que todo lo que se intentó negociar hasta ahora no tuvo éxito. Y éste no es un punto para los gobernantes sino de la población en Chile.

P.: ¿Habla de un plebiscito para darle la salida al mar?

A.V.:
Es una alternativa, pero la pregunta es en qué condiciones y con qué beneficio para Chile. Pero no quiero especular respecto de cosas que no están en la agenda de hoy. Lo cierto es que Bolivia ha planteado el tema de un modo que para Chile jurídicamente no corresponde.

P.: ¿Y con la Argentina?

A.V.:
Los costos para Chile de los incumplimientos repetidos por parte de la Argentina han sido altos. Pienso en el gas: en los cuatro años en que fui ministro me tocó preocuparme todos los días sobre cómo íbamos a calentar a Santiago y al país. Había contratos firmados y no nos llegaba ni la décima parte de volumen de gas acordado. Había días en que no era suficiente para que los 7 millones de santiaguinos pudieran cocinar. Chile modificó su matriz energética para funcionar con gas argentino, y significó encarecimiento de tarifas y perder hasta dos puntos de crecimiento económico algunos años. Significó decenas de miles de puestos de trabajo perdidos. Fue un costo gigantesco. Eso no puede volver a repetirse.

P.: ¿Qué haría entonces si fuera presidente?

A.V.:
Las políticas comerciales argentinas no sólo son proteccionistas sino que causan un tremendo perjuicio a todos los países de la región. Yo soy de los que piensan que Chile pudo haberse hecho parte de los requerimientos ante la OMC, por ejemplo. Porque hay un claro perjuicio a los exportadores chilenos. Creo en los mecanismos multilaterales y hay que usarlos cuando el Derecho así lo permite.



Carolina Barros Enviada Especial

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