11 de diciembre 2015 - 00:00

Del discurso a la realidad

Pasada la euforia del cambio de camiseta, y pasado el discurso, veamos la realidad. El anuncio más urgente de Mauricio Macri es que los asalariados de hasta $ 30.000 no pagarán Ganancias sobre el aguinaldo pero resulta que, hace un año, el Gobierno anunciaba que no pagarían aquellos cuya mayor remuneración bruta mensual, devengada entre julio y diciembre de 2014, no superara los $ 35.000. A lo que habría que sumarle la inflación.

Es verdad que enviaría al Congreso un proyecto para elevar el Mínimo No Imponible de los $ 11.275 actuales a $ 30.000. Poco, es necesaria una baja impositiva más fuerte. Por el contrario, como no parece dispuesto a grandes recortes en los gastos y pretende bajar la emisión monetaria, no le veo otro camino que el aumento de la presión tributaria general, como hizo en Buenos Aires. Cabe destacar que los impuestos crean pobreza desde que siempre son derivados hacia abajo vía precios o baja de salarios.

Casi todos los peores parches del kirchnerismo continuarán.

El plan Precios Cuidados -y el control de precios como en los medicamentos y prepagas-, que será mantenido por al menos seis meses, es un crudo desconocimiento del funcionamiento del mercado natural, que equilibra los precios en tiempo real, de manera eficiente y priorizando a los más pobres.

Robert Schuettinger y Eamonn Butler en su libro "Forty Centuries of Wage and Price Controls", señalan que quizás el históricamente más famoso y más extensivo intento de controlar precios lo realizó Diocleciano, emperador romano desde el año 284.

En cuatro años de establecido el sistema, el precio del oro subió un 250 %. Para peor, Prat Gay, ministro de Hacienda, anunció que buscará negociar un pacto de precios y salarios con base al 30 de noviembre.

Las DJAI han acumulado una deuda de los importadores con el exterior de unos u$s 8.100 millones al 30 de junio, a lo que se suma la deuda de las filiales con sus casas matrices, otros 4.000 millones. El Gobierno tiene poca idea de cómo salir de esto, que urge ya que el 83% de lo que se importa va a la producción. Las retenciones tampoco se van, sólo las del maíz, trigo, girasol, economías regionales y sólo se bajan en un 5% las de la soja, que es el 80% del problema. En el área de agricultura se anuncia una fuerte presencia del Estado que incluye reimpulsar la ONCCA, disuelta en medio de escándalos de corrupción en 2011.

El levantamiento del cepo no tiene fecha, y parte de dos graves errores conceptuales. Uno, que produciría inflación -"overshooting" según un informe del Barclays- cuando la inflación es la emisión monetaria por encima de la demanda del mercado natural en tiempo real y, por tanto, nada tiene que ver con esto. Y segundo, la falta de fondos. En este sentido, lo primero que debería hacerse es dejar de comprometer al Estado en la provisión de dólares que no tiene que proveer en un mercado natural. Y luego conseguir fondos de manera sana: vendiendo propiedades, aunque sea a bajo precio debido a la urgencia.

El Gobierno, en cambio, pretende conseguir dólares de la liquidación de las exportaciones de soja almacenadas, unos 6.000 millones, otros 5.000 millones estaría gestionando Luis Caputo en Wall Street, y una suma equivalente en una operación cruzada con el BCRA que aportaría u$s 4.000 millones.

Con estos 15.000 millones levantarían el cepo presumiblemente antes de abril de 2016. Hoy, el BCRA cuenta con reservas netas por u$s 1.200 millones según Barclays, apenas el 5% del total de las reservas informadas oficialmente.

Entretanto las negociaciones con los fondos "buitre", necesarias para conseguir fondos del exterior, no vienen aceitadas. Insistirán con su reclamo por u$s 10.000 millones y Prat Gay argumentaría que el cálculo está mal hecho.

Y todavía no entramos en el fondo de la discusión... porque en el fondo, más allá del discurso "pour la gallerie", macrismo y kirchnerismo coinciden demostrando que el Gobierno de Cristina no nació de un repollo sino con el consenso directo e indirecto de la enorme mayoría.

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