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¡Desafiemos a Newton!
Un artículo publicado en Ámbito Financiero hace 15 días desató una guerra entre economistas. Matías Kulfas, director del Banco Nación y punta de lanza de los heterodoxos, defendió el uso de reservas del BCRA para pagar la deuda. También señaló que la inflación no tiene raíces en la expansión monetaria. El contraataque ortodoxo vino de la mano del exvicepresidente del BCRA Martín Lagos. Se le sumaron ayer tropas de infantería con un artículo de José Luis Espert. Hoy, la jefa de Gabinete del BCRA se alinea con Kulfas y sigue su sendero. Lagos vuelve a la carga, invitando a desafiar la ley de gravedad. Enriquecedor debate, sin duda, sobre un tema crucial de la economía local.
Martín Lagos
La inflación del 25% que en promedio experimentaron los precios en 2010 no es ningún milagro: contra un aumento de la producción que medido en unidades físicas habría oscilado entre el 8% o el 9%, la demanda nominal (o sea, medida en pesos) de bienes para el consumo, la inversión y la exportación habrían crecido no menos del 33%.
En la generación de demanda, el crédito (bancario, comercial, interempresas, interpersonas) juega un rol importante. Es lo que permite a una familia gastar por encima de lo que gana o a una empresa pagar sueldos más altos. Hay un tipo de crédito (que en la literatura se llama «inside credit») que redistribuye la capacidad de gastar, pero no altera el total. Si A ahorró y le prestó su plata a B, éste podrá aumentar su gasto tanto como lo que dejará de gastar A. El otro tipo, en cambio, el «outside credit» (crédito nuevo o incremental), es el que permite a ciertas unidades económicas gastar más sin que nadie deba gastar menos. Pueden ser préstamos originados en el exterior o aquellos que son extendidos por el sistema bancario doméstico porque se encuentra con capacidad prestable ociosa a partir de una mayor emisión o existencia de base monetaria (dinero emitido por el Banco Central). Éste es el crédito capaz de inflar el valor nominal o monetario de la demanda global.
Es imposible desvincular la expansión de la demanda global nominal (33%) y la inflación que ella provocó (25%) del incremento de más del 30% experimentado en 2010 por la base monetaria emitida por el Banco Central. Los bancos centrales fueron creados y dotados de instrumentos (tales como la fijación de encajes, las operaciones de absorción o esterilización, su mayor o menor intervención en el mercado de cambios, etc.) para lograr que el crecimiento de la demanda nominal no exceda groseramente (ni tampoco caiga por debajo) del potencial de crecimiento de la producción, evitando así la generación y/o convalidación de presiones inflacionarias (así como riesgos de deflación). Así funcionan en los países serios y así podría también funcionar el Banco Central de la República Argentina.
Kulfas afirma que «no hay país en el mundo que estime su oferta monetaria en función de sus reservas». Concedido que la variación de reservas no tiene por qué ser el único factor de creación de dinero, pero con mayor contundencia se puede decir que tampoco hay muchos países (más allá de Venezuela o Zimbawe) en los que la emisión siga pasivamente al crecimiento de los precios. Cuando se les reclama al banco central y al tesoro una política de estabilización no se les está pidiendo que provoquen una recesión, sino que eviten los desbordes inflacionarios que se observan desde 2006.
Ahora, si los argumentos van a ser del tipo de «mientras la economía crece se puede emitir sin límites ni peligros»; «nosotros somos distintos» o «aquí no se aplican los modelos foráneos como la teoría cuantitativa del dinero formulada por el norteamericano Irving Fisher», entonces ya tengo preparada una ironía: ¿Por qué no probar de saltar al vacío desde gran altura? Total, la ley de la gravedad la formuló un británico.

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