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Descolló cellista alemán junto a la Filarmónica
Leonard Elschenbroich, solista en el concierto 104 de Dvorak en el Colón, ofreció una brillante interpretación.
En coproducción con el Teatro Colón (el mismo programa se interpretó anoche en el ciclo de abono de la orquesta), Festivales Musicales ofreció un concierto a cargo de la Filarmónica de Buenos Aires, con Guillermo Scarabino como director.
Estimulante presencia la del joven cellista alemán Leonard Elschenbroich, solista en el concierto opus 104 de Antonin Dvorak, quien brindó una interpretación exquisita, combinando expresividad con mesura e intensidad musical con gestos sobrios. Con inteligencia y humildad, el artista sabe poner su sonido suntuoso al servicio de la música y amalgamarse al entorno. Con leves desfases rítmicos, la orquesta tuvo un muy buen desempeño (remarcable el solo de la concertino, Ala Gubaidulina, en el tercer movimiento).
La versión que Scarabino y la Filarmónica brindaron de la «Sinfonía en fa menor» n° 4 de Chaikovsky, una de las más transitadas del repertorio sinfónico romántico, estuvo plena de energía y se evidenció a lo largo de la interpretación un cuidado trabajo dinámico. Algunas mínimas imprecisiones no lograron opacar el muy buen rendimiento de los metales, sección cuya importancia en esta partitura no necesita ser subrayada. En sus respectivas intervenciones, brillaron los solistas de las maderas, en tanto que la cuerda sonó empastada y mostró cohesión articulatoria.
La noche se había iniciado con el bello poema sinfónico «El tarco en flor», del compositor Luis Gianneo, que si bien sonó con la prolijidad y el profesionalismo de rigor en esta excelente orquesta, se advirtió algo falto de intensidad, como si parte de la energía hubiera sido reservada para el final del concierto.


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