Desembarcó OIT por libertad sindical

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Las fotos, intensas y extremas, de esta semana condicionarán el final de la película. En una aproximación brutal a las presiones criollas, la OIT comenzó ayer una gira en Buenos Aires para recolectar datos e impresiones sobre el mapa sindical argentino.

Cleopatra Dumbia encabeza la delegación que ayer, apenas llegados a Ezeiza, se citó con Carlos Tomada, que oficia, en este caso, de anfitrión. El ministro fue quien negoció con el chileno Juan Somavía, el titular de la OIT, el desembarco de esa comisión de expertos.

La comitiva, en pleno jet lag, deberá surfear sobre la tempestad que resulta el choque de cuatro tendencias enfrentadas: la negativa de los Kirchner, las amenazas de la CGT -en sintonía con la UIA-, la demanda de la CTA y la presión de la Corte Suprema.

Montados a ese ring, los funcionarios de la OIT tendrán que soportar, además, la expectativa que genera su presencia, que para algunos, el Gobierno y la CGT, es «formal», mientras para otros, la CTA anticipa una resolución sancionatoria contra la Casa Rosada.

Ayer, en ese marco, empezó la pulseada por la construcción del relato de la gira: se informó, vía un cable de Télam, que los funcionarios internacionales habían respaldado la demanda de los trabajadores del subte, entreverados en una disputa de reconocimiento con la UTA.

Según una fuente que compartió las primeras horas de Dumbia en Buenos Aires, eso jamás ocurrió. Es más: mientras desde la CTA anticipan que la comitiva informará, antes de partir, sobre el balance de su visita, en Gobierno aseguran que se trata de un relevamiento para «consumo» interno de la OIT.

Esas miradas espejan la discusión de fondo: la CTA de Hugo Yasky, en medio de una batalla interna con Víctor De Gennaro, insiste en que debe ser la Casa Rosada la que destrabe el expediente de la personería, mientras el Gobierno asegura que existe una traba legal que debe, llegado el caso, subsanar el Congreso con una reforma a la Ley 23.551 que fija la existencia de una única central sindical.

El mismo argumento expondrá la CGT encabezada por Hugo Moyano hoy a las 10, cuando reciba a los delegados del organismo internacional. El camionero, sin embargo, en el último tiempo moderó su resistencia cerril al reconocimiento a la CTA.

Unas horas después, a las 14, Dumbia se verá con la mesa de la CTA y escuchará otro argumento: los ceteístas, además de pedir la personería, enfocan la crítica hacia la demora en el reconocimiento de otros gremios y denuncian, en concreto, la falta de «libertad gremial».

Cada central tendrá, puertas afuera, sus aliados: ayer la UIA detalló su mirada sobre la situación sindical y que la existencia de paritarias refleja la democracia sindical. La Unión Industrial coincide con la CGT en bloquear la «desregulación» gremial.

Usan, sin embargo, argumentos diferentes: la CGT sostiene que la coexistencia de múltiples gremios en una misma actividad atomiza y debilita a los trabajadores. La UIA sostiene, en cambio, que la dispersión elimina la existencia de interlocutor único y eso los complica.

La CTA, a su vez, encontrará algún soporte indirecto en la Corte, que en los últimos tiempos se zambulló en el tema sindical al declarar la incostitucionalidad de varios artículos de la ley que establece el unicato sindical. Tiene, en estudio, más expedientes.

La última escala, el jueves, será en el Congreso: la comitiva encabezada por Dumbia visitará las comisiones de Trabajo de Diputados y del Senado, oficinas donde se han presentado y discutido proyectos para modificar la Ley de Asociaciones Sindicales.

Ninguna prosperó: el último que lo intentó, en los 80, fue Raúl Alfonsín. El costo de esa aventura lo pagó unos pocos meses después.

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