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Desfiló todo Bogotá en memoria de pionera argentina
• El XII Festival Iberoamericano de teatro recordó a Fanny Mikey
Una bailarina, disfrazada de Fanny Mikey (fundadora del festival de teatro), encabezó el largo desfile por las calles de Bogotá.
Según su leyenda, Fanny negoció con buenos y malos para que los días que durara la muestra que creó y defendió con uñas y dientes, Bogotá se convirtiera en paraíso de la cultura, sinónimo de fiesta popular y, ante todo, reino de la seguridad. Esto en una ciudad que tiene guardias privados incluso en las iglesias. Claro que hoy, la Alcaldía de Bogotá que usufructúa lo construido por Mikey gastando poco casi nada, como dice la canción, se ocupa muy bien de sostener ese reino con un despliegue imponente de policías (la metropolitana en todas sus variantes, uniformados y de civil, carabineros, agentes de tránsito, auxiliares policiales que incluyen adolescentes recién salidos de la infancia, más un ejército de jóvenes afectados al festival). Lo indicado para que se relaje hasta el más paranoico de los visitantes.
Tras la apertura oficial de la muestra el viernes, el sábado el centro de la ciudad amaneció preparándose para el desfile inaugural, que arrancaría en la Plaza de Toros y recorrería alrededor de quince cuadras para terminar en la Plaza Simon Bolívar, el corazón del barrio de La Candelaria, donde se encuentra el envidiablemente conservado Centro Histórico de Bogotá.
Allí levantaron un enorme escenario rodeado de gradas y, desde temprano, de todas partes brotaban policías, policías, policías, haciendo juego con las 1500 escultóricas hormigas de metal con las que el artista Rafael Gómez Barros salpicó toda la fachada del Capitolio Nacional (Senado de la República), ubicado a un costado de la plaza. El objetivo de este curioso hormiguero es, dice un cartel, «fomentar una reflexión acerca de la inmigración, el desplazamiento forzado, el desarraigo y la globalizaciòn», entre otros detalles de actualidad. Pero ésa ya es otra historia.
A las tres de la tarde, las quince cuadras que iba a recorrer el desfile era otro hormiguero (para seguir con la metáfora), tan impresionante que cuesta no decir que toda la ciudad parecía estar allí. Cosa que seguramente es una exageración, pero cuesta no decirlo, porque las veredas, los balcones, los árboles incluso, estaban atestados de gente de un modo tal, que era evidente que si uno conseguía un lugar ya nunca iba a poder moverse. Lo cual no obstaba para que hubiera familias con niños o bebés en cochecitos, personas en sillas de rueda, etcétera. Gente de toda condición esperaba el paso de cerca de 2000 artistas.
Cifra oficial muy creíble, cabe aclarar, teniendo en cuenta que el desfile duró exactamente tres horas ininterrumpidas. Tres horas de una mezcla entre carnavalesca y circense, que se abrió con una muñeca articulada gigante que representaba a Fanny Mikey, el pelo rojo fuego, minishort, medias caladas («es que a ella le gustaba exhibir sus piernas», nos explicó una anciana con una sonrisa desbordante de ternura) y una chaqueta de frac.
Sostenida por una enorme grúa, la muñeca guiñaba un ojo cada tanto, y cada vez, la gente (el pueblo, los ciudadanos, los vecinos, como se guste denominar a esa multitud) rugía «¡Gracias Fanny!». Emocionante. La seguía la comparsa de «Las Fannys», chicas vestidas más o menos igual, con la característica peluca roja, y, «como a ella también le gustaba exhibir su busto», algunas de ellas iban con los pechos al aire, todo el torso pintado de blanco, igual que las estatuas vivientes que también se podían ver por ahí.
Y después, carrozas y comparsas de escuelas de música, de baile o de teatro, y también escolares a secas, representaciones regionales con sus trajes y bailes típicos, precedidos o seguidos de acróbatas, saltimbanquis y artistas callejeros de todas partes, de toda clase, muchísimos de un nivel digno del Cirque du Soleil. La mayorìa con vestuarios que envidiarían las producciones teatrales más costosas (entre los ejemplos más impresionantes, cada cual en su tipo, los diablos de Oruro y el Carnaval de Venecia de la Corporaciòn Artística de Medellín). Por qué no, también algún borracho con la cabeza enmarcada por un esqueleto de televisor peleándole a la policía su derecho a participar del desfile.
Así como Fanny Mikey es patrimonio de los bogotanos, el festival es patrimonio -y buen negocio- de muchos, colombianos o no. No por nada, lo patrocinan bancos locales y extranjeros, empresas importantes como la petrolera nacional EcoPetrol (que, como otras, también tenia su comparsa, su carroza y su lema: «Respira cultura, para una vida mas pura»). De ahí que a la Alcaldía de la ciudad, «por el momento», dicen, en manos de la coalición de izquierda Polo Democrático, la muestra no le signifique mayores gastos.
Y por supuesto, fiesta para vendedores ambulantes de cualquier cosa imaginable y hasta inimaginable. Lo mejor, los vendedores de «minutos», un negocio que se puede ver en cada esquina en todo Colombia, y que consiste -¿cómo es que todavia no se nos ocurriò?- en alquilar teléfonos celulares de 150 a 200 pesos el minuto (el dólar está a un promedio de 1800 pesos colombianos, saque usted la cuenta, lector). En lugares menos poblados, se «venden» en pequeños locales, el día del desfile, los celulares (de a varios en casi todos los casos) estaban encadenados al cuerpo de los vendedores o a los quioscos que improvisaron los más organizados.
Al terminar el desfile, los pies doloridos y la piel gravemente enrojecida por un sol disimulado bajo las engañosas nubes casi perpetuas que cubren el cielo de Bogotá en esta época del año, daban cuenta de las tres horas transcurridas. No tan engañosas, a decir verdad, porque justo cuando empezaba el recital de cierre de la fiesta en el escenario de la Plaza Bolívar, se largó a llover bastante fuerte. Pero a nadie le importó.
Seguramente una ínfima parte de toda esa gente reunida ahí fuera después a pagar una entrada para ver las obras que integran la programación oficial. Como sea, esa tarde irrepetible prueba por sí sola el lema de otro patrocinante, una cadena de almacenes: «El festival es un Éxito registrado».
* Enviada Especial


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