La demanda internacional de maíz crece más rápidamente que la de las demás materias primas agrícolas, pero también crece la demanda por los productos de su transformación. Según la FAO-OCDE, los derivados de la cadena del maíz son los que más aumentarán su volumen comercializado durante los próximos 10 años.
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En MAIZAR desarrollamos un plan que propone que para abastecer la creciente demanda, el área sembrada con maíz y sorgo en la Argentina debería crecer significativamente. Así, en la campaña 2016/2017 se multiplicaría por cinco el valor de nuestras exportaciones de maíz, se exportaría 1,5 millón de toneladas de carne vacuna, se duplicaría la producción actual de leche, se triplicarían las exportaciones aviarias y no se importaría más carne de cerdo.
Además, las ventas de maquinaria agrícola se triplicarían o cuadruplicarían, y se podrían producir biocombustibles para obtener energía a costos menores que la importación de hidrocarburos. El plan permitiría, además, crear 1,5 millón de nuevos puestos de trabajo.
Pero para alcanzar ese futuro, el maíz necesita medidas que incentiven su producción. Cuando todavía los productores están decidiendo la siembra de maíz y, ante el riesgo de una caída de la producción en esta campaña, tres señales claras podrían dar un nuevo impulso a su producción y evitar el daño que podría ocasionar a toda su cadena de valor: la sanción de una ley que permita deducir del pago del Impuesto a las Ganancias el 50% del gasto realizado en fertilizantes, la apertura de las exportaciones y la disminución de las retenciones.
Una encuesta realizada por MAIZAR junto con otras instituciones muestra que si el productor agropecuario pudiera deducir de la liquidación anual del Impuesto a las Ganancias el 50% del gasto realizado en fertilizantes, la producción de maíz podría aumentar en 7 millones de toneladas respecto de las estimaciones para esta campaña como resultado de un incremento del 17% del área sembrada, así como de un mayor uso del paquete tecnológico y, específicamente, de la dosis de fertilizantes.
Las distintas proyecciones de siembra de maíz evidencian una caída respecto de la superficie de la campaña pasada. Para evitar este escenario y el grave daño que causaría a todos los integrantes de la cadena de valor del maíz, es fundamental que se sancione rápidamente el proyecto de ley presentado por la senadora Silvia Giusti, que prevé la deducción de la liquidación anual del Impuesto a las Ganancias del 50% del gasto realizado en fertilizantes.
La puesta en marcha de esta ley se traduciría en un ingreso adicional de divisas para el país del orden de los u$s 1.200 millones, originadas en el aumento de la recaudación en concepto de retenciones a las exportaciones y del Impuesto a las Ganancias. A pesar de que la deducción impositiva del 50% del gasto realizado por los productores agropecuarios en fertilizantes implica un costo para el Estado, el resultado neto de sancionar la ley sería positivo ya que el aumento de la recaudación como consecuencia de una mayor producción de maíz superaría el costo que implica permitir que se desgrave el 50% del gasto realizado en fertilizantes.
El sustento de esta ley no sólo está dado por el aumento del área sembrada y por su mayor producción por hectárea, sino que el mayor beneficio estará en detener la caída de los niveles de algunos nutrientes como el fósforo, el potasio, el nitrógeno y el azufre, y evitar así la degradación de los suelos, dando sustentabilidad a los sistemas de producción.
Una mayor producción de granos tendría además un gran efecto derrame en fletes internos, acondicionamiento y en todas las actividades conectadas con la agricultura en el interior de la Argentina.
* Presidente de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (MAIZAR)
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