17 de junio 2010 - 00:00

Desparejas muestras de amor a Nueva York

Los veteranos Eli Wallach y Cloris Leachman animan la última y mejor historia de «New York, I Love You», grupo de cortos donde más que amor a la ciudad, se ven varias formas de amor.
Los veteranos Eli Wallach y Cloris Leachman animan la última y mejor historia de «New York, I Love You», grupo de cortos donde más que amor a la ciudad, se ven varias formas de amor.
«New York, I Love You» (EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: J. Marton, N. Portman, M. Nair, F. Akin, S. Iwai, S. Kappur, y otros. Guiones: T. Carné, E. Benbihy, F. Akin, Y. Attal, O. Lecot, S. Mehta, A. Minghella. Int.: E. Wallach, C. Leachman, J. Christie, J. Caan, N. Portman, C. Acosta, A. Yelchin, O. Bloom, A. García, Ch. Ricci, E. Hawke, S. LaBeouf.

Al productor Emmanuel Benbihy le fue bien con «Paris, je taime» y acá repite la idea: varios cortos de diversos directores, un barrio cada uno, dos días de rodaje, una semana de edición. Pero unifica estilos y evita separar los trabajos, lo que supuestamente agiliza el trámite. Lástima que, más que una declaración de amor a la ciudad, lo que vemos son varias formas de amor (o de levante) entre gente joven, bonita, bien vestida y con bastante tiempo libre. Hay excepciones, por suerte.

A destacar, la viñeta de un latino (el bailarín Carlos Acosta) paseando con una nenita bien caucásica por el parque, buen debut de Natalie Portman como directora, el singular momento de intimidad entre una judía ortodoxa y un hindú, dirigido por Mira Nair, una tragedia casi de obra fantástica con Julie Christie, escrita por el fallecido Anthony Minghella, dos situaciones inspiradas en sendos cuentos de O. Henry (un choque de carteristas y un seductor frustrado), y una delicia dirigida por un auténtico neoyorquino, Joshua Marston.

Esa delicia, que cierra el film, la protagonizan los ya históricos Eli Wallach (95 años) y Cloris Leachman (84) como un matrimonio de viejos gruñones arrastrando los pies por Coney Island, tercos, rezongones, juntos desde siempre y para siempre. Por ellos vale la pena llegar hasta el final de la película. Y perdonar, en fin, otros cortos más bien olvidables, o con buenas ideas ya varias veces vistas. Hablando de vistas, el film ostenta menos paisajes de los esperados. Puede discutirse si también registra menos espíritu neoyorquino del esperado. En ese sentido es probable que pierda frente a «Marty», «Piso de soltero» (que en septiembre cumple 50 años), algunas de Woody Allen, y hasta «Un día en Nueva York», mayormente filmada en Hollywood. Ahora el productor Emmanuel Benbihy amenaza seguir con Shanghai y Rio de Janeiro. Pero de esta última ciudad ya existen dos preciosas películas de cortometrajes, que transitan desde la costanera hasta los morros con historias de pícaros, vecinos, y hasta palomas, «Esse Rio que eu amo» y «Crónica da cidade amada», ambas dirigidas por un argentino, el gran Carlos Hugo Christensen. Acá se dieron sólo en Mar del Plata 1996, sin subtítulos (y ni falta que hacían). Habría que rescatarlas.

P.S.

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