Nueva York- Liza Minnelli volvió a subirse ayer a un escenario de Broadway, casi una década después de su última presentación en Nueva York, dispuesta a demostrar que su voz se mantiene en forma.
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«Liza's at the Palace» es el título del espectáculo con el que la cantante y actriz decidió reencontrarse con el público neoyorquino hasta el 28 de diciembre, y donde interpreta algunos temas de su madre, Judy Garland, otros con los que homenajea la memoria de su madrina, Kay Thompson y también canta «What makes a man a man» de su admirado Charles Aznavour.
El escenario elegido es el del teatro Palace, y no se trata de una decisión casual, ya que fue allí mismo donde su madre ofreció una serie de actuaciones históricas durante diecisiete semanas en 1952. También fue en el Palace donde Liza, que ahora tiene 62 años, realizó en 1999 un homenaje a su padre, el cineasta Vincente Minnelli, con «Minnelli on Minnelli», un proyecto menos aplaudido que anteriores trabajos suyos.
Según los críticos que tuvieron acceso a los ensayos de «Liza's at the Palace», Minnelli se encuentra en un estado envidiable y su voz conserva la potencia que la hizo ganar los mayores premios del espectáculo en EE.UU.: un Oscar, un Emmy, un Grammy y un Tony. Atrás quedan los temores sobre si no volvería a poder tenerse en pie, debido a unos problemas de salud que, hace seis años, obligaron a sustituirle las dos caderas y una rodilla.
«Nunca me he sentido mejor en mi vida. Me siento libre, feliz y completamente sólida. Más calmada y centrada. Entiendo lo inteligente que soy», dijo en una reciente entrevista de «The New York Times». Ese es el mensaje que Liza Minnelli quiere transmitir en un espectáculo que presentó ya durante dos años en buena parte del mundo, pero que aún no había traído a Nueva York.
Minnelli, que estos días graba en un estudio los temas que componen «Liza's at the Palace» para un disco sobre su esperado regreso a Broadway, se rodeó de cuatro bailarines en este espectáculo que lleva su sello y donde narra los recuerdos que conserva de sus padres, de su infancia y de las historias de la familia. «Liza está totalmente involucrada en este proyecto. Escribió más de la mitad de los diálogos, supervisó los arreglos musicales y, en el estudio, es capaz de detectar si alguien en la orquesta está media nota por debajo», aseguraba su colaborador y coreógrafo Ron Lewis en la misma entrevista del diario neoyorquino.
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