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Desvelo socialista: ¿cómo hacer que no hable Strauss-Kahn?
Dominique Strauss-Kahn volvió ayer a París y puso en alerta a su Partido Socialista. La izquierda, favorita para la próxima elección presidencial, teme que la afecten los repetidos escándalos de quien hasta hace poco fue su principal carta.
A primera hora de la mañana de ayer hubo un gran revuelo mediático, con imágenes en directo de la televisión que mostraban a Strauss-Kahn y su esposa, Anne Sinclair, rodeados de policías. Strauss-Kahn sonreía, pero rechazó hacer cualquier comentario.
Entre la izquierda, que ya veía a Strauss-Kahn como el próximo presidente de Francia, domina una extraña mezcla de enojo y vergüenza ajena. El alivio inicial que supuso el cierre del asunto en los tribunales estadounidenses se torna ahora en preocupación por la propia campaña electoral.
¿Qué pasaría si Strauss-Kahn quisiera volver a la política? Muchos socialistas preferirían que el que fue una de sus estrellas se retirara al menos hasta después de los comicios en su residencia de Marrakech y, en la medida de lo posible, que no aparezca más en los medios.
La secretaria general del Partido Socialista, Martine Aubry, se escudó obstinadamente en la presunción de inocencia, mientras duró el proceso judicial en Estados Unidos. Pero ahora marca distancias: «Pienso lo mismo que muchas mujeres en relación con el comportamiento de Strauss-Kahn con las mujeres», señaló.
Aunque el proceso se cerrara por dudas en cuanto a la credibilidad de la acusadora, los hechos siguen siendo los hechos: un desliz sexual del entonces director del FMI que acabó con manchas de semen en el uniforme de la empleada del hotel y en la alfombra.
Poco tiempo
«Uno puede partir de la base que una duración de entre siete y nueve minutos no deja mucho tiempo para el cortejo, y que si hubiera habido acuerdo, las negociaciones fueron claramente cortas», comentaba secamente Christophe Barbier, redactor jefe de la revista de izquierda LExpress.
En cualquier caso, Strauss-Kahn demostró falta de respeto hacia las mujeres y, además, ha dañado la reputación de Francia en el extranjero, añade. Sólo lo ha salvado el derecho a guardar silencio. Si quiere que se le vuelva a tomar en serio en Francia, debe manifestarse finalmente sobre lo ocurrido, mostrar arrepentimiento y prometer que mejorará. «La conciencia de los votantes se mantiene tan poco tiempo que a veces la amnistía llega inmediatamente», opina Barbier.
Sin embargo, lo más probable es que Strauss-Kahn no se plantee tan rápido volver al ruedo político.
Primero tiene que solucionar otros escándalos con la Justicia: en Francia se están llevando a cabo pesquisas por su presunto intento de violación a una joven escritora hace ocho años. Y en el caso de la empleada de hotel de Nueva York queda pendiente el juicio civil.
El principal problema para Strauss-Kahn es, con todo, la pérdida masiva de simpatizantes. Y es que éstos se han dividido en su mayoría entre los dos aspirantes restantes a la candidatura presidencial de los socialistas: Martine Aubry y François Hollande. Así, al favorito de la izquierda caído en desgracia le queda su casa de Marrakech.
Agencia DPA


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