17 de marzo 2009 - 00:00

Díalogos en wall street

El experto en temas financieros nuevamente pone luz sobre la crisis en Estados Unidos. Escudado bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el célebre personaje de la película «Wall Street», en esta ocasión marca cierta prudencia respecto de la minieuforia que se vive ahora en Wall Street. Advierte con claridad: «La banca no resolvió sus problemas de arrastre».
Periodista: Está de moda, en la banca internacional, anunciar a los cuatro vientos qué tan buenos fueron los negocios en enero y en febrero. Comenzó el Citi y lo siguieron JP Morgan y el Bank of America. ¿No es curioso que los mercados, en esos mismos meses, les propinaran una paliza tremenda? ¿Falló la Bolsa en anticipar el cambio de fortuna y ahora se entera por carta?
Gordon Gekko: Una golondrina, o dos, no hace el verano. Y la verdad es que atravesamos un invierno muy crudo.
P.: Barclays se sumó hoy (por ayer) al coro triunfal. Confirmó que analiza la venta de su negocio de iShares y, de paso, deslizó que arrancó 2009 con pie robusto.
G.G.: Mejor así. Los negocios nuevos deberían andar bien. En todo el arco de la banca de primera línea.
P.: ¿Por qué lo dice?
G.G.: El costo de fondeo de la banca es irrisorio. Las tasas pasivas cayeron a cero o muy cerca. Usted puede seleccionar con lupa a quién prestarle. El margen financiero tiene que ser altísimo.
P.: El papel de Barclays respondió con una suba del 20%. Citi ya multiplicó por dos veces y media el valor de su acción desde que Vikram Pandit, su titular, despachó el memo inicial.
G.G.: Es un rebote muy potente. La cotización volvió a los niveles previos al anuncio del canje de acciones preferidas. No está mal. Y si el próximo balance trimestral ratifica lo sugerido, será todavía mejor. Pero, créame, la banca no resolvió sus problemas de arrastre. Cambió el ánimo y repuntaron las cotizaciones, pero el mundo no se arregló. Ni mucho menos.
P.: Ben Bernanke aportó una cuota de optimismo. Dijo en «60 Minutos» que la recesión probablemente terminaría hacia fin de año. Y que una recuperación era factible el año próximo.
G.G.: Dijo que «probablemente». O sea, que también dijo que no tiene la certeza. Convengamos que Alan Greenspan, si tuviera que deshacerse de un buzón embargado, lo vendería mejor. Con más entusiasmo. Lo importante, a mi juicio, fue que Bernanke sugirió que la falta de «voluntad política para estabilizar el sistema financiero» es un peligro latente.
P.: A nadie pareció quitarle el sueño. La Bolsa ahora está enfrascada en ganar terreno.
G.G.: Es la reacción típica de un avance de mercado bajista (bear market rally). Cuanto más extendido el pesimismo reinante, más rauda y potente la suba. Entre puntas, el Dow Jones acumula un salto cercano al 15%. Es más de la mitad de lo que trepó en su última estampida a contramano entre noviembre y enero.
P.: Viaja demasiado rápido.
G.G.: No debería tardar en moderar sus ínfulas. Aunque es cierto que un rebote impulsado por las acciones financieras, con los principales bancos del mundo valuados a precio de liquidación, todavía tiene margen de sobra para tomar vuelo.
P.: Aunque luego la realidad lo baje de un hondazo.
G.G.: Será difícil mantener una gran altitud sin evidencias de una mayor solidez de los activos en cartera. O, al menos, señales creíbles de que la economía frena su caída libre y se estabiliza.
P.: Tim Geithner, el secretario del Tesoro de los EE.UU., prometió aportar novedades pronto en la definición de la estrategia oficial de compra de activos en problemas.
G.G.: Se refiere al fondo de inversión público-privado (PPIF). Hay quien afirma que los detalles operativos se conocerán esta semana. Si así fuera, no lo niego, su difusión puede contribuir a prolongar la escalada. Pero recuerde que se trata de un viejo caballo de batalla que nunca logró entrar en acción. No es la primera vez que se da vueltas con la idea. Ya en 2007 el ex secretario Paulson quería crear un «superfondo» (MLEC) para evitar que los activos de los vehículos especiales de inversión (SIV) derramaran su toxicidad sobre los balances de los bancos.
P.: Como terminó ocurriendo. Con nefastas consecuencias.
G.G.: En esta materia delicada, nunca se pasó de la fase de los anuncios a la ejecución concreta. El plan TARP original es la muestra emblemática. Habrá que ver para creer.
P.: Quizás sea la economía, suavizando su repliegue, la que dé una mano. La semana pasada, las ventas minoristas arrimaron una sorpresa positiva. Después del aumento imprevisto de enero, no cayeron en febrero como se esperaba. Si se depuran las ventas de autos, la actividad del comercio repuntó un 1,6% en enero y un 0,7% en febrero.
G.G.: Es una muy buena observación. En rigor, son cifras compatibles con una caída del consumo en el primer trimestre, pero a un ritmo menor que en la segunda mitad de 2008.
P.: ¿Marcarán un punto de inflexión?
G.G.: Lo veo muy difícil.
P.: ¿Por qué?
G.G.: La duda surge por el comportamiento del mercado de trabajo. La pérdida de empleos es muy profunda y no arroja signos de calmarse.
P.: Hubo una retracción en la lectura semanal de los pedidos de subsidios por desempleo.
G.G.: Cayeron una semana, pero volvieron a subir en la última. Sumaron, el jueves pasado, 654 mil flamantes solicitudes. La cobertura del régimen a nivel nacional -5,3 millones de desocupados- alcanzó un nuevo récord. El cuadro no es muy alentador. Todavía no.
P.: Estamos promediando marzo. Nadie espera que la situación se dé vuelta ya. La Bolsa puede desentenderse de las vicisitudes inmediatas y mover sus piezas ahora con un horizonte a tres meses vista.
G.G.: Usted lo escuchó a Bernanke. Probablemente la situación mejore a medida que se acerque fin de año. Pero habrá que evitar que surja otro corto circuito en la banca. Los antecedentes no invitan a relajarse. Desde setiembre, la regla es que ocurra, por lo menos, un chispazo grave por mes. Habrá que sortear los balances de abril sin que se presenten trastornos significativos. Y cruzar los dedos por la situación de Europa. Dentro y fuera de la Unión.

Dejá tu comentario