17 de noviembre 2009 - 00:00

Diálogos en wall street

El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», sostiene que «la generación genuina de ingresos está muy afectada por la crisis y no se recupera todavía». Además, indicó que a la suba en Bolsas en Nueva York «le basta con la promesa de que se mantendrán las políticas públicas de estímulo», aunque reconoció: «Si hay que mantenerlas es, precisamente, por la fragilidad del sector privado».

Periodista: Las ventas minoristas subieron en los EE.UU. más de lo que se esperaba. Con un aporte robusto de las ventas de automóviles. Y ya no se puede argumentar que la reacción favorable se explica por la influencia directa de los planes del Gobierno. ¿Pasó lo peor para el consumo? ¿O es temprano para cantar victoria?

Gordon Gekko:
Todo sugiere que el gasto de consumo logró estabilizarse.

P.: No es una conquista desdeñable.

G.G.:
Es un logro importante. Pero no se puede descartar la eventualidad de un resbalón más adelante.

P.: La Bolsa compró la lectura optimista. Wall Street cobró fuerte impulso cuando se conocieron las cifras.

G.G.:
Yo tomaría su reacción con pinzas. Ocurre que últimamente no hay colectivo que a la Bolsa no la deje bien. Que quede claro: la noticia es positiva. No obstante, en octubre las ventas minoristas subieron más de lo que se esperaba porque se corrigieron hacia la baja los datos de setiembre. El cuadro final no es muy distinto de lo que uno tenía en mente de antemano.

P.: Si se piensa en la vigencia de una tasa de desocupación de dos dígitos, en que ya hay casi 16 millones de desempleados cuando antes de la recesión eran menos de 7 millones; en ese marco, la resistencia del consumo es admirable.

G.G.:
No hay dudas. Pero por eso mismo le digo que pisamos terreno resbaladizo. No hay garantías de no volver a patinar. No es sólo el mercado laboral, las familias están bajo presión en otros frentes delicados. Hay menos crédito de consumo y dificultades para pagarlo. Las tribulaciones del mercado de la vivienda no cesarán pronto. La deuda hipotecaria es una mochila pesada.

P.: Permítame referirme al plan canje automotor. El gran interrogante es saber si lo que se vendió de más en julio y agosto es un aumento de la demanda neta o sólo un adelantamiento de las ventas. Setiembre no resultó muy auspicioso. Pero octubre, sí. ¿O me equivoco?

G.G.:
Comparto la idea. Piense que, antes de la crisis, se vendían entre 16 y 17 millones de autos (y camionetas) en los EE.UU. Por año. En cambio, en la primera mitad de 2009, el promedio anualizado apenas superó los 9,5 millones.

P.: Una caída durísima de más del 40%. El plan canje fue la respuesta oficial para acortar la brecha. Funcionó pero es un bálsamo temporario.

G.G.:
Se vendieron más de 11 millones de unidades (anualizadas) en julio y más de 14 millones en agosto.

P.: Hasta que se agotaron los fondos del programa.

G.G.:
Tal cual. Así que setiembre fue muy malo. El nivel de ventas no llegó a cubrir los 9,2 millones de unidades. Fue el mes más pobre desde que comenzó la recesión en diciembre de 2007, con la excepción de febrero último (cuando se vendieron apenas 41 mil autos menos).

P.: Por fortuna, octubre marcó un repunte interesante. El «bache» tan temido no duró mucho tiempo.

G.G.:
Se vendieron 10,4 millones de autos. Es un signo alentador. Un 9,5% más que el promedio del primer semestre. Dejando de lado los meses en los que el plan canje tuvo plena vigencia, es el mejor registro desde octubre pasado.

P.: ¿Se mantendrá el ritmo?

G.G.:
La industria dice que noviembre trae una dinámica de ventas similar a octubre. Y debería acrecentarse en el tiempo. Sólo para mantener constante el parque automotor, habría que añadir cada año no menos de 12/13 millones de vehículos nuevos.

P.: Estabilizar el consumo privado es importante para estabilizar la marcha de la economía. Y ahora se está logrando sin que medien acciones directas de estímulo al consumo por parte del Gobierno.

G.G.:
Así parece. Lo que a priori no lucía fácil. La generación genuina de ingresos -por ejemplo, la obtención de ingresos laborales- está muy afectada por la crisis. No se recupera todavía. Las familias advierten su vulnerabilidad y, en consecuencia, optan por aumentar sus ahorros. A setiembre, el ahorro acumulado por los hogares es un 76% más alto que en los primeros nueve meses de 2008.

P.: La tasa de ahorro personal se disparó.

G.G.:
Subió. Pero no tanto.

P.: La vi rozar el 6%.

G.G.:
Es tremendamente variable. En mayo tocó el 5,9% a raíz de un desembolso específico del plan de estímulo fiscal que infló la renta disponible. Se le pagó 250 dólares, por única vez, a una franja de retirados y veteranos de guerra.

P.: Esos recursos se ahorraron y no se gastaron.

G.G.:
Al menos no se gastaron en el mismo mes en que se cobraron. En el sentido contrario, cuando el Gobierno interviene subsidiando el consumo, como lo hizo, por ejemplo, con el plan canje, y tiene éxito en su convocatoria, entonces la tasa de ahorro no encuentra otro camino que recortarse. En agosto, la venta de automóviles fue muy robusta. Para que ello fuera posible, empero, la tasa de ahorro personal debió encogerse al 2,8% (el nivel más bajo desde la bancarrota de Lehman).

P.: ¿Y en setiembre?

G.G.:
Volvió a subir medio punto.

P.: ¿Qué pasó en octubre con la recomposición de la venta de autos?

G.G.:
No hay información. Pero es razonable pensar en un ligero paso atrás.

P.: ¿Hay espacio para acomodar las dos tendencias de una manera satisfactoria? O, si no lo hubiera, ¿qué fuerza terminará imponiéndose? ¿El consumo o el ahorro?

G.G.:
Se puede fortalecer el ahorro familiar sin malograr la estabilización del consumo. Se puede pensar, y es el escenario más probable, en un crecimiento suave del consumo. No parece muy factible -ni deseable- ir mucho más allá hasta que no se emprolije el excesivo endeudamiento de las familias.

P.: El presidente Obama, a juzgar por sus discursos en su visita al Lejano Oriente, lo tiene muy presente. Dijo que el mundo, para impulsar la recuperación, no puede volver a recostarse sobre las espaldas del consumidor de los EE.UU.

G.G.:
Así es. Debe buscar otro motor de empuje. El drama es que, hoy por hoy, no existe alternativa que pueda entregar tantos caballos de fuerza. Pero si se lo exige por demás, el riesgo es muy grande de que se rompa. Por eso hay que desarrollar otras soluciones. Menos potentes quizás pero más durables.

P.: La Bolsa no parece muy preocupada por la falta de una locomotora de envergadura que traccione el crecimiento. Le sobran bríos...

G.G.:
Mejor así. Es una paradoja: le basta con la promesa de que se mantendrán las políticas públicas de estímulo. Pero si hay que mantenerlas es, precisamente, porque la fragilidad del sector privado -y de un crecimiento librado a su sola energía- es todavía muy pronunciada. La suba es un acto de fe. Que ha demostrado, hasta ahora, ser muy perspicaz pero, por si acaso, cruce los dedos para que no le falle el instinto.

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