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Diálogos en wall street
El periodista dialoga con un experto en mercados internacionales, escudado bajo el seudónimo de Gordon Gekko, protagonista de la película «Wall Street», quien advierte que los festejos por el crecimiento de la economía japonesa en el último trimestre deben matizarse a raíz de la preocupante deflación que sufren los precios en aquel país. Por eso «la recesión nominal no terminó todavía», señaló, ya que en esos términos el PBI cayó un 0,1%.
Gordon Gekko: Sí, aunque con suerte y pronósticos dispares. Y con algún rezagado notable, como Gran Bretaña.
P.: Japón, que es siempre candidato a enredarse en dificultades, emergió de una manera rotunda. En el tercer trimestre, la economía se expandió un 1,2%. O sea, a un ritmo anualizado del 4,8%. Una recuperación más potente inclusive que la de sus pares del G-7.
G.G.: No lo veo así.
P.: No es una opinión personal. Es lo que dicen las cuentas nacionales cuando se cruzan los datos por país.
G.G.: Tampoco.
P.: No creo haber confundido las cifras.
G.G.: Japón acumula ya dos trimestres de crecimiento del producto bruto real. Las cifras que cita están bien. Pero la luz amarilla reside en la brecha entre el producto real y el nominal.
P.: El producto real crece, pero no el nominal.
G.G.: A diferencia de lo que acontece en EE.UU. y en Europa.
P.: Japón sí enfrenta una deflación.
G.G.: Correcto. Si hace a un lado las importaciones, la merma interanual de precios fue del 2,6% (la más profunda desde 1958). Por eso digo que no es una situación más robusta que la de sus pares del G-7. No creo que nadie quiera estar en sus zapatos.
P.: ¿Cuán importante es la brecha?
G.G.: La economía creció un 1,2% en el tercer trimestre, pero el producto nominal cayó un 0,1%. En términos anualizados, la diferencia es muy gráfica. Se producen más bienes y servicios (un 4,8% más), pero el gasto nominal declina un 0,3%.
P.: Y no es una aberración puntual.
G.G.: Usted sabe que no. La recesión nominal no terminó todavía.
P.: Por fortuna, lo que importa es el volumen real de bienes y servicios. Y hace seis meses que opera en aumento.
G.G.: Si su compañía, o su familia, está endeudada, entenderá que las variables nominales también importan. La dinámica deflacionaria puede apretar hasta la asfixia. Aunque usted produzca más.
P.: ¿Quién arrastra a quién? ¿Será capaz la mayor actividad real de sacar a la economía del brete deflacionario?
G.G.: Es una pulseada con pronóstico reservado.
P.: Sin embargo, la recesión nominal se suaviza.
G.G.: Es cierto. Pero no hay muy buena visibilidad. Lo que más empujaba, la inversión pública, ya cambió de signo y ahora resta en vez de sumar. El sector externo se recuperó en los dos últimos trimestres, pero tenderá a complicarse.
P.: Las perspectivas del comercio internacional, después de medio año de virtual congelamiento, autorizan un voto de confianza.
G.G.: El problema es que el yen viaja a contramano.
P.: Hoy en día es más popular endeudarse en dólares que en yenes. Por primera vez en más de una década. Y, sin el contrapeso de las posiciones cortas, el yen se aprecia.
G.G.: Una moneda robusta es todo lo contrario de lo que necesita Japón. Es una lima inoportuna que carcome la rentabilidad del sector exportador.
P.: Todavía no se nota.
G.G.: Pero se torna cuesta arriba. Piense que los compradores de maquinaria y bienes de capital japoneses en Asia están, a la vez, presionados por una tenaza: la apreciación de sus respectivas monedas y la pérdida de valor del yuan, pari passu con el dólar. Tarde o temprano, habrá que absorber el impacto.
P.: ¿La demanda interna no responde?
G.G.: No lo suficiente como para dejar atrás la deflación. El consumo privado subió en forma moderada. La inversión, en cambio, persiste en modo contractivo. La construcción de vivienda, anualizada, se derrumbó el 27,5%.
P.: Las iniciativas de estímulo estatal habían funcionado de manera satisfactoria. ¿Cómo es eso de que la inversión pública ya no aporta a favor?
G.G.: Es el primer trimestre que ocurre. Pero no es un hecho circunstancial, sino el puntapié inicial de un giro de tendencia.
P.: ¿El efecto Hatoyama?
G.G.: Así es. Es consecuencia de la mudanza de planes económicos, fruto del cambio de Gobierno. En su momento, el premier Taro Aso echó mano a un programa de obras públicas que tuvo rápido impacto. Pero su sucesor abriga otras preferencias.
P.: Parece que el electorado también.
G.G.: De acuerdo. En los hechos, Hatoyama se planteó modificar la composición del Presupuesto: la inversión pública cederá recursos a otras iniciativas en las que se promete que no habrá derroches o abusos.
P.: Corríjame si me equivoco, el gasto público no se altera. Pero en vez de gastar en construcción pública, se canalizará hacia otras aplicaciones.
G.G.: Se realizarán más transferencias a las familias.
P.: ¿Y ello tendrá menor repercusión sobre la demanda agregada?
G.G.: Las familias ahorrarán una parte de lo que reciban y demorarán en concretar sus gastos. Mientras tanto, el retroceso de la inversión pública ya comenzó. La demanda final se resentirá en comparación con el plan original. Y lo hará más aún si la economía trastabilla. No tengo dudas de que finalmente habrá que lanzar un segundo paquete de aliento (lo que ya debe estar en estudio).
P.: ¿Cuál es la visión de los mercados sobre el futuro de Japón? Desde los mínimos, el Nikkei trepó más del 50%. No parece muy sombría.
G.G.: La visión favorable recae sobre las grandes compañías que son las que tienen mayor inserción fuera de Japón. No pase por alto que, en lo que va de 2009, las acciones de empresas pequeñas y medianas subieron sólo la quinta parte de lo que avanzó el Nikkei. Pero aun así, los máximos del Nikkei datan de agosto. No hay burbujas en Tokio. Los últimos dos meses, en moneda local, mientras el Dow Jones subió un 8%, el Nikkei cayó otro tanto. Como le decía, la visibilidad no es buena. Y lo que se ve no es demasiado alentador.

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