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Diálogos en Wall Street
El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», sobre el fenómeno de la recuperación de los mercados en Estados Unidos, pero al mismo tiempo la caída de la imagen de Barack Obama. Asegura que la independencia de la Reserva Federal norteamericana está en juego.
Gordon Gekko: La crisis no terminó. Y pasa factura. Perder las elecciones de gobernador en Nueva Jersey y Virginia fue un botón de muestra. Una encuesta flamante de Gallup marca una merma en la aprobación de la gestión presidencial por debajo del umbral del 50% (y ya es el segundo sondeo que lo advierte).
P.: La erosión de la opinión pública es un fenómeno que se avizora hace tiempo. La hostilidad del Congreso, en cambio, irrumpió de golpe. Que lo visite el secretario del Tesoro, Tim Geithner, y reciba como bienvenida un tropel de pedidos de renuncia es un balde de agua fría.
G.G.: La hostilidad republicana es un dato duro. Conocido de antemano. La sorpresa es el fuego amigo. La intensidad de los disparos que provienen del propio campo demócrata. Allí hay un viraje.
P.: Uno de los diputados oficialistas -Tom de Fazio- organizó una entrevista por televisión para pedir la cabeza de Geithner. ¿Cómo se entiende? ¿Estalló una rebelión en la granja?
G.G.: El descontento en las filas de los legisladores del Gobierno tiene largas raíces aunque aflora de golpe. Los temores por la economía -los problemas que causan la destrucción del empleo, el aumento incesante de la desocupación, la avalancha de ejecuciones hipotecarias- se rumiaban en privado y ahora se decidió hacerlos públicos. A viva voz. Como para que quede registro.
P.: Es como si las ratas abandonaran el barco. Y migran cuando los profanos piensan que las cosas, si no van bien, por lo menos tomaron un curso de mejoría. ¿Qué las espanta?
G.G.: No conviene generalizar. En paralelo, Obama progresa con el tratamiento de la reforma de salud.
P.: Otro salvavidas de plomo ante la opinión pública.
G.G.: Correcto. Una mano lava la otra. No diría que el Congreso se dio vuelta. O se tornó intratable. Sería exagerar la nota.
P.: Pero tampoco puede decirse que acá no pasó nada. Geithner -el timón de la política económica- salió lastimado. En la Comisión de Servicios Financieros se aprobó este jueves la enmienda Paul-Grayson, que aboga por la auditoría de todas las actividades de la Fed, incluyendo las deliberaciones de política monetaria. No es un tema menor.
G.G.: La independencia de la Fed está en juego. Y su reputación. Yo diría, además, que se escogió un mal momento para tirar de la cuerda. Lo que menos se precisa es agitar el avispero del mercado de bonos.
P.: Como sea, no importó. Alan Grayson es un diputado oficialista. Y la mitad de los demócratas de la comisión sumó su voto favorable. A pesar de las gestiones de quien la preside, Barney Frank. ¿No es una rebelión? ¿Será un motín?
G.G.: Se resquebrajó la disciplina. El descontento que se mantenía en privado, ahora es público. ¿Qué pasó? Una tasa de desempleo de dos dígitos, las derrotas en Virginia y Nueva Jersey, las encuestas. Hay bronca en la calle. Y los representantes del pueblo acusan recibo. En octubre, el desempleo subió en 29 estados. En 14 de ellos supera el 10%. No es fácil calmar a la gente. En California, la desocupación es del 12,5%. En Florida, el 11,2%. En Michigan, la tasa más alta, del 15,1%. Cada legislador debe velar por su banca. Es el instinto de supervivencia. En 2010 enfrentarán mesa de examen.
P.: ¿Qué agenda se busca imponer? ¿Conducir la Fed? ¿Compartir el mando?
G.G.: Desde 1980, el diputado republicano Ron Paul quiere limitar el poder de la Fed. Todos los años presenta una iniciativa en tal sentido.
P.: Veintinueve años después de su primer intento, encontró el hueco.
G.G.: La idea de la enmienda no es sustituir a la Fed sino auditar sus decisiones. La primera revisión debería proceder no más de doce meses después de aprobada la ley.
P.: ¿Cómo podría ejecutar la Fed una política restrictiva si, al poco tiempo de decidir una suba de tasas, debiera rendir una explicación pormenorizada al Congreso? Siempre los legisladores están en contra. Sería un desgaste terrible. Se terminaría negociando.
G.G.: Se aboga por la rendición de cuentas de la Fed. La transparencia. Pero, comparto su preocupación, el diablo está en los detalles. No es casual que en 1978 el Congreso le concediera a la Fed una excepción en materia de la gestión concreta de la política monetaria.
P.: Todo lo demás, entiendo, es asunto auditable. Todas las operaciones de rescate bancario, por ejemplo.
G.G.: Así es. Pero hay zonas de fricción, motivadas por la excepcionalidad que gatilló la crisis. El monto de la asistencia de la Fed es un tema que provoca escozor. Que la Fed, a diferencia del Tesoro, pueda crear billones de dólares de la nada, sin autorización del Congreso, enerva a la mayoría. Por eso la propuesta de Paul (un libertario) y Grayson (un progresista) suma el apoyo de 309 diputados de ambos partidos. Pretende limitar, por ejemplo, el uso de las facultades de la Fed como prestamista de última instancia.
P.: Sería dispararse un tiro en los pies. Y con qué sentido de la oportunidad.
G.G.: Es un tiro cercano a los pies. El tope sería de 4 billones de dólares. O sea, casi el doble del tamaño de la hoja de balance actual de la Fed.
P.: Es ponerse una soga muy holgada al cuello. Un populismo que no aprieta, que contenta al votante, pero que también asusta a los que invierten. Si desalinea las expectativas de inflación, los costos pueden ser pavorosos.
G.G.: Entiendo que, al final, se llegará a una solución de compromiso que deje a salvo la independencia de la política monetaria. A cambio, pienso que la Fed deberá abrir sus libros de una manera que hoy resiste con uñas y dientes. Los legisladores querrán conocer el detalle de quién recibió asistencia, el criterio para concederla (o negarla), la valuación del colateral recibido, qué se pagó (y a quién) por las compras de activos hipotecarios. Vamos a una disección completa de lo actuado. Las garantías que se dieron al Citi y a Bank of America y las entretelas del episodio Merrill Lynch serán escrutadas con lupa.
P.: La confirmación de Ben Bernanke como titular de la Fed no será un mero trámite.
G.G.: Ya lo reconoció el propio senador demócrata Chris Dodd. El revolcón de Geithner es un aviso gratis. Después de todo, se lo cuestionó por su accionar en la Fed de Nueva York, cuando servía a las órdenes del propio Bernanke.


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