28 de enero 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», aseguró que la Fed intenta instalar el mensaje de que «la crisis ya se domó», aunque los indicadores demuestren una realidad menos optimista. Sostuvo también que Ben Bernanke será reelegido para continuar al frente de la Reserva Federal como parte de la estrategia de infundir confianza.

Periodista: Las aguas bajan turbias. Y, esta vez, no se le puede echar la culpa a la Fed.

Gordon Gekko:
La Fed se ajustó a libreto. No produjo sorpresas.

P.: Salvo el disenso de Thomas Hoenig, el titular de la Fed de Kansas City.

G.G.:
Tiene razón. No estaba en los cálculos pero tampoco altera el panorama.

P.: Sin embargo, Hoenig pone el dedo en la llaga. Cuestiona la conveniencia de mantener las tasas en sus bajísimos niveles actuales por tiempo indeterminado.

G.G.:
Recuerde que la conducción de Ben Bernanke es más abierta que el verticalismo que regía en tiempos de Alan Greenspan. Las discrepancias, ahora, son más frecuentes, pero, en gran medida, porque se ventilan con menos tapujos.

P.: No suponen la inminencia de un cambio en la toma de decisiones.

G.G.:
El consenso -que se puede rastrear por las declaraciones previas de los miembros del Comité de Mercado Abierto- luce abigarrado a favor de preservar el statu quo.

P.: Como sea, ya hay quien rompió la unanimidad. Será más sencillo sumar otras voces más adelante si la recuperación no descarrila.

G.G.:
Póngalo en perspectiva. A fines del año pasado, y de la mano de una inercia favorable de la economía y los activos de riesgo, pensábamos que el mercado iba a incorporar una expectativa de primera suba en la tasa de interés tan pronto como en junio o julio.

P.: Eso insinuaban los contratos de futuros de tasas de interés.

G.G.:
Correcto. Mírelos de nuevo. Esa previsión se corrió hacia fines del presente año. Asoma como probable recién en la reunión de octubre.

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.:
Me cuesta ver un ajuste en 2010. Y con las elecciones de medio término en noviembre, sinceramente, menos que menos creo que ocurra en esa fecha.

P.: En principio, la Fed comunica que la semana próxima desmonta cuatro de las ventanillas especiales de asistencia que tuvo que crear, de urgencia, para enfrentar la crisis.

G.G.:
Así es.

P.: El mensaje es claro. El desguace de las facilidades extraordinarias avanza.

G.G.:
Pero significa menos de lo que parece. Simplemente, estos mecanismos de expansión se reabsorbieron por sí solos. Pacíficamente. Fueron de gran utilidad en el apogeo de la zozobra, pero luego -cuando se estabilizaron los mercados monetarios- revirtieron su curso gradualmente, a medida que ya no eran necesarios. La expansión del crédito primario hace tiempo que no obedece a estos renglones sino a la compra de títulos de largo plazo.

P.: Programa que también se agota.

G.G.:
A fin del trimestre. Como estaba previsto.

P.: No hubo moción para extender su vigencia.

G.G.:
No se sabe. Habrá que leer las minutas de la reunión para confirmarlo.

P.: Finalmente también se cancelan las líneas de canje de divisas con los bancos centrales de más de una docena de países. El anuncio fue una novedad.

G.G.:
Los «swaps cambiarios» fueron una de las herramientas cruciales para evitar una crisis en el mercado de monedas. La Fed llegó a inyectar 600 mil millones de dólares por esta vía para cubrir el descalce cambiario -la dramática escasez de dólares- de la banca internacional.

P.: No es cambio chico.

G.G.:
¿Sabe cuál es su nivel actual de utilización?

P.: Debe ser muy reducido.

G.G.:
1.250 millones de dólares.

P.: Es nada. Entiendo que se le baje la persiana. Se dicta un mensaje alentador. Es un símbolo de que lo peor quedó atrás. Sin embargo, no hay garantías de que no se repita una situación de río revuelto.

G.G.:
En cuyo caso habrá que correr de prisa para reactivar el sistema. Pero, coincido con usted, el mensaje es que la crisis se domó: usted comienza a guardar los aperos. Si quiere ser cínico, puede anotar la discrepancia de Hoenig como parte de la estrategia de infundir confianza.

P.: Finalmente, el Senado votará mañana (por hoy) para decidir la continuidad, o no, de Bernanke al frente de la Fed. Usted es de los que piensan que primará la cordura y que, finalmente, Bernanke logrará asirse a un segundo mandato.

G.G.:
Así es.

P.: ¿Piensa que el Gobierno consiguió los 60 votos favorables que son necesarios para la designación?

G.G.:
Hacen falta 60 votos para desbloquear la votación. Alcanza con 51 sufragios a favor -una mayoría simple- para ratificar a Bernanke. Todo sugiere que la administración consiguió asegurarse los umbrales mínimos.

P.: Habrá que verlo para convencerse.

G.G.:
No lo culpo. Se hizo cuesta arriba.

P.: ¿Cree que la confirmación de Bernanke puede provocar un «rally» de alivio?

G.G.:
Despeja una incertidumbre muy sensible. Le diría que es vital para sortear lo que, caso contrario, sería un chubasco muy feo.

P.: No es la única razón que anida detrás del frente de turbulencias. El giro populista de Obama, las desventuras de la deuda de Grecia, el endurecimiento monetario que promete China.

G.G.:
No hay dudas. Pero es el punto más complicado de la lista. Es capaz, por sí solo, de potenciar los efectos negativos de los tres factores que usted mencionó. Así que es muy oportuno empezar por ahí y darle una solución tajante. Nunca es bueno cambiar de monta a mitad del río. Y tampoco sirve estacionarse ad eternum a la espera de una definición política.

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