23 de marzo 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko de la película «Wall Street» reconoce su preocupación por la resolución de la crisis griega y señala que si persisten las dificultades no quiere pensar lo que será el replanteo de las reglas del euro.

Periodista: Obama se salió con la suya. Consiguió la aprobación de la reforma de la salud.

Gordon Gekko:
Todavía falta dar la última puntada.

P.: ¿Acaso no se pronunció la Cámara de Diputados sobre la versión ya aprobada por el Senado?

G.G.:
Sí, pero hay un puñado de modificaciones -incorporadas en un proyecto vinculado, una «companion bill»- que el Senado sí o sí debe tratar.

P.: ¿Piensa que pueden convertirse en un escollo?

G.G.:
Nancy Pelosi resolvió lo más difícil. Conseguir los votos necesarios dentro del propio bloque demócrata. No los tenía en enero. Y costó muchísimo obtenerlos.

P.: No es la reforma ideal que Obama tenía en mente. Pero es un cambio trascendente, consigue una gran ampliación de la cobertura médica y, sobre todo, representa un claro triunfo político. Obama tuvo éxito en un terreno donde todos los intentos anteriores habían fracasado. Hillary Clinton, el antecedente más fresco.

G.G.:
De acuerdo. Bill Clinton ha dicho que la popularidad de Obama dará un salto de diez puntos con la aprobación de la ley.

P.: La reforma de salud no luce en las encuestas como una iniciativa muy popular. Generó un gran desgaste el año pasado.

G.G.:
El éxito no lastima. Siempre es bienvenido aunque -bien mirado- sea una victoria nominal, con un proyecto diluido. Los costos de la reforma ante la opinión pública ya se pagaron el año pasado; lo que faltaba era recoger el beneficio.

P.: Hay elecciones legislativas en noviembre. ¿Se recomponen las chances del Gobierno?

G.G.:
La gran ventaja del choque frontal que supuso la debacle de Massachusetts -la pérdida de la banca de Ted Kennedy- fue que sonó la voz de alarma con tiempo para montar una reacción. Haber logrado los votos de la Cámara baja es un punto sólido de partida porque señala que Obama dará pelea, no está derrotado, tiene inventiva. Pero, no se engañe, lo decisivo será torcer el rumbo del mercado de trabajo.

P.: Volver a crear empleos.

G.G.:
Es clave. Todavía hay cerca de 15 millones de desocupados. La permanencia en el paro es muchísimo más severa que en el pasado. Promedia 30 meses. Nadie puede discutir técnicamente que la economía está creciendo, que salió de la recesión seis meses después que asumiera Obama. Pero el votante no percibirá la mejoría en su situación personal, no se calmará, hasta que el mercado de trabajo comience a producir empleos en forma.

P.: No basta con que deje de destruirlos.

G.G.:
No. Para que se note el viraje, hay que crear más de cien mil puestos por mes.

P.: ¿Darán los tiempos? ¿Se advertirá el cambio favorable antes de noviembre?

G.G.:
Diría que Obama es un hombre de suerte. Parece tener mejor estrella que Bush padre, quien perdió la reelección en este mismo terreno, por un pequeñísimo desfasaje.

P.: Obama logró lo que parecía muy difícil. En Europa, en cambio, se complica instrumentar el destino de Grecia, un asunto que lucía sencillo y se daba por descontado.

G.G.:
Así es. Son diferentes modalidades.

P.: Tanto se habló de que existía un acuerdo para financiar a Grecia, que nadie pidió copia del texto. Está claro, a esta altura, que no era cierto.

G.G.:
No hay quórum para comprometer recursos.

P.: Alemania no quiere pagar la cuenta del despilfarro de Atenas. La población se opone de forma tajante.

G.G.: Es probable que Merkel haya sido asesorada en contra, por el riesgo de sufrir un cuestionamiento posterior de la Corte Constitucional.

P.: Lejos de conciliarse, las diferencias entre los miembros de la eurozona se ensancharon. Y no alcanza con mandar a Grecia para que lo atienda el FMI. El propio Bundesbank ha dicho que no corresponde. ¿Si no hay préstamos de sus pares de la eurozona y si no es pertinente que acuda al FMI, qué se pretende? ¿No es ahogarla en un vaso de agua?

G.G.:
El camino del FMI estará expedito. Pero Grecia, un problema que se arregla con un sorbo de agua, ha desnudado una tremenda vacilación. Y, de momento, destrozó el eje Berlín-París. Lo sacó del riel. La posición alemana cuestiona, de repente, toda la arquitectura que se levantó a lo largo de un par de décadas de trabajo. Sus consecuencias van más allá de la solución que, tarde o temprano, se le dé a Grecia.

P.: Quien pensaba que el euro era una construcción permanente e irreversible, ahora se enteró que no es necesariamente así. ¿No es una invitación para salir a cazar a los candidatos al despido? ¿Se fracturará el área monetaria en una zona norte y otra sur? ¿Qué se logrará salvar del proyecto de integración?

G.G.:
Hay un hecho evidente: se lesionó el «affectio societatis». Y no creo que haya sido culpa exclusiva de Grecia. Hacerlo público, y que la objeción parta de Alemania, alterará la percepción del euro de raíz. Es abrir una ventana cuando antes se puso todo el énfasis en elevar un muro infranqueable. Entrarán ráfagas de inestabilidad, es inevitable. Y si hay dificultades para manejar la situación de Grecia, no quiero pensar lo que será replantear las reglas del euro.

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