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Diálogos en Wall Street
No hay señales de que la crisis europea haya frenado la recuperación económica de los EE.UU. Más aún, mañana, se espera que se confirme la creación de medio millón de nuevos empleos. ¿Podrá la Fed estar pensando en seguirle los pasos al Banco de Canadá y subir las tasas de interés? Para el especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, un retoque de la política monetaria no tiene motivos ni está en los planes.
Gordon Gekko: Los indicadores son muy robustos. Se temía alguna influencia negativa -sobre todo en el reporte ISM industrial- pero no se verificó.
P.: Con todo, el registro de mayo fue más atenuado que la expansión industrial de abril.
G.G.: Correcto. Pero hay renglones que miran hacia adelante -como la acumulación de pedidos pendientes de entrega o las nuevas órdenes de exportación- que mostraron claros aumentos.
P.: Todas las lecturas -de indicadores tan diversos como la actividad industrial, el gasto de la construcción, las ventas de casas en trámite o las ventas de automóviles- mostraron fortaleza. ¿No es sospechosa tanta uniformidad?
G.G.: La recuperación es un hecho comprobado. Yo no sospecharía de la realidad.
P.: ¿Pero es creíble que la crisis europea no haya provocado ninguna magulladura? ¿Sólo le arruinó el sueño a los inversores de Wall Street? ¿No perjudicó a nadie más?
G.G.: Dele tiempo y verá sus efectos. Que no son tantos como se fantasea pero que tampoco serán nulos.
P.: ¿Cree que el alivio que expresa la Bolsa -el Dow opera con alza superior al 2%- está justificado a carta cabal?
G.G.: El alivio es comprensible. El mundo no se acaba. Sin embargo, pese a la fuerte suba de hoy (por ayer), el Dow cotiza a no más de 450 puntos del nivel que tenía cuando se rumiaba el apocalipsis. No me parece que se haya desbocado.
P.: Me pregunto si los problemas que se anunciaban, la infección de la crisis europea, el riesgo de una recaída, quedaron definitivamente atrás.
G.G.: La Bolsa no dice eso. No lo dice porque tampoco lo sabe.
P.: ¿No se deriva de tamaña reacción?
G.G.: Para nada. Simplemente, la volatilidad diaria es muy alta. La novedad, si se quiere, es que desde la semana pasada, los mercados dejaron de ser un camino de mano única. La volatilidad opera en ambas direcciones. Subas y bajas son fuertes pero tienden a anularse.
P.: No definen un rumbo.
G.G.: No hay convicciones firmes. Por eso tanta obsesión con cada dato que sale a la luz.
P.: El plato fuerte se sirve al final. El informe de empleo será el árbitro decisivo.
G.G.: Como se espera un número vigoroso, es lógico que los mercados tomen una posición acorde. La idea original era que el calendario de indicadores arrancase con algún contratiempo y fuese de menor a mayor. Salvamos la parte que tenía más riesgos de mostrar debilidad y ahora hay que recibir la noticia de la creación, quizá, de medio millón de puestos netos de trabajo.
P.: De los cuales más de 300 mil serán contratos temporarios ligados a la realización del Censo de Población.
G.G.: Eso se espera. No está mal. La economía que destruyó más de 8 millones de empleos en 2008 y 2009, cambió de tendencia de manera clara en 2010. Será el quinto mes, en cinco meses computados, en que se sumaron puestos de trabajo. El primer millón de empleos que se recupera.
P.: La mitad serán temporarios. Cuando finalice el Censo volverán a escabullirse.
G.G.: Le diría que resultaron muy oportunos. Pero el punto de giro es indiscutible. Otra sería la visión sobre la crisis europea si hubiera tomado a los EE.UU. con el mercado de trabajo en fase de contracción.
P.: Piensa que con un espaldarazo del mercado laboral, Wall Street puede ensayar un avance más ambicioso. Digamos, ¿retomará la senda del rally que tuvo que abandonar cuando arreciaron los cortocircuitos de Europa?
G.G.: Yo pienso en un mercado lateral. Quizás ya hayamos probado el «piso» del rango y ahora nos tocará corroborar hasta dónde se puede estirar una suba. Pero no creo que haya convicción suficiente para pensar en una agenda que ataque con éxito nuevas alturas. Estas convulsiones dejan huella. La crisis europea sembró muchos interrogantes que son válidos y que habrá que contestar de manera fehaciente antes de abrir otro capítulo festivo.
P.: Canadá fue el primer país del Grupo de los 7 que decidió elevar sus tasas de interés. Las ajustó un cuarto de punto esta semana pese a la situación crítica de Europa. ¿Cree que la Fed estará pensando en seguirle los pasos pronto?
G.G.: Olvídese. Ni Europa va a descarrilar la recuperación de los EE.UU., a menos que la crisis supere en mucho su actual voltaje; ni la Fed se va a ofrecer como voluntaria para inyectar incertidumbre en un tema tan urticante. Si lo escuchó a Charles Plosser, el titular de la Fed de Filadelfia, o a Charles Evans, de la Fed de Chicago, le habrá llegado el mensaje: la situación europea justifica tomarse más tiempo de estudio antes de introducir cualquier modificación en la política monetaria.
P.: Para Canadá no fue un obstáculo.
G.G.: Canadá creció el 6,1% el último trimestre, creó más puestos de trabajo que nunca desde 1976 y sus bancos atravesaron el temporal sin ningún rasguño. Son tres muy buenas razones para trazar una diferencia. Y, aun así, el Banco de Canadá dejó en claro que no hay que descontar que habrá una seguidilla de nuevos aumentos. De hecho, el Banco de la Reserva de Australia, el más activo de todos los bancos centrales de los países desarrollados, esta vez, prefirió hacer una pausa, después de seis retoques. No hay un criterio único. Y, a decir verdad, con una inflación subyacente rayana en cero, no hay ningún motivo para que la Fed ensaye un cambio de libreto.

