17 de agosto 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Los sueños de la Bolsa de protagonizar un rally de verano quedaron truncos. Pero así como hay un mercado lateral e indeciso en las acciones, existe un rally furibundo en los bonos. ¿Hasta dónde llegará la poda de tasas de largo plazo? Para Gordon Gekko -la máscara que utiliza un veterano experto de los mercados internacionales-, la baja todavía tiene recorrido por delante.



Periodista: Las pretensiones de la Bolsa se llamaron a sosiego. Las ínfulas de un rally de verano -como siempre, una embestida a contrapierna que se potencia por lo magro del volumen- no prosperaron. La realidad les puso paños fríos.

Gordon Gekko: Falló la coartada, no se logró reunir ni siquiera un par de indicadores decentes que sugiriesen un repunte de la actividad.

P.: La economía está débil y se debilita aún más. Dista de ser el guión propicio para alentar una suba de la Bolsa. Todo lo contrario. ¿No se avecina un nuevo chapuzón?

G.G.: El avance que comenzó en julio, y desplegó un alza de más de mil puntos en el Dow Jones, se quedó sin hilo en el carretel. Trepó como un barrilete, liviano de estructura, sin muchas razones de peso, pero supo sacar provecho de los cambios de viento. Ayudaron los buenos balances de las empresas. Y, sobre todo, la fronda que soplaba de Europa que cambió de dirección y se tornó una brisa favorable.

P.: La Bolsa, ¿no terminará como el dirigible Zeppelin? Hay quienes mencionan un ignoto efecto Hindenburg. Y vaticinan una catástrofe en setiembre.

G.G.: Tuvimos el «flash crash» en mayo, y esa súbita descompensación -que llevó a que el Dow Jones perdiera casi mil puntos en tiempo récord, en apenas media rueda- podría volver a repetirse. Si de hecho no sabemos, de manera convincente, por qué ocurrió...

P.: Por fortuna, fue fugaz.

G.G.: Carente de argumentos, basado en un mero cortocircuito de desconfianzas que se probaron infundadas con similar celeridad, fue fugaz y reversible. En ese marco, donde hay erosión, pero mucha más incertidumbre que daño comprobado, nada encaja mejor que lo que bautizamos como el mercado lateral. Un rango de precios con pisos y techos que se respetan, aunque sólo sean dos líneas imaginarias en la arena. El rango es amplio y mientras la economía no se defina, hay libertad de movimientos, y espacio suficiente, para acomodar altibajos, generar módicas zozobras y alegrías y, en definitiva, para matar el tiempo.

P.: La apuesta por una recuperación más rápida de la economía se dilata. La apuesta por un empujón adicional de la Fed tuvo un pequeño premio la semana que pasó, pero queda claro que no provee la misma propulsión que una recomposición genuina del nivel de actividad.

G.G.: Existe un mercado lateral en las Bolsas, pero un rally furibundo en los mercados de renta fija.

P.: Los bonos vuelan. Y los flujos de recursos -cuando se examinan los fondos comunes de inversión en los EE.UU.- trazan una estela persistente: emigran de los fondos de acciones (y de money market) y se refugian cada vez más en los fondos de renta fija.

G.G.: Todas las tasas bajan. En todos los plazos. Títulos públicos y privados. Incluyendo las emisiones de baja calidad. La Fed todavía no reinvirtió un solo dólar de las amortizaciones de capital que recibe por sus enormes tenencias de bonos en cartera, y toda la curva de rendimientos se precipitó en baja.

P.: La tasa del bono del Tesoro a 10 años hoy (por ayer) llegó a tocar el 2,57%. Bajó casi medio punto desde fines de julio.

G.G.: Es lo que la Fed promueve con su política.

P.: ¿Hasta dónde llegará?

G.G.: La Fed comenzará a comprar bonos mañana (por hoy). Arrancará con notas del Tesoro en el espectro de los 4 a 6 años al vencimiento. El jueves irá más largo. Barrerá el segmento de los 6 años a 10.

P.: No comprará bonos de 30 años.

G.G.: La Fed de Nueva York ya dijo que no. Y no sobrepasará con sus adquisiciones una tenencia mayor al 35% de cualquier emisión.

P.: ¿Hasta dónde llegará la poda de las tasas de largo plazo?

G.G.: Los mercados se anticipan. El grueso del ajuste debería producirse de manera frontal. Será bueno comprobar cuánto más puede obtenerse con las subastas.

P.: La tasa de diez años orillaba los niveles actuales en marzo de 2009 cuando todavía la economía mundial no había zafado de la recesión.

G.G.: Así es.

P.: Y, es obvio que quebrar el umbral del 2,50% está demasiado a tiro como para juzgarlo un imposible. De ocurrir, hay que remontarse a enero de 2009 para encontrar similares valores. En ese entonces, la vorágine provocada por Lehman Brothers no había amainado.

G.G.: No se sabía, por ejemplo, si EE.UU. no tendría que recurrir a la nacionalización de la banca para contener el temporal.

P.: Hoy no estamos tan mal. ¿O me equivoco?

G.G.: Estamos mucho mejor.

P.: Pero tenemos las mismas tasas de interés. ¿Cómo se entiende? ¿Estamos bien, pero vamos muy mal?

G.G.: Las tasas largas fueron aún más bajas. Y el piso lo marcó precisamente el anuncio de que la Fed estrenaba la política de expansión cuantitativa.

P.: Cuando dijo por primera vez que se metía de lleno en la compra masiva de bonos de largo plazo. A fines de 2008.

G.G.: Tal cual. De hecho, el colapso de Lehman no generó ningún colapso en paralelo de las tasas de largo plazo. El shock deflacionario era evidente, pero mucha gente pensaba que la situación podía virar hacia un fogonazo inflacionario. Aun a fines de octubre de 2008, un mes después del derrumbe del banco de inversión, la tasa de diez años rozó el 4%. Fue la Fed, con la expansión cuantitativa, con su mero anuncio, y mucho antes de su ejecución, la que gatilló el descenso abrupto, contundente, de las tasas largas.

P.: ¿Piensa que volveremos a visitar los valores más bajos?

G.G.: ¿Todo un viaje al entorno del 2%? ¿Sin escalas? No. Si la Fed se limita a reponer el capital de los bonos que vencen en su cartera, luce demasiado ambicioso.

P.: ¿Si la economía no repunta y se precipita de nuevo a una recesión?

G.G.: Ésa es fácil: lo pasaremos como poste. Si vamos a reeditar Japón, recuerde que allí la tasa de diez años llegó a ser del 0,5%. Pero es un caso extremo. Hoy EE.UU. no está en el mismo brete. Más bien, a diferencia de lo que le pasó a Japón, logró instalar una recuperación que tiene problemas pero que existe y da pelea. Sin un agujero negro en la banca, es mucho más probable que se estabilice a que zozobre. Y el rally de los bonos -y, su compañero en la Bolsa, el mercado lateral- revertirá su curso por completo no bien adviertan que ello va camino a lograrse.