19 de agosto 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Periodista: Los roles cambiaron. Lo usual es que las acciones marquen el rumbo. Pero, en estos tiempos difíciles, el mercado de bonos se convirtió en el protagonista estelar. Y no son sólo las adquisiciones de la Fed. China también arma revuelo con su política de compras.

Gordon Gekko:
Los chinos arrastran el problema de siempre: cómo diversificar su cartera de reservas internacionales.

P.: La crisis global les pone más presión.

G.G.:
Tornó más evidentes las fragilidades de las alternativas a mano. Aunque, por otra parte, redujo el superávit de cuenta corriente chino en casi el 40% desde los máximos de 2008.

P.: El crecimiento de las reservas sigue siendo sideral.

G.G.:
Unos 300 mil millones de dólares al año. Dólar más, dólar menos.

P.: No debe ser fácil asignarlo y dormir tranquilo por las noches.

G.G.:
No, pero el menú verdaderamente disponible para China es limitado. Las innovaciones más agresivas que se intentaron no han sido muy exitosas. La toma de participaciones accionarias en compañías de private equity, por caso, un año antes de que estallara la crisis internacional, es un ejemplo cabal. No es una idea descabellada, y le permitirá a China acceder a un know how valioso, pero el momento escogido no pudo ser peor.

P.: La paciencia china es proverbial. Aunque, toda la actividad reciente, lo que uno lee y escucha, se focaliza en el terreno tradicional. Renta fija. Instrumentos soberanos.

G.G.:
Para un inversor del tamaño de China, le decía, el menú asequible es restringido. Tiene que diversificar en el margen. China es un elefante que no entra en cualquier bazar. Necesita mercados muy líquidos. Y, cuando con mucha sutileza penetra en una plaza de mediano porte, la desproporción es evidente entre el desparramo que ocasiona su compra y lo que, en definitiva, representa en el total de la cartera.

P.: Se refiere a la flamante compra de bonos coreanos.

G.G.:
Es un botón de muestra. China duplicó sus tenencias de deuda de Corea del Sur en la primera mitad del año. Pese a su notable sigilo, contra su voluntad, impulsó un rally vertiginoso. Y, cuando uno hace los números y repara en que el portafolio que China debe administrar ya alcanza a los 2,45 billones de dólares, se da cuenta que la posición acumulada apenas supera el 0,1% de las reservas.

P.: China redujo, por segundo mes consecutivo, su exposición en bonos del Tesoro de los EE.UU. Recortó un 6% las tenencias en la primera mitad de 2010. ¿Una señal de un cambio de estrategia, que se podría profundizar peligrosamente?

G.G.:
Espere a la revisión anual de los movimientos de capitales que hace el Tesoro de los EE.UU. antes de pronunciarse. El año pasado, los informes mensuales también mostraban una merma, que se revirtió cuando se publicaron las cifras depuradas. China, finalmente, no podó, sino que incrementó su cartera.

P.: ¿No la inspira una intención de tomar distancia de los bonos de EE.UU. y de Europa a favor de las economías más dinámicas de Asia?

G.G.:
La intención existe. Incluye también la voluntad de rebalancear la exposición en divisas hacia las monedas de economías emergentes. Pero, por empezar, los mercados de deuda soberana no son muy grandes en Asia.

P.: Japón es la excepción. Claro que no es un ejemplo de dinamismo.

G.G.:
Ni de finanzas equilibradas.

P.: Lo que, tengo entendido, no fue obstáculo para que China pisara fuerte.

G.G.:
Tal cual. Pero observe la apreciación del yen japonés frente a las divisas principales. China hizo compras agresivas. Tenga presente que la deuda japonesa se arrima ya a casi dos veces el producto bruto, y, este año, las nuevas emisiones alcanzarán al 9% del producto bruto.

P.: O sea, se trata de un mercado de bonos muy profundo.

G.G.:
Como no hay otro, salvo el de los EE.UU. Y, sin embargo, fíjese la dificultad para acomodar las necesidades de inversión de China. Toda la curva de rendimientos, hasta el plazo de 10 años inclusive, se ubica por debajo del 1% anual.

P.: Es increíble.

G.G.:
La parte más corta de la curva rinde bien por debajo del 0,25% hasta que se aproxima a los 5 años. La tasa a 5 años es el 0,27%. La tasa a 10 años es el 0,92%.

P.: Ya se le exprimió todo el jugo.

G.G.:
A decir verdad, la tasa a 10 años récord -por lo baja- fue el 0,44%.

P.: Queda la expectativa de obtener una ganancia de capital por la vía de una apreciación del yen.

G.G.:
Que ya se está produciendo a paso acelerado. Y que va a contramano de lo que necesita la economía de Japón.

P.: Sin duda. Pese a ello hay quienes apuestan a que el yen batirá su récord frente al dólar. Su nivel más fuerte, en abril de 1995, fue la célebre paridad de 79,95 yenes por dólar. No estamos tan lejos: 85,35.

G.G.:
El inefable Mr. Yen, Eusuki Sakakibara, ex funcionario y oráculo vigente, cree que es factible cruzar el umbral antes de fin de año.

P.: ¿Y qué hará China? ¿Seguirá comprando? ¿O volverá al redil del dólar?

G.G.:
Está claro que no puede alejarse del todo. Está atrapado. O bien se gasta el superávit. O deberá colocar buena parte de los fondos, tarde o temprano, en las aplicaciones de siempre.

P.: La Fed estrenó la segunda ronda de compra de bonos del Tesoro. Los títulos subieron fuerte con el anuncio de la medida. La compra en sí misma no aportó mucho. Los bonos bajaron.

G.G.:
No leería demasiado de los avatares del día a día.

P.: Uno observa los bajos rendimientos de Japón y, contra toda intuición, descubre que todavía hay margen para que desciendan en los EE.UU.

G.G.:
Bastaría con constatar que la economía se arruina para tener otro zarpazo. Y, contrario sensu, el rally de los bonos no sobrevivirá un solo minuto ante una señal creíble de fortaleza en el nivel de actividad. Allí el protagonismo volvería, en el acto, hacia la Bolsa.

P.: Y la Bolsa se sostiene pese al aguacero de los indicadores.

G.G.:
No hay mejor razón. Más trepan los bonos, más se relame. Ya tiene el obús, sólo le falta la munición.