26 de agosto 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

ä No es una grieta sino un cráter de ventas. Otra vez los inmuebles aportan malas noticias. ¿La recesión toca a la puerta? Quien siempre atiende, la Bolsa, no acusa recibo. Para el experto en finanzas internacionales que se presenta como Gordon Gekko, un traspié a dos bandas -en los mercados de trabajo y de vivienda- sería un cóctel funesto para la recuperación. Pero de darse, la Bolsa avisará primero perforando los pisos del mercado lateral que rige desde mayo.

Periodista: El mercado hace malabares, pero la economía de los EE.UU. no ayuda...

Gordon Gekko:
La coyuntura va de mal en peor. Solo que, últimamente, lo hace más de prisa.

P.: El mercado inmobiliario se agrietó de nuevo.

G.G.:
Ojalá. Diría más bien que se abrió un cráter a sus pies.

P.: Las ventas se hallan por debajo de los niveles mínimos que se registraron en lo peor de la crisis.

G.G.:
Colapsaron. En todos los frentes: no importa si mira las casas usadas o a estrenar.

P.: Está claro que la expiración del crédito fiscal para la compra de vivienda magnifica la reacción adversa.

G.G.:
No hay duda.

P.: Cabe esperar un rebote.

G.G.:
De acuerdo. Sin embargo, el aporte reciente del estímulo no fue tan potente como la caída vertical de julio. Sinceramente no luce alentador.

P.: Las ventas se desplomaron pero los precios pagados subieron...

G.G.:
Nunca se sabe con precisión porque las casas vendidas en junio y las de julio no son las mismas. Usted, en verdad, compara peras con manzanas. Pero hecha la salvedad, cuando se mide julio contra junio, se detecta una leve caída.

P.: ¿Cree que vamos camino a una renovada zozobra en el mercado inmobiliario?

G.G.:
Veo un repliegue, un escenario negativo, pero nada indica que no pueda ser prolijo. Hay que descartar, eso sí, el escenario conservador de una meseta de ventas a los niveles promedio de los últimos seis meses. En todo caso, cuando el volumen se estabilice, será en un escalón inferior de transacciones.

P.: ¿Y los precios?

G.G.:
Van a descremar de nuevo. Será difícil mantener las subas de precios más recientes. Los excesos de inventarios en oferta son muy grandes. Y, a esta altura, cabe pensar que las ventas serán más débiles de lo que se esperaba.

P.: No vislumbra un derrumbe de precios.

G.G.:
No un derrumbe, pero un declive del 3% o el 5%, sí.

P.: El derrumbe podría sobrevenir después...

G.G.:
Todo es posible. Pero tampoco olvide que ya corrió mucha agua bajo el puente. Y el mercado inmobiliario no sólo ajusta por precios. Se construye menos, se frenan los proyectos.

P.: La baja de las tasas largas, ¿no dará una mano?

G.G.:
Las tasas largas están cayendo desde abril. No digo que no ayuden, pero está visto que, si suavizan la dinámica, no logran contenerla. Es cierto que el umbral mínimo de ingresos necesarios para acceder a la vivienda propia, a través de una hipoteca convencional, es cada vez más bajo.

P.: Y una hipoteca a 30 años a tasa fija se obtiene -promedio- al 4,50% anual.

G.G.:
Declinó un punto completo desde abril.

P.: No es poco. Una merma tan agresiva impulsará una oleada de refinanciaciones. También acercará nuevos compradores.

G.G.:
Es un elemento estabilizador. Sin discusión. Pero, a la par, se nubló el mercado laboral. Un talón vulnerable. Muchos candidatos preferirán esperar a que las condiciones laborales mejoren o se asienten antes de tomar una decisión.

P.: Fue el mercado inmobiliario el que provocó la recesión original. Un segundo remezón... ¿puede gatillar la recaída?

G.G.:
Como están las cosas, con la inercia de la recuperación perdiendo fuerza aceleradamente, alcanza y sobra. La combinación de un traspié en el mercado laboral, que es lo que sugieren las últimas lecturas de los subsidios de desempleo, y una retracción de precios en el mercado de la vivienda, es un cóctel muy, muy peligroso. Funesto para la recuperación.

P.: No hay recesión sin que antes se instale un mercado «bear» (bajista) en la Bolsa.

G.G.:
No es una ley de hierro, de cumplimiento inexorable a priori, pero sí una regularidad tenaz.

P.: Los mercados son todavía reacios a comprar la idea de una recesión en puerta.

G.G.:
Tanto que no lo han hecho.

P.: La evaluaron en mayo y junio pero después la desecharon. Y, a pesar de los malos indicadores en cadena, la Bolsa se mantiene de pie.

G.G.:
No se pronunció sobre la cuestión de fondo. Lateraliza. Recoge, mientras tanto, la evidencia que se va acumulando. Por eso desarma posiciones. Dos semanas atrás, recuerde, la impulsaba la intención de lanzar un rally de verano.

P.: Parece mentira.

G.G.:
Son los gajes del oficio. No es fácil asir la realidad cuando es tan resbaladiza. Aun para la Bolsa, que tiene una mirada penetrante, el horizonte es demasiado borroso.

P.: ¿Hasta dónde no influye el fuerte recorte de las tasas de interés?

G.G.:
La baja de tasas de interés es más efectiva en este terreno que en el mercado inmobiliario. Aquí uno percibe el efecto de contención.

P.: ¿Estará distraída la Bolsa por las bajas tasas y no anticipará la recesión hasta que sea demasiado tarde?

G.G.:
No lo creo.

P.: Si hay recesión, la Bolsa se hundirá primero.

G.G.:
En julio estuvo a tiro del mercado «bear», a menos del 4%, pero no se atrevió a cruzar la frontera. Si olfatea problemas serios, quebrará los pisos del mercado lateral como una exhalación. Sin pedir permiso.