- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
Las minutas de la Reserva Federal, de su última reunión en septiembre, trajeron calma después de las dudas que se sembraron acerca de la fase II del estímulo monetario. El periodista conversa con Gordon Gekko, seudónimo de un veterano especialista en mercados de capitales internacionales, quien no tiene muchas dudas sobre la voluntad de retomar el aliento en la próxima reunión de noviembre. Pero entiende que quizás los mercados estén descontando mucho más apoyo que el que la Fed esté dispuesto a volcar de movida.
Gordon Gekko: Hubo declaraciones que sembraron la sospecha, no sobre el compromiso en sí mismo, sino acerca de su verdadera envergadura.
P.: Un punto muy sensible.
G.G.: Cómo negarlo.
P.: Existe el riesgo de que los mercados hayan incorporado a sus precios mucho más estímulo que el que la Fed está dispuesta a inyectar en noviembre.
G.G.: Una cifra de compras de bonos del Tesoro inferior a un billón de dólares ya no puede leerse como una buena noticia.
P.: ¿Se queda corta?
G.G.: Muy probablemente.
P.: James Bullard, el titular de la Fed de St. Louis, el último viernes abrió el paraguas.
G.G.: Bullard y también Janet Yellen, la flamante número dos de la Fed, quien habló el lunes, y en su primera alocución en sus nuevas funciones subrayó los riesgos inherentes a una política de tasas bajas.
P.: Quién lo hubiera dicho de Yellen. Siempre se la rotuló como una paloma.
G.G.: No hay razones para cambiarle la carátula. No se opone ni será un obstáculo para retomar el aliento. Ello no impide que reconozca las contraindicaciones de la decisión.
P.: Bullard fue más ácido.
G.G.: Definitivamente.
P.: Aunque, a la hora de emitir su voto, Bullard se encolumna detrás de Ben Bernanke, el mandamás de la Fed. Aun en los temas en los que no está de acuerdo como la promesa de mantener las tasas muy bajas por tiempo extendido.
G.G.: Sabemos además que Bullard sí está conforme en proceder con la compra de bonos del Tesoro.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: Lo que dijo fue que no había que pensar que la reunión de noviembre tuviera ya una decisión tomada. Anticipó una discusión áspera.
P.: Ya lo había advertido Richard Fisher, de la Fed de Dallas.
G.G.: Fisher es contrario a incrementar el estímulo. Como Thomas Hoenig, de la Fed de Kansas City, quien tiene voz y voto, y los usará para oponerse. Lo interesante de Bullard es que dio un panorama más allá de sus preferencias personales.
P.: No garantizó que la Fed resolviera la cuestión en su cónclave del 2 y 3 de noviembre.
G.G.: Dijo que la decisión de comprar bonos podía pasar a diciembre.
P.: De ahí las dudas que brotaron los últimos días. ¿Usted que cree?
G.G.: Usted conoce mi posición. Espere el anuncio de una nueva fase expansiva el 3 de noviembre.
P.: Salvo que la economía repunte.
G.G.: No hay mucho margen para las sorpresas.
P.: La inflación importa de nuevo. Y esta semana conoceremos las lecturas de septiembre.
G.G.: Desde abril tenemos registros bajos y estables. Esa dinámica es, precisamente, la que reinstaló la noción de que hay que redoblar el estímulo.
P.: La inflación permanecerá estable pero las expectativas de inflación se alteraron. Subieron sustancialmente desde la última reunión de la Fed. Medidas a través del mercado de bonos, la tasa implícita a diez años ya araña el 2% anual.
G.G.: Trepó medio punto.
P.: ¿No será un argumento válido para demorar cualquier decisión agresiva?
G.G.: Cancele todo indicio de expansión monetaria, y verá cómo se derrumba en el acto.
P.: La Fed quedó prisionera en la telaraña de su propia urdimbre.
G.G.: Todo lo contrario. En su último comunicado, aclaró que procuraría elevar la inflación actual a una tasa compatible con su objetivo dual, de pleno empleo y estabilidad de precios. La idea de apelar a la compra de bonos del Tesoro es, precisamente, la de fogonear las expectativas de inflación ya que se ubican en un umbral demasiado bajo. Como ve, la estrategia está funcionando. No creo que la Fed se inquiete mientras permanezcan debajo del 2,5%.
P.: ¿Habrá leído las minutas de la reunión de la Fed del 21 de septiembre? Acaban de salir a la luz pública. Y se nota cierto alivio.
G.G.: No se apartan mucho de lo que cuento. Con tasas de interés nominales en cero, el aumento de las expectativas de inflación equivale a una reducción de las tasas reales de interés. Es un estímulo a la demanda agregada, que las minutas ponderan.
P.: Pareciera que las minutas dan vía libre a la compra de bonos en noviembre. Su difusión sirvió para mitigar los interrogantes que sembraron Bullard y Yellen.
G.G.: ¿Cómo puede ser? Las minutas son de septiembre.
Las declaraciones que comentamos son más recientes. Las minutas sostienen lo que ya sabíamos: hay un abanico de posiciones diversas en el seno de la Fed. Lo importante es que Bernanke pudo uniformar ese arco disperso -en una votación 8 a 1- detrás de un comunicado que le abre las puertas a la compra masiva de bonos. Es más, la Fed ya cubrió dos de las tres vacantes de la Junta de Gobernadores. Se sumaron dos mujeres, Yellen y Bloom Raskin, y, en términos del balance de poder, son presumiblemente dos votos más a favor de lo que impulse Bernanke.
P.: La tercera vacante correspondía a un candidato que los republicanos rechazaron por falta de credenciales. Peter Diamond, el flamante premio Nobel de Economía.
G.G.: Créase o no. El presidente Obama lo volvió a ratificar. Pero no votará en noviembre.
P.: Será Bernanke quién defina.
G.G.: Seguro. Y, como dije, ya mostró su intención. Así que no creo que haya sorpresas por ese lado. El problema es otro.
P.: El monto de la operación.
G.G.: Tal cual. Y cómo se ejecutará. No estoy muy seguro de que se repetirá la modalidad original.
P.: Estas sutilezas, a esta altura, son todo. Una cifra demasiado pequeña puede obligar a revisar dramáticamente las subas en los mercados de activos de riesgo.
G.G.: No es el negocio de la Fed el de provocar perturbaciones. Así que se manejará con cuidado y con mucho énfasis en una comunicación clara. Esto que le digo es de mi propia cosecha y no de la Fed: pienso que si se anuncia un monto importante -como si se tratara de la autorización de un programa de colocación de deuda a plazo (a la manera de un programa MTN)- que haga las veces de un tope global y luego se procede a comprar en tramos, en función de los avatares que presente el ritmo de actividad y la inflación, podríamos tener una salida elegante, que atienda tanto a las objeciones dentro de la Fed como a las expectativas efervescentes que abriga el mercado.

