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Diálogos en Wall Street
Se perfila un nuevo paquete fiscal de estímulo. Tal el resultado del acuerdo entre el presidente Obama y la oposición republicana. Se prorrogan los recortes impositivos de los tiempos de Bush y se suman otros que impulsa Obama para darle más dinamismo a la economía. Para el analista de mercados financieros, que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el saldo es fácil de definir: hay que elevar la expectativa de crecimiento, y también las estimaciones de déficit fiscal, para 2011.
Gordon Gekko: Es el paso previo. Lo que se concretó es un principio de acuerdo con la oposición.
P.: Los republicanos también consiguieron lo que buscaban. O sea la extensión de los recortes impositivos que había establecido el ex presidente Bush Jr. (en 2001 y 2003) y que vencían a fin de año.
G.G.: Se prorrogarán por dos años para todos los niveles de ingresos.
P.: Los demócratas querían exceptuar al 2% de la población de mayores recursos. Y canalizar esa recaudación hacia iniciativas de aliento más eficaces para reactivar la economía.
G.G.: Era un callejón sin salida. El presidente prefirió una solución rápida y ahorrarse el desgaste de una disputa que podía llevar al cierre temporario del Gobierno. Es una solución que involucra mutuas concesiones. Lo que resta ahora es que Obama convenza a sus propios partidarios de la conveniencia del acuerdo.
P.: Supongo que el mantenimiento de las menores alícuotas del Impuesto a las Ganancias no será una sorpresa. Pero camuflados en la prórroga hay un conjunto de anuncios que no estaban en los cálculos. Obama, por ejemplo, logró que los pagos de beneficios por desempleo se prolonguen trece meses más.
G.G.: Como usted dijo, es una nueva fuente de aliento fiscal que no figuraba en los planes.
P.: También hay una reducción de los impuestos al trabajo, ¿o me equivoco?
G.G.: Por un año los aportes personales a la Seguridad Social bajarán del 6,2% al 4,2%. La contribución del empleador no sufrirá cambios.
P.: La preocupación central del Gobierno pasa por la creación de empleos y por apuntalar el consumo.
G.G.: Es difícil ver cómo su suerte puede cambiar en las urnas, tras la paliza que sufrió en noviembre, si antes no cambia la temperatura del mercado de trabajo. Pero también hay medidas diseñadas para darle impulso a la inversión.
P.: No se toca la alícuota del 15% sobre las ganancias de capital.
G.G.: Queda fija por dos años. Eso forma parte del paquete republicano. Pero Obama obtuvo la venia para la amortización acelerada del 100% de los gastos de inversión en equipo durante todo el año próximo.
P.: Es más estímulo, pero también supone más déficit fiscal.
G.G.: Habrá que corregir ambos renglones: la expectativa de crecimiento y la del rojo de las cuentas públicas. En los hechos, nadie podía dudar de que los recortes impositivos se iban a extender. Lo novedoso es todo lo demás. No era imaginable que los beneficios de desempleo pudieron alargarse más de un trimestre (habían vencido en noviembre). Y poder conseguir aun esa pequeña extensión era materia debatible.
P.: La Bolsa trepó levemente. El bono largo cayó y las tasas volvieron a empinarse. El rendimiento a diez años ya sobrepasa, con holgura, el 3%: ayer tocó el 3,18%. ¿No se está evaporando, paso a paso, el estímulo que aportó el QE2?
G.G.: La suba de las tasas largas reduce el estímulo neto. No tengo dudas. En la medida que sea la contrapartida de una mayor expectativa de crecimiento, no hay motivo de queja.
P.: Pero si lo que refleja es un aumento de la prima de riesgo, esa cuña no puede ser bienvenida.
G.G.: De acuerdo.
P.: En su momento, la agencia Moodys expresó sus temores por la preservación de la rebaja impositiva. Dijo que podía afectar las finanzas públicas de una manera tal que obligara a un recorte de la calificación crediticia de los EE.UU. ¿No es el tipo de escozor que muestra el mercado de bonos del Tesoro, aun sabiendo que la Fed será un comprador en firme de aquí hasta junio?
G.G.: En rigor, Moodys no veía cambios en la calificación en los dos próximos años. No tiene grandes objeciones con la prórroga del régimen hasta 2012. Lo que sí dañaría su percepción es que se pretenda transformar las alícuotas actuales en permanentes.
P.: Lo que no se sabrá hasta que llegue 2012 y se vea la reacción de la política. Si los republicanos vencen en las urnas será difícil que abandonen esta bandera.
G.G.: Falta una eternidad para poder contestar ese interrogante de manera fehaciente. Dependerá de cómo llegue la economía a esa instancia. Y también el mercado de bonos.
P.: El Gobierno también anunció que terminó de vender sus tenencias accionarias en Citigroup...
G.G.: Superpuso los anuncios. Si me pregunta, no fue casual. El mensaje subyacente es que su injerencia, siendo excesiva (y molesta para buena parte de la ciudadanía, ni qué decir para los adherentes del Tea Party) puede terminar bien, hasta con ganancias para el contribuyente.
P.: Irlanda sucumbió en el intento de rescatar a su banca. EE.UU., por lo visto, lo piloteó mucho mejor. No sólo estabilizó a un sistema financiero que se juzgaba insolvente (allá por fines de 2008/principios de 2009) sino que ahora puede retirarse y llevarse una pingüe ganancia bajo el brazo.
G.G.: Las estimaciones sobre cuánto costará el TARP (el programa que tuvo a su cargo el salvataje a la banca y otras tareas de urgencia de diverso pelaje) son cada vez menores. No se llegaron a desembolsar nunca los 700 mil millones de dólares que aprobó el Congreso, pero las primeras proyecciones suponían un costo fiscal del orden de los 300 mil millones de dólares. Esa cifra cae sistemáticamente. La última estimación disponible ascendía a apenas 25 mil millones de dólares. Y esta última transacción del Citi achicará la cifra en otros 2.000/2.500 millones.


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