24 de diciembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Europa salió del radar de lo urgente, pero no por eso soluciona sus problemas. Una catarata de rebajas crediticias lo recuerda permanentemente. La última reunión del Concejo Europeo, en la visión del especialista en finanzas que se escuda en el seudónimo de Gordon Gekko, sólo aportó más de lo mismo. Grandes anuncios para ser implementados recién en 2013 y, en lo inmediato, la promesa vaga de otra tanda de exámenes de estrés bancario.

Periodista: No son buenas las noticias que llegan de Europa. Pero no por ello tornan menos placentera la navegación. Wall Street sube paso a paso. Y las Bolsas europeas no se quedan atrás.

Gordon Gekko: Es notable. Mire Madrid: el rally pre-Navidad le sumó un 9% a las cotizaciones del Ibex.

P.: La ofensiva no se suspende por mal tiempo.

G.G.: Está visto que no.

P.: Sin embargo, cuando uno mira los mercados de bonos europeos se los advierte pesados.

G.G.: Las noticias no son de las mejores. Cuando no hay una rebaja de calificación crediticia de Irlanda, de varios escalones, viene Hungría.

P.: Que quedó al borde de la categoría «basura».

G.G.: La agencia Fitch la redujo al nivel de Triple B-. Todavía es grado de inversión, pero está justo en el límite inferior.

P.: Y trascartón, hoy (por ayer) le tocó el turno a Portugal.

G.G.: También por obra y gracia de Fitch. La bajó un peldaño y la colocó en la categoría A+.

P.: De momento, pero puede haber novedades ulteriores.

G.G.: Desagradables. Así es. El panorama del rating sigue siendo negativo.

P.: ¿Razones?

G.G.: El deterioro del horizonte económico de corto plazo. Y las condiciones cada vez más dificultosas para obtener financiamiento. La agencia espera que Portugal caiga nuevamente en recesión el año próximo. No le será sencillo ordenar el déficit de las cuentas públicas, como se ha comprometido. Y la confianza se resentirá aún más.

P.: La crisis europea salió del radar de lo urgente. No obstante, la situación es como un pantano que se profundiza.

G.G.: Los que cayeron allí no zafan, sino que se hunden más.

P.: Y no se hace mucho para vallar la zona. Ni para evitar nuevas víctimas. ¿En qué terminó la reunión del Consejo Europeo de la semana pasada?

G.G.: La novedad más importante fue la sanción del Mecanismo Europeo de Estabilización, que será el régimen permanente de resolución de crisis y que sustituirá a la actual Facilidad Europea de Estabilidad Financiera.

P.: Los nombres impresionan. Aunque son todos muy parecidos. Y más allá de la pompa, nadie sabe cuán eficaces son. De hecho, no han secado el pantano, ni han impedido que se extienda, ni contienen la oleada de pesimismo que trasunta la poda constante de las calificaciones de crédito.

G.G.: Esta es la criatura dilecta de la premier alemana, Angela Merkel.

P.: Lo que primero se llamaba, sin tantas vueltas, Mecanismo de Reestructuración de Deudas.

G.G.: Tal cual. Es una versión más pulida.

P.: Que regirá recién a mediados de 2013.

G.G.: Eso se dice.

P.: Quizás a esa fecha el mecanismo sea superfluo. O redundante. Nadie sabe muy bien cómo se resolverá 2011.

G.G.: Como pintan las cosas, será todo un desafío. Estoy con usted, habrá que arrimar mecanismos que tendrán que ser utilizados a más tardar en tres o cuatro meses. Y eso en un escenario optimista.

P.: Es increíble. La crisis se frena y se frenan también todas las iniciativas concretas de contención. Se habló de compras masivas de bonos públicos por parte del Banco Central Europeo (BCE), pero no fue así.

G.G.: Hubo un pico semanal de 4 mil millones de euros. Pero la última semana, la cifra ya había menguado a 600 millones.

P.: Nada. La Fed, en una semana, compra más de 15 mil millones de dólares en bonos del Tesoro. Y no atraviesa ninguna crisis de deuda que la obliga a extremar su celo.

G.G.: Son enfoques diferentes. No se olvide nunca que la Fed tiene un solo dueño y el BCE, veintisiete.

P.: ¿Qué pasó con la idea de acrecentar los fondos europeos de rescate?

G.G.: No hubo acuerdo.

P.: Hay una versión que señala que los países europeos estarían trabajando en la creación de un nuevo instrumento de financiación. Según el Suddeutsche Zeitung, un diario de Munich, Alemania lidera la iniciativa porque el Gobierno considera que «la supervivencia del euro, con todos los países miembros» obedece al más alto interés nacional.

G.G.: El Fondo de Estabilidad, Crecimiento e Inversión.

P.: ¿Lo cree potable?

G.G.: Berlín ya lo desmintió.

P.: Todo lo que hizo Europa para defenderse de la crisis, antes de ser aplicado, fue negado una y varias veces.

G.G.: La próxima vez que la crisis muestre los dientes en serio, habrá que sumar nuevos recursos a la olla común. No tengo dudas. Y también tengo claro que el BCE deberá meterse de lleno en la faena. Hasta ahora apenas empleó una fracción muy menor de su poder de fuego.

P.: Si la crisis no aprieta, la idea es dejar todo como está. ¿No es una invitación para que regrese a sus anchas?

G.G.: Sí. Mire, la única medida que se tomó en el Consejo Europeo con efectos inmediatos fue la decisión de someter a la banca a nuevos exámenes de estrés.

P.: Parece una broma. Los que se hicieron en julio valieron menos que el papel en el que estaban escritos.

G.G.: Qué mejor constancia que el descalabro bancario de Irlanda.

P.: ¿No es insólito? ¿Quién les creerá los resultados después del bluff de julio?

G.G.: Lo importante es capitalizar a la banca. Europa tiene allí un talón de Aquiles tremendamente vulnerable. La capitalización se debería producir antes de los exámenes de estrés, y luego se podrían aprovechar sus resultados para reforzar aún más los patrimonios. Europa no lo quiso hacer. Y nada indica que albergue esa intención. En ese caso, tiene razón. Para qué mentir de nuevo.

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