20 de enero 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La suba del euro es tan rotunda como imprevista. ¿Qué hay detrás de esta resurrección? El especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el alias de Gordon Gekko ve un costoso error de cálculo de las carteras especulativas que apostaron, en su momento, en contra de Portugal. Y hasta podría haber una modesta intervención de China, quizá para facilitar el éxito de la visita del presidente Hu a los EE.UU.

Periodista: ¿Cómo explicar el reciente salto del euro frente al dólar? Después de estar contra las cuerdas, se recuperó como un resorte y llegó a rozar fugazmente la marca de 1,35. ¿Tiene sentido?

Gordon Gekko:
No es lo que la Europa en crisis necesita.

P.: ¿Cómo justificarlo entonces?

G.G.:
El mejor argumento a mano es el fuerte posicionamiento en contra.

P.: ¿Hay mucha especulación contra el euro?

G.G.:
Había. En Chicago los mercados de futuros no registraban tantos contratos cortos entre los especuladores -las carteras no comerciales- como cuando la relación cambiaria estaba en 1,20. Ahora habrá menos.

P.: ¿Cómo lo sabe si no hay información nueva?

G.G.:
Por la forma en que se disparó el tipo de cambio. La cobertura es obligada.

P.: ¿Puede leerse la suba del euro como una señal de que la crisis de la deuda comienza a encarrilarse?

G.G.:
No puede leerse nada demasiado profundo -ni mucho menos terminante- a partir de un indicador tan volátil.

P.: Tal vez sí pueda inferirse que Portugal logró zafar de la encerrona.

G.G.:
Eso sí. Hasta nueva oportunidad.

P.: Lo que no parecería inminente.

G.G.:
De acuerdo.

P.: Quizá se pueda ir un paso más allá. Y sostener que las autoridades europeas han dado muestras de que harán todo cuanto sea posible para salvaguardar el proyecto de la moneda común.

G.G.:
Yo diría que esa voluntad no constituye una novedad. Pero aun así su capacidad de poner la crisis bajo control permanece en tela de juicio. Bajo esa misma óptica, la propia suba del euro dista de ser una bendición. No resuelve la crisis per se, sino más bien la profundiza.

P.: Los países de la periferia de la zona del euro precisarían un euro más débil.

G.G.:
Tal cual. Le reitero, no hay necesidad de sobreinterpretar lo que, en el fondo, no es más ni menos que un coletazo de mercado. Un apretón, una suba inesperada que toma a contramano a muchas carteras agresivas. Y obliga a un reacomodamiento imprevisto.

P.: Con lo cual la suba podría continuar.

G.G.:
Correcto. La semana pasada Goldman Sachs, que vio venir la reversión con toda nitidez, barajó un pronóstico de 1,37 que parecía descolgado y sin embargo a esta altura ya nadie descarta.

P.: ¿Cuál fue el elemento clave?

G.G.:
Si usted estaba preparado para la zozobra, ello no ocurrió. Portugal logró sortear el escollo de la subasta de bonos con bastante comodidad.

P.: Y lo mismo consiguieron luego España e Italia con sus respectivas subastas.

G.G.:
Desde el punto de vista del flujo de capitales hacia instrumentos en euros las noticias han sido muy positivas. España y Bélgica ensayaron sendas sindicaciones de bonos.

P.: Colocaron bonos públicos sin recurrir al mecanismo usual de la oferta pública.

G.G.:
Así fue. Convinieron las transacciones con un grupo cerrado de bancos.

P.: ¿Esto es bueno o malo? No se haría si las condiciones de los mercados no fueran tan resbaladizas.

G.G.:
Es una señal de que existen dificultades pero también un recordatorio de que todavía no son insalvables. Y de que hay muchos resortes a los que se puede apelar.

P.: Los ofrecimientos que hace China de comprar deuda de la región se inscriben en la misma tónica.

G.G.:
Es muy posible que China haya participado de las subastas exitosas de la semana pasada. Antes, Japón había comprado deuda emitida por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Desde el punto de vista del fortalecimiento inesperado del euro, quizás estas operaciones sean las más relevantes en la medida que impactan sí o sí en la balanza de pagos. Uno debería pensar que las subastas, mayoritariamente, reciclan fondos de residentes. En momentos críticos, de instituciones financieras y de otras instituciones bajo fuerte regulación.

P.: Asia en particular, y China en especial tienen grandes excedentes financieros que invertir. Y son muy celosos de no alentar su propia apreciación cambiaria. ¿Podría ser Europa un destinatario natural de esos recursos?

G.G.:
Esa es una lógica evidente cuyo único eslabón débil es la alta percepción de riesgo crediticio. Me queda muy claro que China no ha sido un comprador importante de la deuda europea en crisis. No hasta el momento.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.:
China es el elefante en el bazar. Aunque usted no lo vea, es imposible ignorar sus efectos. Recuerde cuando compró bonos japoneses y forzó a la intervención del Banco de Japón para frenar la apreciación del yen. Si China hubiese adquirido deuda de los países en la picota se hubiera revertido la fortísima ampliación de sus spreads. Ello no sucedió. China tiene apetito pero no come vidrio.

P.: Quizá pueda interesarle la deuda a estos rendimientos.

G.G.:
Yo pienso que la visita del presidente Hu a los EE.UU. bien valía derramar unas monedas. Hay dos temas urticantes en la relación bilateral, los derechos humanos y la manipulación del mercado de cambios. Sobre los derechos humanos no es mucho lo que se puede hacer, pero al menos se le quitó dramatismo a la valorización del yuan. Se lo dejó subir recientemente, se promete una política de mayor apreciación a lo largo de 2011 (a través de una diversidad de fuentes cuasi oficiales), y si usted quiere se pudo haber influido en apreciar el euro con algunas inversiones marginales. ¿Será el preludio de un compromiso mayor, a largo plazo? No lo veo todavía. ¿No se le prometió acaso a Irlanda, a Portugal, a España? Sí. Pero le repito, China primero debería estar segura de que Europa tiene una hoja de ruta para salir de la crisis de manera incruenta.

P.: Y eso no está claro.

G.G.:
No. Y cuando lo esté me temo que China será un problema más que una solución. Usted no necesitará apreciar el euro, sino debilitarlo significativamente por un buen tiempo.

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