4 de marzo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Ni la Bolsa ni Gadafi dan nada por perdido. Gadafi, porque no tiene otra alternativa. Los inversores de Wall Street, que no tienen interdicción para emigrar hacia activos más apacibles, tampoco dan el brazo a torcer. Según el experto en finanzas que camufla su identidad como Gordon Gekko, todavía los entusiasma la posibilidad de empujar el rally más allá de sus límites. De ahí la importancia del informe laboral de febrero que se conocerá hoy y que promete, por fin, acreditar sólidas ganancias en la creación de empleo.

Periodista: No está muerto quien pelea. Ni Gadafi ni Wall Street.

Gordon Gekko: Seguro.

P.: Gadafi me sorprende menos. No tiene escapatoria. En definitiva, no tiene adónde ir. Wall Street impresiona. No se rinde. Da batalla y puja por avanzar como si le sobrase potencial, como si el rally estuviese en pañales.

G.G.:
La inercia influye, no se doblegó.

P.: Muy a pesar de que las lecturas iniciales de la revolución árabe dan paso a interpretaciones cada vez más inquietantes.

G.G.: Ya quedó claro que quitarle a Mubarak las riendas de Egipto no es el fin del proceso, sino el comienzo.

P.: Ni que convertirá a Egipto en Suiza.

G.G.:
Ése es el problema. Pero todavía la visión que impera es relativamente benigna. La realidad vigente es que Wall Street fluctúa con los avatares de las noticias del día a día. Es un serrucho que puede molestar, pero no es una caída a plomo. Todavía se trata de un juego de ida y vuelta y el rango de precios que recorre no se ubica muy distante de las cotizaciones cumbre.

P.: Sin ir más lejos, la corrección de noviembre fue más agresiva.

G.G.:
No hay dudas.

P.: ¿Por qué cree que es así? ¿Por qué no se produce una suba de la prima de riesgo más acorde con la dimensión de los problemas con los que habrá que lidiar?

G.G.:
El que se quema con leche ve una vaca y llora. Pero precisa quemarse primero. No llora cuando se pone la leche al fuego. Piensa en cómo sacarle provecho.

P.: Wall Street se resiste y da pelea. Pero lo que de veras importa, ¿ya hemos visto lo mejor?

G.G.:
Si los rebeldes logran desarmar pronto a Gadafi es fácil imaginar una nueva embestida alcista. El récord está a tiro.

P.: Pero ello no detendrá el contagio. Saltamos de Túnez a Egipto y luego a Libia y quién sabe a quién le tocará el próximo turno.

G.G.:
Considere a la región como una nueva mochila que el mundo tendrá que cargar a sus espaldas. Y no se haga ilusiones con poder aligerarla rápidamente. Lo más probable es que ocurra todo lo contrario.

P.: No es el único lastre. Ya costaba arrastrar el peso muerto de la crisis europea.

G.G.:
Para Europa, las noticias no podrían ser más perturbadoras. Sobre llovido, mojado.

P.: ¿Cuánto podrá ayudar la fortaleza reciente que muestra en paralelo la economía de los EE.UU.?

G.G.:
Hoy le permitió al Dow Jones ganar más de 200 puntos.

P.: Por eso le pregunto. La evidencia de una expansión cada vez más vigorosa crece día a día. Incluyendo el talón de Aquiles de la recuperación, la generación de nuevos puestos de trabajo. Mañana (por hoy) se conocerá el informe laboral de febrero. Si confirma la estimación de ADP -que anticipó un aumento de 217 mil empleos sólo en el sector privado-, proveería un fuerte espaldarazo.

G.G.: Por qué no.

P.: Últimamente las lecturas oficiales no han corroborado -al menos en el terreno laboral- todo lo que insinúan los informes privados.

G.G.:
Los pedidos iniciales de subsidios por desempleo se hundieron en línea con la demás información. Y le recuerdo que son datos oficiales.

P.: Déjeme llevarlo otra vez a Europa. El Banco Central (BCE) celebró su habitual reunión mensual y, al cabo de ésta, su titular, Jean-Claude Trichet, descerrajó una amenaza contundente. Una suba de tasas podría gatillarse tan pronto como en abril.

G.G.:
El BCE nunca prejuzga que hará en su próxima reunión. No se compromete por adelantado. Pero, tiene razón, es lo que dio a entender.

P.: Primera pregunta: ¿cómo explicar que Trichet insinúa una suba de tasas inminente y las Bolsas vuelan trascartón? Y no un poquito; el Dow trepó el 1,6%...

G.G.:
No es imposible; la prueba de que aconteció está sobre la mesa, pero le diría que fue una reacción atípica, casi imposible de predecir. ¿Qué hubiera pasado si en vez de Trichet era Bernanke el que vertía la sugerencia?

P.: No quiero imaginarlo. No estaríamos aquí ponderando la recuperación de los EE.UU.

G.G.:
Eso pienso. ¿Será que el BCE es irrelevante? No es así.

P.: ¿Será que no le creen a Trichet?

G.G.:
Difícil.

P.: Usted mismo no creía que el BCE apelaría a una suba de tasas para contrarrestar el alza del petróleo.

G.G.:
Correcto. Pero si Trichet lo anuncia, tengo que pensar que la decisión está en el tapete. Y que cuenta con muy fuertes avales.

P.: ¿Se quemará el BCE a lo bonzo? Son palabras suyas.

G.G.:
Ya lo hizo en su momento, en 2008. En principio, lo que el BCE está haciendo es atornillando con firmeza las expectativas de inflación. Las manos en el fuego, en concreto, las pondrá en abril si es que sube las tasas como da a entender.

P.: Si el BCE eleva sus tasas de interés, pero los mercados de capitales no se resienten, tal vez el BCE pueda salirse con la suya sin provocar un incendio.

G.G.:
El BCE puede pensar que la salud de los mercados dependerá de lo que haga la Fed y, en ese sentido, obrar como un «free rider» que cabalga sobre la liquidez internacional que crea la Fed mientras ajusta las condiciones monetarias internas de la eurozona, restringe las presiones inflacionarias que incuba la suba del petróleo y le saca brillo a su reputación. Es enhebrar una aguja en movimiento...

P.: La sucesión de Trichet está abierta. Y se cayó el candidato alemán. Qué más germánico para un postulante sin genealogía, pero con aspiraciones, que apoyar una decisión tan valiente.

G.G.:
Como en 2008, el problema no es tanto subir las tasas. Es poder sostenerlas. Y la periferia de la euro zona no estaba entonces tan abollada como en el presente.

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