15 de marzo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La trifecta japonesa -te-rremoto+tsunami+accidente nuclear- carece de antecedentes y, también, de una resolución definitiva. Todavía se desconoce la gravedad del percance nuclear. No obstante, el veterano analista que utiliza el seudónimo de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», para escudriñar los mercados internacionales, arrima un escenario detallado acerca de sus probables consecuencias.

Periodista: La catástrofe de Japón le agrega un condimento más a un escenario que ya rebosaba de confusión. Pero contra lo que podía suponerse por la suma de contratiempos, y las dudas de los mercados, tampoco fue el tiro del final.

Gordon Gekko: No todavía.

P.: ¿Cómo leer esta impasse que se prolonga, que resulta adversa, incómoda, pero no letal?

G.G.: Aquí falta una definición. Es una situación de flujo, con una trama compleja sin resolver y que, tarde o temprano, va a requerir un remate. Para bien o para mal.

P.: Japón preocupa, pero no es decisivo.

G.G.: La experiencia no terminó. Ese status de final abierto no es positivo.

P.: Queda por determinar la gravedad del accidente nuclear.

G.G.: No es un tema menor. ¿Será otro episodio como fue Three Mile Island? ¿O se convertirá en un Chernóbil? No se sabe. Y no es lo mismo.

P.: ¿Usted qué piensa?

G.G.: Que todavía las autoridades no pueden garantizar un desenlace de con-tención. Aunque otro Chernóbil, por lo que leo (no puedo afirmar otra cosa), parece improbable.

P.: ¿Cómo se convive con la incertidumbre?

G.G.: Teniendo en cuenta la batería de adversidades, los mercados no lo están haciendo mal. Pero no hay que abusar.

P.: Si el drama de Japón queda confinado a los daños que ya vimos, ¿cuál será su impacto? ¿Y cuáles las consecuencias de más largo plazo?

G.G.: En ese caso, el grueso de la destrucción ya se produjo. Tanto en pérdida de vidas como en daños materiales. Falta el relevamiento, su contabilización, pero el daño más cuantioso ya está hecho.

P.: ¿Lo peor ya pasó? ¿O todavía falta tocar fondo?

G.G.: Todavía hay réplicas, pero dicen los expertos que serán menos virulentas. Y, desde ya, la dislocación que se creó demandará tiempo hasta corregirse, no digo completamente, pero, al menos, al nivel de una mediana normalidad.

P.: Las compañías automotrices anunciaron que no trabajarían hoy (por ayer). ¿Significa que, en las plantas que no fueron destruidas, podrán retomar actividades a partir de mañana (por hoy)?

G.G.: Yo diría que en una economía tan celosa de su eficiencia, de la precisión en la administración de inventarios, no basta con tener la fábrica intacta. La clave es la salud de toda la cadena de producción. No hay muchas holguras o sobrantes. El daño puede estar en la red de proveedores, en la infraestructura portuaria, en la provisión de energía eléctrica (sujeta a cortes rotativos por primera vez en medio siglo). Llevará tiempo aceitar todos los procesos. La incertidumbre por los reactores nucleares en problemas, que ha llevado a evacuar un área aledaña importante, es otro factor para tener en cuenta.

P.: La recuperación japonesa no era una historia con muchos brillos.

G.G.: Más bien, una trayectoria vacilante.

P.: Con este percance, ¿qué le depara el destino? ¿Una doble recesión?

G.G.: Este trimestre será espantoso. Sumará a la destrucción de riqueza una fuerte caída del producto. Pero la faena de la reconstrucción augura una expansión más briosa hacia adelante.

P.: Ésa fue la experiencia que vivió Japón después del terremoto de Kobe de enero de 1995.

G.G.: Es un patrón que se repite en otros tiempos y lugares.

P.: El problema japonés, en definitiva, no era de escasez de demanda agregada, sino de falta de terremotos.

G.G.: La reconstrucción de Japón acelerará la expansión del producto bruto y, con suerte y paciencia, permitirá rehacer el acervo de capital del que se disponía antes de la catástrofe. Es una receta para mantener a la gente que sobrevive más ocupada que antes, pero no es un atajo para estar mejor.

P.: ¿Cómo cree que reaccionarán las Bolsas? ¿A qué le prestará atención el Nikkei? Hoy (por ayer) se derrumbó, en algún momento, deberá sintonizar el repunte de la actividad que usted avizora.

G.G.: Si la experiencia de Kobe sirve de brújula, no será un empalme automático.

P.: La caída de hoy (por ayer) no estableció ningún piso.

G.G.: En 1995 el Nikkei demoró seis meses en hacer pie. Y, luego, sí, la recuperación fue muy potente.

P.: Cuando quedó confirmado que la economía remontaba la cuesta.

G.G.: Las acciones se anticiparon. La historia rima, pero no se repite como un calco. A diferencia de 1995, las corporaciones japonesas están mucho mejor preparadas para absorber un traspié. Tienen balances más sólidos y mucha rentabilidad.

P.: ¿Qué cabe esperar del yen? Muestra una fortaleza de la que carece la Bolsa.

G.G.: El gasto de la reconstrucción habrá que desembolsarlo en yenes. Igual que el pago de los siniestros. Muchas compañías deberán repatriar activos del exterior para hacer frente a sus obligaciones.

P.: Este último renglón podría ser bastante perjudicial en terceros mercados. Habrá que vender bonos internacionales para hacerse de esos yenes.

G.G.: En el margen así es. Las compañías de seguros tienen sus primas invertidas en bonos y acciones, y deberán realizar una parte para cubrir sus compromisos.

P.: El yen podría resultar un gran beneficiado de esta encrucijada.

G.G.: El Banco de Japón ya se apresuró a inyectar toda la liquidez que se le pidió para evitar una transición traumática. No le interesará que se produzca un cuello de botella y que se gatille una apreciación exagerada por un cambio puntual de portafolios. Y el yen no está muy lejos de la línea en la arena que trazó el banco central el año pasado, cuando no dudó en intervenir agresivamente.

P.: ¿Cómo cree que afectará todo esto a los mercados internacionales?

G.G.: En mi libro, la crisis árabe será más tenaz y, por ende, lo más relevante. En ese sentido, el accidente nuclear japonés es una vuelta de tuerca que temo nos haga más dependientes aún de la energía convencional.

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