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Diálogos en Wall Street
¿Dónde está la acción? No en las Bolsas, sí en los mercados de bonos, de común abúlicos, y ahora atrapados en un súbito frenesí. La tasa larga trepó sin avisar y genera expectativas. Con Gordon Gekko, el alter ego de un trajinado conocedor de los mercados de capitales, hurgamos en las razones de este inesperado batifondo.
Gordon Gekko: Que está más en línea con la realidad económica.
P.: ¿No le preocupa el salto brusco?
G.G.: No son los mejores modales. Pero uno no puede exigir mesura.
P.: ¿Cree que se justifica el nivel actual de la tasa larga?
G.G.: Si el rango era el 1,80%-2% cuando se temía la «doble recesión» en los EE.UU. en septiembre último, no me parece desatinado que ahora se ubique medio punto anual más arriba.
P.: Todavía no está claro que la suba haya concluido. Los bonos están merodeando umbrales críticos. Si los atraviesan, el salto posterior de la tasa larga puede ser muy poderoso.
G.G.: De acuerdo. Si hay que acomodar un cambio de portafolio, no veo otra manera de realizarlo. Será una oportunidad.
P.: No hay doble recesión, pero tampoco una recuperación económica desbordante de empuje.
G.G.: Concuerdo.
P.: Bill Gross, el administrador de PIMCO, señala que la inflación es una de las causales de esta espantada. Sé que no compra la explicación.
G.G.: Así es. Creo que es una mera excusa.
P.: Sin embargo, si uno mira los rendimientos de los bonos convencionales y los compara con los que ajustan por inflación, detecta con nitidez un aumento de los «breakevens», del punto de indiferencia. La prima por el riesgo de inflación está subiendo.
G.G.: En apariencia. Y no sólo en EE.UU. Lo mismo va a encontrar en Alemania y en Gran Bretaña.
P.: Quiere decir que es un factor presente.
G.G.: Le repito: creo que es una excusa, y lo que usted cita, es la coartada. Lo cual la torna más creíble. Pero, ¿es así? ¿Será que el mercado de bonos -siempre vigilante- pierde el sueño por la inflación? Yo le digo, es mi modesta opinión, que no.
P.: ¿Cómo lo explica?
G.G.: Mire otros instrumentos muy correlacionados con la sensibilidad a la inflación. No tiene que ir muy lejos: tome el oro, que ha lucrado sistemáticamente a su costa, ¿usted lo ve muy inflamado?
P.: A decir verdad, es todo lo contrario. Declina y le cuesta hacer pie.
G.G.: Tanto subir a cuenta del problema, y ahora que Godot toca el timbre, hace mutis por el foro. En un país como Gran Bretaña, que excedió en mucho la inflación objetivo de su banco central (y ello no perturbó a los bonos), la dinámica de precios apunta con claridad a una merma de la inflación. ¿Por qué treparía la tasa larga, justo cuando el asunto pierde entidad?
P.: Si no es la inflación, ¿qué es?
G.G.: No soy terco ni quiero parecerlo. Pero ya lo hemos dicho: son las compras de la Fed. Esa es la variable crítica en danza. No la inflación.
P.: Conozco su posición. El mercado de bonos teme que la Fed ya no necesite mantener la estrategia de comprar bonos de largo plazo.
G.G.: Que es una política, le recuerdo, que en términos relativos discrimina en contra de los bonos que ajustan por inflación.
P.: La Fed adquiere los bonos convencionales o, eventualmente, bonos hipotecarios.
G.G.: Es natural, entonces, que los «breakevens» aumenten si se piensa que la Fed va a dar un paso al costado. Los bonos que dejará de comprar el banco central son los que más tienen que recular de precio.
P.: Entiendo.
G.G.: Uno puede llamar a esa diferencia prima de riesgo inflacionario. Pero tenga presente, como quiera que la denomine, que no se ensancha por ningún motivo que tenga que ver con la inflación. Es sencillamente el reflejo de una nueva percepción; tal vez la Fed no demande esos bonos como dábamos por sentado.
P.: ¿Cómo saberlo con precisión?
G.G.: Convenza a Ben Bernanke de que mañana diga que no habrá una tercera versión de relajamiento cuantitativo.
P.: Que no habrá QE3.
G.G.: Claro. Y que pasado mañana sostenga que fue mal interpretado, que lo que quiso decir era que sí habrá QE3.
P.: ¿Me quiere decir que es imposible saberlo con exactitud?
G.G.: No podemos construir el experimento ideal. Pero no es difícil correlacionar las idas y vueltas de las tasas largas con los humores de mercado acerca de la postura que tomará la Fed.
P.: Si la tasa merodea el 2,40%, ¿quiere decir que el mercado de bonos tiró la toalla? ¿Qué perdió la fe en una renovada intervención?
G.G.: No es así. Pero le picó el insecto de la duda.


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