29 de junio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿A quién creerle? A España o a Italia, que vaticinan una catástrofe si la cumbre europea no les abre los grifos del financiamiento. O a Alemania, que subestima esa demanda e insiste en más ajuste y reformas. Para nuestro hombre en Wall Street, que resguarda su identidad detrás de la máscara de Gordon Gekko, se atraviesa otro momento de gran tensión. Está en Europa tomar la iniciativa. O cederla a los mercados. Pero no se podrán evitar las definiciones.

Periodista: El mundo está pendiente, una vez más, de otra cumbre de los líderes de Europa. Me pregunto, ¿serán conscientes de la responsabilidad de sus actos?

Gordon Gekko:
Ojalá pudiera darle una respuesta convincente.

P.: España e Italia dicen que si la cumbre no resuelve los problemas urgentes que los acechan...

G.G.:
Que no son otros que la dificultad creciente en financiarse.

P.: Señalan que si no se despejan esos interrogantes, nos espera una catástrofe. ¿Exageran?

G.G.:
Es evidente que muy poco.

P.: ¿Es evidente?

G.G.:
España está acorralada desde que se lanzó el rescate bancario. Y Rajoy ya no tiene ánimo para sutilezas. Cuando afirma que España no podrá durar mucho en pie si tiene que pagar tasas del 7% por sus colocaciones a largo plazo, tiene que creerle.

P.: E Italia no le va muy a la zaga.

G.G.:
Está un paso atrás, pero marcha amarrada a sus talones. Paga algo más del 6%. No obstante, la gobernabilidad italiana es más frágil que la española. No lo olvide. Italia, en ese sentido, está más expuesta.

P.: ¿Sigue pensando que el Gobierno de Mario Monti puede caer si la cumbre no le ofrece el apoyo que pide?

G.G.:
No lo descarte. Roma es un volcán. Y el propio Monti podría dar un paso al costado.

P.: ¿A la Papandreu?

G.G.:
No. Con elegancia. Monti ha dicho que se quedará en Bruselas hasta el domingo, negociando hasta el último minuto, si hace falta. No creo que firme un acuerdo y después se dé vuelta. Eso no. Monti es un economista profesional. Conoce la situación mejor que todos los demás. Merkel, inclusive. Sabrá reconocer un callejón sin salida antes de meterse en él. Y ya dio a entender que podría apartarse.

P.: España e Italia hablan de una situación crítica y de posibles consecuencias terribles. Alemania, por su parte, se resiste a todas las peticiones. Y minimiza los resultados que cabe aguardar de la cumbre. ¿A quién creerle? ¿Qué se puede esperar?

G.G.:
Lo que Alemania no quiere, Europa no puede. Es muy simple. Alemania definirá. Es verdad que se conformó un bloque latino. España, Italia y Francia. Pero la reunión de la semana pasada con Merkel no arrojó ningún saldo provechoso.

P.: Salvo el anuncio de la capitalización del Banco Europeo de Inversiones.

G.G.:
En otras circunstancias hubiera bastado para insuflar la confianza para navegar el mal momento. Hoy mandan las urgencias.

P.: La cena de Hollande con Merkel, a solas en los Elíseos, tampoco destrabó el diferendo.

G.G.:
Así parece. Todos saben que la cumbre comienza con un no alemán rotundo. Habrá que ver cómo termina. Y si no mueven las blancas, o lo hacen mal, después moverán las negras.

P.: Los mercados.

G.G.: Es la poscumbre lo que nos interesa. Europa puede tomar la iniciativa. O resignarla. Lo que no puede, a esta altura, es cancelar la partida.

P.: Los mercados no están cómodos. Se los ve inquietos. El rebote que ensayaron a cuenta arrugó bastante. Pero, aún así, no revelan pánico. A diferencia de lo que ocurrió en 2010 y 2011.

G.G.:
Cuando los avatares de la eurozona no tenían, por cierto, la misma gravedad existencial que hoy en día. No es lo mismo preocuparse por el destino de Grecia, que por España e Italia juntas.

P.: Los mercados conocen las negativas de Merkel. Pero no parece que las tomen al pie de la letra.

G.G.:
La idea es que Alemania aprieta, pero no ahorca.

P.: Que lo diga Grecia.

G.G.:
No seré yo quien elogie el enfoque. Pero lo que se piensa es que no puede hacérsele a España e Italia lo que se hizo en Grecia.

P.: Europa no podría pagarlo. No lo soportaría siquiera.

G.G.:
De acuerdo. Por eso no está incorporado en las cotizaciones. De ahí esta templanza. La realidad es la que describen con espanto Rajoy y Monti. Los precios se guían más bien por la falta de dramatismo que trasunta Merkel.

P.: ¿Cómo mantener esta ambigüedad si España e Italia pierden acceso al financiamiento voluntario?

G.G.:
No se podrá. Como le decía, Alemania deberá definir. O abre una hendija, o aterrizaremos con brusquedad.

P.: ¿Usted es optimista?

G.G.:
Estamos jugando con fuego, y media Europa está chamuscada. No sólo no le veo sentido, sino tampoco advierto pericia.

P.: Vuelvo entonces a la pregunta original. ¿Sabrá esta gente qué es lo que hace?

G.G.:
No muy bien. Yo no veo nada igual en EE.UU. ni en Gran Bretaña ni en Japón. No desconozco que el mundo debe lidiar con muchísimos problemas. Pero Europa fabricó esta crisis donde no había ninguna necesidad. ¿Entenderán que la cumbre transita por una cornisa y que lo que no quieran hacer este fin de semana, tendrán que hacerlo igual, por la fuerza de los acontecimientos, antes que termine el próximo? Pienso que sí. El año pasado, cuando también tenían la soga al cuello, los gobiernos y el BCE pactaron una vía de escape. Así surgieron los pases ilimitados a la banca a tres años. Alemania se comprometió primero a no abogar por ninguna otra reestructuración de deuda más allá de Grecia.

P.: Los pases no fueron alumbrados por la cumbre en sí sino en paralelo, como una respuesta independiente del BCE. Pasaron un par de semanas hasta que la gente se dio cuenta. ¿Imagina que se podría repetir la experiencia?

G.G.:
Hay una solución sobre la mesa que es la unión bancaria. El BCE la apoya. Pero para que sirva como puente y permita cruzar la coyuntura Berlín debe declinar su oposición a los aspectos sensibles (el régimen común de garantía de los depósitos y el fondo europeo para liquidar entidades). Habrá que hurgar por allí en busca de señales.

Dejá tu comentario