18 de octubre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué olfatea Wall Street que otra vez carga sus armas? ¿Es un mero rebote? ¿La consecuencia, demorada, del QE3? ¿Durará? Las preguntas las contesta nuestro misterioso hombre en Manhattan, Gordon Gekko, quien sigue día a día los avatares de los mercados internacionales.

Periodista: Surgieron muchas novedades. Entre ellas, la resurrección de la Bolsa. ¿Hay ganas de vuelta de apostar unas fichas? ¿De ver hasta dónde puede trepar?

Gordon Gekko:
Después de todo, los bancos centrales y los Gobiernos están empujando a favor de todo lo que sea toma de riesgos.

P.: Tanto se habló del QE3 como una quimera inalcanzable, para que ahora que está disponible, los inversores desconfíen de su eficacia. Ya nadie lo nombra.

G.G.:
Casi como si fuera un trasto inservible.

P.: ¿Cómo se entiende?

G.G.:
El QE3 no vino solo. Lo trajo la propia debilidad de la recuperación. Que haya necesidad de una tercera dosis, de algún modo relativiza su capacidad de torcer el rumbo de la situación de fondo.

P.: ¿No es así?

G.G.:
Lo que no puede discutirse es su poder de tracción en los mercados de riesgo. Yo no lo pasaría por alto.

P.: Uno de los problemas, esta vez es que las compañías tienen la pólvora mojada. Las ganancias ya no fluyen con el mismo vigor que cuando se lanzó el QE2. Los márgenes de rentabilidad, probablemente, ya hayan desplegado lo mejor del ciclo y ahora les toca recortarse. ¿No es una buena señal?, a menos que Wall Street decida ignorar la calidad de los fundamentos.

G.G.:
Que los márgenes decaigan después de superar los récords absolutos, y de haberlo conseguido por larguísimo trecho, no debiera ser un obstáculo grave. Que mengüen las ganancias, sí. Pero un tropezón no es caída, todavía el pronóstico de rentabilidad de 2013 es positivo.

P.: El consenso espera un crecimiento de dos dígitos que será muy difícil de alcanzar.

G.G.:
Aquí talla el estímulo que supone el QE3. Y, negativamente, la incertidumbre que aporta el «precipicio fiscal». Pero si se da la lógica, y se negocia una salida fiscal que no sea saltar a ciegas al barranco, no sería nada extraño que las utilidades puedan retomar un avance a una velocidad de crucero del 5%/7% anual.

P.: Si la economía real repunta.

G.G.:
La Fed adoptó un objetivo tácito de «desempleo». Va a verter liquidez todos los meses, comprando bonos largos y retirándolos de plaza, hasta cerciorarse de que mejoren «sustancialmente» las condiciones laborales.

P.: No hay garantías de que por ello la Fed logre su objetivo de reactivar la economía y el empleo.

G.G.:
No. Pero mientras se hace el intento, el valor de las acciones no se debería resentir. Lo que advertimos con el QE1 y con el QE2 es que los activos sustitutos de los bonos largos son los que sacan tajada. Las acciones, en primera fila. ¿Hay mejor platea acaso para observar cómo se desenvuelve el experimento de la Fed?

P.: ¿Qué vale más? ¿Pájaro en mano o cien volando? Lo concreto es que hoy las ganancias corporativas están cayendo. Y si uno deja los bancos de lado, que es un caso puntual, la merma es fuerte.

G.G.:
Mi impresión es que el QE3, en ese sentido, surgió en el momento justo. El bache en el que cayó la economía es inocultable. Los datos recientes, en cambio, muestran una tónica más sostenida. Y el QE3 le suma a ese cuadro mixto un haz de expectativas favorables. Le aumenta el valor potencial a esos cien pájaros que están volando.

P.: Es pura especulación.

G.G.: La Bolsa es anticipación. Puede tachar el casillero del futuro o darle un voto de confianza, una oportunidad. Crease o no, estamos montados en un mercado bull bastante vigoroso. Llevamos ya tres años y medio de función continua, un recorrido en alza que excede el 100% y todo ello con una economía siempre mezquina, nunca lejos de la cornisa ni del riesgo de un resbalón.

P.: Seguiremos así.

G.G.:
Tengo esa impresión. De un lado, la economía global se complicó, pero, del otro, se levantó una gigantesca cruzada monetaria. Por primera vez desde 2009, la Fed y el BCE están empujando del mismo lado. Y hay progresos que se pasan por alto pero son importantes. No hay dudas de que el sector inmobiliario en EE.UU. está en plena rehabilitación; la evidencia a favor es creíble y generalizada, y el QE3 está diseñado para ayudar aún más despejando la financiación hipotecaria. Los bancos, como ya se observa, también se van a beneficiar. De repente, el QE3 puede hacer un aporte a la economía real en sectores que antes estaban inmersos en lo más profundo de la crisis. La intervención del BCE, por su parte, puede contener el contagio que reciclaba Europa. Sobre todo, si Merkel abandona su papel de «tirabombas». La visita a Atenas fue una tremenda señal.

P.: Todavía los mercados no están muy convencidos.

G.G.:
Seamos justos: Wall Street está a un paso de los máximos pos-Lehman. Se tomó un respiro. Y no se asustó con el traspié de la economía global. Si los bancos centrales y los Gobiernos quieren impulsar un relanzamiento, ésa es la gran cruzada en marcha, yo diría que Wall Street va a acompañar.

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