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Diálogos en Wall Street
La pregunta del millón en Wall Street -¿mudó la tendencia con el cambio de año?- y la respuesta (optimista) de Gordon Gekko, nuestro experto en las trincheras, en un diálogo cargado de información.

Gordon Gekko: Mejor así. Que depure.
P.: De manera sutil, no se sabe bien por qué, pero cambió el libreto...
G.G.: Medio país se congeló. Literalmente. No fue nada sutil.
P.: Me refiero a la marcha de los mercados. También se enfriaron los animal spirits...
G.G.: Suele afirmarse que las primeras cinco ruedas de enero definen cómo será el mes, y que enero, a su vez, es un buen predictor de todo el año.
P.: Desde que comenzó 2014 la Bolsa está en rojo. Poco, pero, al fin de cuentas, es un retroceso. Y contrasta con la suba estupenda de 2013, que alentó grandes expectativas...
G.G.: La sensación térmica cambió. La estructura del rally se preserva intacta. Pero las dudas ganaron terreno.
P.: Eso digo.
G.G.: Pues bien, no se confunda, así fue 2013. Cada avance fuerte requirió un período de consolidación. No se corrigió por precios (desde 2011 que se adeuda una caída superior al 10% contabilizado desde los máximos) sino por tiempo. Con mucho movimiento lateral poco significativo. La Bolsa está repitiendo el patrón. El libreto no se alteró. Estamos digiriendo la exhalación con que cerró 2013. Que los máximos sean los del 31 de diciembre es el dato que hace tan pobre el arranque del nuevo año. Si se adopta una mirada más extendida, lo que se advierte es una continuidad del avance, no una ruptura.
P.: ¿Piensa que Wall Street sigue enfocado en el rally que trae de arrastre?
G.G.: El Nasdaq trepa más que el índice S&P 500. Los bancos lideran. Han clavado nuevos récords absolutos esta semana de una manera muy nítida y a contramano de los pronósticos. No son las señales típicas de una retirada.
Todo lo contrario. Lo que no se puede negar es la redistribución que opera en la superficie, el cambio de manos, la pausa y el germen de la desconfianza incipiente, pero son todos ingredientes necesarios para que el rally siga su curso. No lo invalidan.
P.: ¿Cómo interpretar el informe de empleo? Se esperaban casi 200 mil nuevos puestos de trabajo y se registraron apenas 74 mil en diciembre.
G.G.: Veníamos de 241 mil en noviembre y si un frenazo de semejante magnitud fuera cierto, encontraríamos evidencia en los otros indicadores económicos simultáneos.
P.: Que no la hay...
G.G.: Por cierto, el informe ADP, que computa la evolución del empleo privado, anotó una cifra vigorosa de 214 mil nuevas contrataciones.
P.: ¿Desechamos el reporte oficial por erróneo? La cifra puede revisarse el mes que viene. Ha sido una constante, además, que las correcciones fueran importantes.
G.G.: Lamentablemente, los problemas de medición juegan un rol que no es posible pasar por alto. Aun así, alguna debilidad existió, porque la totalidad del informe, no un único renglón, denota flaquezas. Y sabemos que enero las acentuará, puntualmente, por el vórtice polar ártico. Lo que conviene entender es que sale de escena el riesgo de recalentamiento que insinuaban las cifras posteriores al cierre del Gobierno en octubre. Ese crescendo de números económicos robustos que se agolpó en las últimas semanas no tendrá continuidad.
P.: ¿Y eso es bueno o malo?
G.G.: Nos mantiene en terreno conocido. Una economía demasiado vibrante obligaría a la Fed a cruzarse de vereda. Y los mercados prefieren siempre tenerla de su lado.
P.: ¿Piensa que la Fed, ante los malos números de empleo y la semiparálisis que generó el temporal de bajísimas temperaturas, podría saltear a fin de mes el próximo paso del tapering?
G.G.: No lo hará. Tendremos la reducción de la cuota prevista: 10 mil millones de dólares menos de compra mensual de bonos del Tesoro. Pero se frena la escalada discursiva de los halcones de la Fed. La idea de ir paso a paso vuelve a probarse la más acertada. La recuperación no es un rayo fulminante. Es frágil y exige manipular la política monetaria con mesura. En ese sentido, la inercia de 2013 no se modificó. La Fed tiene que ser cuidadosa porque puede ahorcar aun sin querer apretar. La descompresión de la tasa larga es el bálsamo que ya facturaron los mercados. Y es otro ingrediente para no perder la paciencia.

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