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Diálogos en Wall Street

Periodista: Todo listo para dar otro zarpazo, pero la expedición se demora. Wall Street se hamaca en el techo del rango de precios. No va en busca decidida de nuevos récords...
Gordon Gekko: El S&P 500 coquetea con los 2 mil puntos. Ya los sobrepasó fugazmente, en el margen.
P.: Los rompió, pero no toma distancia. No se aleja. Y hoy (por ayer) las noticias de Ucrania lo obligaron a descender un escalón.
G.G.: Es razonable. Y hasta es una muestra de fortaleza: que haya tropas rusas invadiendo Ucrania no es asunto menor.
P.: En otro momento hubiera provocado un gran revuelo en Wall Street. ¿Nos acostumbramos a todo?
G.G.: Nunca se sabe. Se revisaron las cifras del PBI de EE.UU., poco después de conocida la noticia, y las cotizaciones se montaron en una realidad más constructiva: la economía creció el 4,2% de abril a junio. A diferencia de Europa, aquí no reina la anemia.
P.: Ni la tesis de moda del "estancamiento secular".
G.G.: Tampoco.
P.: La Fed -ahora que medita cuándo comenzar a subir las tasas de interés- podría preocuparse con un ritmo del 4,2%.
G.G.: La economía se expande a una velocidad de crucero que no difiere mucho del 2% anual. Hay que tener presente que las contingencias climáticas habían hundido un 2,1% el PBI del primer trimestre. Lo que registramos es, en buena parte, un rebote.
P.: Comprendo. Y acumulación de inventarios.
G.G.: La revisión cambió la percepción sobre los inventarios. Conclusión: hubo más utilización de inventarios que lo calculado en la estimación original. Las cifras de exportaciones netas también fueron más robustas. Y atando cabos nos queda un cuadro de actividad más promisorio para el trimestre en curso.
P.: Pero no tanto como para obligar a la Fed a considerar un adelanto de su agenda de regreso a la normalidad.
G.G.: No hay necesidad de cambiar los planes. Ni en un sentido de proporcionar más estímulo como en el caso del BCE ni en el de apurarse a retirarlo, como lo sugieren los halcones como Charles Plosser o Esther George, dentro de la propia Fed. Estamos en la buena senda. ¿Para qué apartarse?
P.: Si la Fed no tiene por qué agredir, si Rusia agrede a Ucrania pero no nos quita el sueño (y lo mismo se puede decir del descalabro en Irak, Siria o Libia), si las tasas largas bajan pese a que se sabe que las tasas cortas van a subir el año próximo, es difícil pensar que la Bolsa no tenga las puertas abiertas de par en par como para continuar trepando.
G.G.: Quizás por eso el porcentaje de optimismas -entre los inversores minoristas- sigue en ascenso.
P.: Ya son amplia mayoría.
G.G.: Son más de la mitad: el 52%. Y los que piensan que la Bolsa va a caer en los próximos seis meses son apenas el 19%.
P.: Confianza sobra. Pero, por lo visto, también hay prudencia.
G.G.: Con estos números, en mi modesta opinión, nada más riesgoso que un rally alocado, de esos que se atropellan por comprar como si no hubiera oportunidad de hacerlo mañana.
P.: El techo del mercado lateral -la tesis de los 2 mil puntos como resistencia para el S&P 500- conserva vigencia todavía. Los optimistas abundan pero no quieren pisar el palito.
G.G.: Por supuesto que es cuestión de tiempo. Los 17 mil puntos del Dow fueron dejados atrás como poste. Pero de momento la marca del S&P 500 se respeta. Con un volumen operado que sí es anémico, que permitiría dibujar un cierre inflado con gran facilidad.
P.: Y eso que las cuentas nacionales, amén de corregir las cifras del PBI, nos trajeron la primera estimación del crecimiento de las ganancias corporativas. Y un ascenso del 8% no es poca cosa.
G.G.: Trimestre contra trimestre, después de una caída fuerte entre enero y marzo. En la comparación interanual, hay una leve caída de la rentabilidad y una mejora del cash flow. Tampoco se justifica lanzar grandes fuegos artificiales.


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