31 de diciembre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Nueva vuelta de tuerca en Europa con la caída del Gobierno griego y la convocatoria a elecciones el 25 de enero. Consultamos a Gordon Gekko porque termina 2014, pero no sus vicisitudes.

Diálogos en Wall Street
Periodista: La historia se repite. Grecia está de nuevo en las noticias. Y nos promete otra agonía.

Gordon Gekko:
La última vez fue una farsa. Así que tendrá que hacer méritos para llamar la atención.

P.: Europa acusó el golpe.

G.G.:
Wall Street mira otra película. Completamente.

P.: No se cayó, pero puso el freno de mano.

G.G.:
No todo el año es carnaval.

P.: Me quiere decir que lo que le ocurra a Grecia ya no mueve el amperímetro de las finanzas internacionales.

G.G.:
Hoy (por ayer) los futuros del petróleo marcaron un nuevo mínimo. ¿Se enteró?

P.: No.

G.G.:
Fue un día notable. Tuvimos tres grandes acontecimientos. Grecia, de nuevo al borde del abismo político, el patín renovado del precio del crudo y en Tokio, un paciente testeado por ébola. Por no citar la desaparición del avión de Air Asia (evento siempre dañino para el precio de las aerolíneas y los fabricantes de aviones, y que se ha tornado algo repetitivo este año). Échele un vistazo a las cotizaciones de Wall Street y dígame qué nota...

P.: Nada. Es un día plano.

G.G.:
Como ve, no se movió el amperímetro. Ni el manómetro: la aguja del VIX marca 15. O sea, calma absoluta.

P.: Ya estamos vacunados contra estos males.

G.G.:
Seguro. Aunque no en todas sus cepas, pueden surgir variantes que nos desequilibren y, en estas alturas, un resbalón, un paso mal calculado, pueden terminar en gran caída.

P.: Es un mercado que reboza confianza. No siempre es así.

G.G.:
Correcto. Después de "testear" un par de correcciones, en octubre y diciembre, Wall Street luce con las defensas altas. Y la estacionalidad está de su lado.

P.: Las brujas no existen, pero que las hay, las hay...

G.G.:
Los que existen son los que creen en esas brujerías. Y mientras estén dispuestos a redoblar la apuesta, tendrán razón.

P.: ¿No cree que la agonía de Grecia nos arruinará el efecto enero, la inercia alcista que dejó el rally de Navidad?

G.G.:
No lo creo. Aunque, por supuesto, sea posible.

P.: A ver si lo entiendo. Grecia es un problema provinciano, ¿le atañe a Europa pero no al mundo?

G.G.:
Si lo quiere poner así, no me quejo. Si quiere asustar al mundo, por lo menos tiene que zamarrear a Europa.

P.: Los ingredientes potenciales están allí. ¿O me equivoco?

G.G.:
En eso tiene razón. Mírelo de otra forma: el shock petrolero es un fenómeno favorable para la economía mundial, y aun así, provocó jaleo.

P.: Qué duró poco.

G.G.:
Gracias a Yellen que llegó antes que el rescate de Moscú a sus bancos. Sea agradecido, no lo olvide.

P.: Déjeme volver a Grecia. Quizás no sea su momento, pero a fines de enero puede convertirse en la excusa ideal para un final abrupto.

G.G.:
Es posible. Estas apuestas de los líderes de Atenas son audaces. Me acuerdo de Papandreu en 2011, cuando quiso llevar lo acordado en una cumbre europea -que ya estaba firmado por él mismo- a revisión parlamentaria...

P.: Quiso dar un golpe en la mesa y terminó de golpe en la calle. Le abrió las puertas a los tecnócratas con el Gobierno de Papademos.

G.G.:
Tal cual. Mutatis mutandis, el primer ministro Samarás busca un efecto similar. Si Papandreu quiso librarse de la canciller alemana Merkel, Samarás procura desairar a su cancerbero interno, Alexis Tsipras, quien comanda la coalición de la izquierda radical, Syriza.

P.: ¿Disuelve anticipadamente su Gobierno y va a elecciones contra quien lidera las encuestas? No parece sensato.

G.G.:
Por eso le cité a Papandreu. El aliado de Samarás en las urnas es el temor de la población a Syriza. ¿Se impondrá el rechazo a un salto al vacío (o el hastío)? Ésa es la jugada. Si sale mal, Syriza dirá luego si saltamos o negociamos. Esa tensión sí puede estremecer a Europa. Y despeinar al mundo.

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