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Diálogos en Wall Street
La inestabilidad cambiaria dominó la semana que pasó y puede prolongarse según cuál sea la decisión que tome el BCE en su reunión del jueves. Gordon Gekko confía en que habrá fumata blanca y Draghi anunciará el QE soberano.

P.: ¿Como cuáles?
G.G.: La lectura preli-minar de enero de la confianza del consumidor (de la Universidad de Michigan) es la más alta de la última década. Hay más empleos, mejores ingresos y ahora se recibe el plus de un menor gasto en combustible. El impacto es muy fuerte en los estratos de rentas bajas. De la mano del mayor consumo vendrá el envión de una mayor producción.
P.: Los números más recientes tienden a mostrar una desaceleración, pese al optimismo en alza de los consumidores.
G.G.: Así es. Y la Bolsa es reticente, desconfía. Ahí se incuba un potencial de sorpresas favorables.
P.: Cuesta creer en una economía muy robusta cuando las tasas largas se zambullen de cabeza por debajo del 2%...
G.G.: No lo culpo. La sensación es que aquí hay gato encerrado, algún daño grave que no tardará en asomar el rostro.
P.: Los peligros acechan. Quién diría que
Suiza iba a agitar las aguas como lo hizo la semana pasada. Ya no se puede poner las manos en el fuego por nada ni por nadie. Un misil puede venir del lugar menos pensado.
G.G.: El menú de enero está muy cargado. Es una agenda plena de emociones. Grecia, el petróleo, la apreciación del dólar y la inestabilidad cambiaria...
P.: Y, como si no bastara, el terrorismo enseñoreándose en el corazón de Europa. Ni la Ciudad Luz se salvó de un apagón.
G.G.: Son muchos temas, todos espinosos, todos juntos. Y, para peor, agitándose en la coctelera. Pero no son lo mismo. No apuntan ni siquiera en la misma dirección.
P.: ¿Cuál le parece el más importante?
G.G.: El regreso del dólar fuerte en el mundo es el hecho clave, porque a su manera está adelantando, a pequeña escala, los efectos de la suba de tasas que planea la Fed para mediados de año.
P.: Si es que el mundo permite que la Fed suba las tasas. Los pronósticos se están corriendo. Ya no favorece una fecha tan temprana como junio, se desplazan hacia fin de año.
G.G.: En su momento, nadie tenía más apuro que el Banco de Inglaterra. Y ahora, después de observar la inflación británica más baja de los últimos 15 años, todos saben que no habrá acción hasta 2016 por lo menos.
P.: Tal vez, la Fed deba seguirle los pasos.
G.G.: No sabemos qué pasará con las tasas cortas, las que gobierna la Fed. Pero sí observamos el sendero que recorren las tasas largas. Y no están subiendo, sino todo lo contrario. Como usted dijo, se han zambullido por debajo del 2% en EE.UU. Pero son más bajas aún en la zona del euro o en Japón, pese a que sus monedas se deprecian de prisa.
P.: Y esta semana le toca mover las piezas al BCE.
G.G.: Es la hora del QE soberano.
P.: Piensa que Draghi les torcerá el brazo a los alemanes.
G.G.: No es Draghi, es la realidad. Un austríaco, que no es un alemán pero se le parece, el consejero Ewald Novotny dijo la semana pasada que el BCE debía actuar más temprano que tarde para corregir el problema de la baja inflación en la eurozona. Aunque los alemanes se opongan, pienso que Draghi tendrá el apoyo de la mayoría necesaria para lanzar la iniciativa.


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