2 de febrero 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

No hubo efecto enero. A decir verdad, tampoco lo hubo el año pasado y aun así 2014 fue muy bueno para la Bolsa. Nuestro hombre de consulta -Gordon Gekko- se hace carne del refrán. Al mal tiempo, buena cara. Y confía en el impacto expansivo que traerá consigo el shock petrolero (aunque Wall Street todavía sea reacio a computarlo).

Diálogos en Wall Street
  Periodista: Enero tuvo de todo, menos su tradicional efecto favorable para las Bolsas.

Gordon Gekko: El índice S&P 500 retrocedió el 3,1%. Fue un mes para el olvido en Wall Street, no tanto fuera de EE.UU. Hubo subas en varias plazas de Asia y Europa. India, Japón, Hong Kong, Alemania y Francia registraron avances.

P.: No hubo efecto enero en Wall Street; el rally de Navidad no alcanzó para cubrir las pérdidas de la primera mitad de diciembre. Los viejos trucos de la estacionalidad favorable no surten la magia de otrora. El mercado bull, ¿a punto de rendirse?

G.G.:
Hay más efecto serrucho que estacionalidad. Y los cabeceos del zigzag se arrastran desde noviembre. Pero el mercado alcista -el que arrancó después de digerir la hecatombe de Lehman, en marzo de 2009- está intacto. Que los precios se muevan hacia los costados, que crezcan los temores y el pesimismo no lo ponen en tela de juicio. Ni siquiera se ensaya una corrección -una caída del 10% (que sería una anécdota en un mercado que se triplicó)- que formule un cuestionamiento en serio.

P.: Se diría que hay otro mito que también resulta reacio a cumplirse. Aquel que pontificaba que el shock petrolero -el derrumbe brusco del precio del crudo- era una bendición para las Bolsas.

G.G.:
No mezclaría los tantos. La energía barata y abundante no va a dañar a la economía real. Todo lo contrario. Y, tarde o temprano, las Bolsas van a poder sacar tajada.

P.: Hoy por hoy, los bonos del Tesoro son los grandes beneficiarios.

G.G.:
Correcto. La desinflación no se discute. Y la deflación es una posibilidad cercana. Hasta Alemania mostrará una caída de precios cuando se computen los guarismos de enero. Es fácil ver el impacto que produce la retracción del valor del crudo en un contexto que, de antemano, ya era de bajísima inflación, y en declive. No es tan complicado entender que sus consecuencias no se agotan allí. Que la actividad económica mundial también se verá estimulada. No se trata de ningún mito.

P.: Los inversores no están tan convencidos como usted. Los bonos de calidad vuelan de precio. Las acciones no comienzan siquiera a carretear.

G.G.:
Es así. Hasta cierto punto, es razonable. El impacto adverso sobre el sector petrolero es inmediato, los beneficios sobre el resto de los sectores tardarán algún tiempo en derramarse y hacerse notar. Las ganancias del sector petrolero del S&P500 caerán el 25%. Es un golpe. Y la Bolsa tiene que absorberlo, rotar los portafolios. Difícilmente las utilidades de todo el S&P500 crezcan el 1% en el primer trimestre (pero si uno deja el sector petrolero de lado, la cifra supera el 4,5%). Hay que navegar esa transición...

P.: En principio, se hace sin alejarse mucho de la costa. Se prefiere lo seguro, los bonos del Tesoro, a las promesas azarosas de una mejoría en el sector empresario.

G.G.:
El cash no rinde nada, la parte corta de la curva de obligaciones del Tesoro, tampoco. Y la tasa larga -10 años- no llega al 1,7% anual. Es la seguridad de no ganar nada. O ganar muy poco.

P.: Es la aversión al riesgo. Es preferir hasta perder, pero poco.

G.G.:
En términos de ganancias futuras, el S&P500 rinde aproximadamente el 5,5%. Y el shock petrolero es por exceso de oferta de crudo, no por falta de demanda. Y si la energía sobra, no es un fenómeno recesivo, es expansivo. Y "deflacionario". Los bonos captaron este segundo aspecto, pero las acciones todavía no facturaron el primero. El que tomó nota es el consumidor. En EE.UU. su confianza está en el nivel más alto en 11 años. Si con 25 dólares llena el tanque de nafta de su auto, con los otros 25 o 30 dólares que ahora le sobran, le dará un buen tirón a la demanda agregada en 2015. Aún si la Fed, en junio, sube moderadamente las tasas de interés. Es cuestión de saber esperar.

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