14 de abril 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Vuelve Grecia como tema de posible complicación, aunque las Bolsas europeas lo ignoran olímpicamente. ¿Esta vez será la vencida?

Diálogos en Wall Street
Periodista: Las noticias que vienen de Europa son tres: la economía se recupera, las Bolsas festejan los máximos de los últimos 15 años y Grecia se alista para el default. ¿Es una trilogía posible? ¿O hay un dilema entre la bonanza regional y el descalabro que parece incubarse en Atenas?

Gordon Gekko:
Grecia es, a esta altura, como el lobo del cuento. Tanto se lo mencionó sin que la cosa llegue a mayores, que ya no asusta a nadie.

P.: Recuerdo que usted descartaba el Grexit -la salida de Grecia del euro-, pero admitía sí la posibilidad de un default de la deuda. ¿Cree que el impago puede producirse ahora?

G.G.:
No lo veo inmediato. En lo que resta de 2015, sí.

P.: ¿De qué depende?

G.G.:
De la voluntad política de Atenas.

P.: ¿Cree que Bruselas -o más bien, Berlín- estará dispuesto a darle un empujón a Grecia? La tradición europea es la de facilitar una solución de compromiso a último minuto, que no resuelva el problema, pero postergue una definición drástica.

G.G.:
A ese juego estamos asistiendo. El nuevo Gobierno de Syriza no pudo imponer sus términos. Entre la espada y la pared, fronteras afuera, aceptó todo, arrió sus pretensiones, y se comprometió a elaborar un listado alternativo de reformas. Tenía que confeccionar un programa propio al que Bruselas debía darle el visto bueno. Pero ya escribieron varios borradores y ninguno pasó el filtro.

P.: Así, Europa no suelta una moneda.

G.G.:
El BCE tiene conectado un respirador artificial para la banca. La asistencia de emergencia...

P.: De acuerdo. Pero hay vencimientos -como los 450 millones de euros que le pagó al FMI sin chistar- y, a este tranco, Grecia se quedará sin fondos más temprano que tarde.

G.G.:
Tal cual. De ahí que el riesgo de default sea muy real.

P.: Y el primer ministro Tsipras pretende seguir adelante con su propuesta de aumento de pensiones. Quiere volver a instituir el bono de Navidad. Todo a contramano de la austeridad que pretende Europa.

G.G.:
Es así. Es un desafío abierto.

P.: Se habla de un ultimátum. La fecha límite sería el 24 de abril, cuando se reúnan los ministros europeos de finanzas.

G.G.:
El límite es la caja. Todo lo que se pueda componer con una declaración es arreglable. En cambio, los vencimientos de mayo y junio con el FMI rondan los 2,6 mil millones de euros, y no se conseguirán raspando la olla.

P.: No veo a Alemania aflojando la billetera. Aunque Tsipras prometa el oro y el moro.

G.G.:
Piense en una solución a lo Chipre. Sin salir del euro, pero con la aplicación de controles de capitales...

P.: Sería una suspensión de hecho de la integración monetaria. Lo que va en contra del espíritu de la moneda común.

G.G.:
Correcto. Pero está el antecedente empírico de que se hizo en Chipre, y todo el mundo miró a otro lado. El tema complejo es quién absorbe el quebranto de un impago. El FMI debería ser intocable. Los acreedores privados son una minoría. La parte del león de las acreencias la tiene la propia Unión Europea (son unos 170 mil millones de euros). Tsipras especula con que los gobiernos preferirán la política del avestruz: refinanciar una y otra vez, y no tener que confesarles a los contribuyentes que su dinero ha sufrido una pérdida.

P.: Eso puede ponerse muy feo. ¿Es compatible con la algarabía de las Bolsas europeas?

G.G.:
La recuperación de la región es real. Y muy alentadora. Mientras Grecia no gatille una definición traumática, continuará con buen pronóstico. La experiencia de Chipre mostró que la crisis se puede encapsular. Grecia es un problema más grande, sin duda. Pero los extranjeros tomaron distancia. Es el sector público europeo el que está expuesto. Y los propios griegos. Cuanto más se fortalezcan los países de la periferia, más eficaz serán el muro cortafuegos y manejable el peligro de contagio.

P.: Lo más sensato sería no hacer la prueba.

G.G.:
Sí. Pero hay que explicárselo a Tsipras, que dice haberlo entendido, pero se comporta como si no.

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