5 de mayo 2015 - 00:12

Diálogos en Wall Street

Los altibajos de los mercados, explicados por la fiebre del dólar y su recaída imprevista. Nos lo relata Gordon Gekko, el veterano hombre de Wall Street.

Periodista: Abril cerró en un mar de dudas. Pero mayo no se hizo cargo y arrancó con notable vigor.
Gordon Gekko:
Uno diría que con renovado entusiasmo.
P.: ¿Falsa alarma? Me refiero a la grieta que se abrió en el mercado de bonos...
G.G.:
El dólar manda.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.:
El temblor que vimos -y, por cierto, no sólo en los bonos- tuvo su origen en un hundimiento imprevisto del dólar contra las divisas globales. Fue la peor semana también para las Bolsas internacionales.
P.: No es fácil entender cómo encaja el dólar en todo este ajedrez.
G.G.:
La idea del dólar fuerte tiene como contrapartida la noción de una depreciación del resto de las divisas. Y, por lo visto, incentivó la financiación de muchas posiciones en las monedas percibidas como débiles.
P.: El rebote del euro fue el causante del dolor de cabeza...
G.G.:
Tal cual. No figuraba en el radar. Y obligó a rebalancear cartera de apuro.
P.: ¿Tan importante es el mercado de monedas como para mover así las plazas de bonos y acciones? ¿No estaremos exagerando?
G.G.:
¿Es lo usual? No, no lo es. Pero, en el último año, en especial desde junio, la correlación se tornó muy marcada. Los activos más atados al dólar, las acciones más correlacionadas, sacaron amplia ventaja. Abril señaló una novedad. Se quebró el patrón. Y la última semana de abril eso quedó en clarísima evidencia.
P.: El rebote del euro fue vertiginoso y punzante, pero ya amainó.
G.G.:
El dólar recuperó la vertical el viernes, y los mercados de riesgo relanzaron la ofensiva. Hoy (por ayer), con otro avance del índice dólar, las Bolsas volvieron a afirmarse.
P.: ¿Pasó el susto?
G.G.:
Por el momento, le diría que sí.
P.: Es todo muy fugaz. No se registra...
G.G.:
Es un error. Estamos sobre aviso. Pisamos terreno muy frágil.
P.: Frágil, y con mucho apalancamiento.
G.G.:
Correcto. La deuda en margen de la Bolsa de Nueva York sobrepasó en marzo el récord histórico (que era de febrero de 1974). Hay 476 mil millones de dólares de pasivos aplicados a financiar carteras de acciones.
P.: Acciones que rayan a gran altura. Más allá del patín, de los fuertes vaivenes, nunca corrigieron. Son como un tentempié.
G.G.:
Hoy mismo el S&P 500 arañó los máximos absolutos. Tocó los 2.121 puntos, a escasos 5 del cierre record.
P.: Proporcionalmente, los bonos se dañaron más. ¿O me equivoco?
G.G.:
No. Es así. La tasa de diez años cayó al 1,65% a principios de febrero. La semana pasada ya estaba en el 1,90% cuando vino el sacudón y la empujó de vuelta sobre el umbral del 2%.
P.: En los bonos el golpe se sintió más.
G.G.:
Y no se produjo la recuperación que mostraron las acciones. Si la tasa larga cerró el viernes en el 2,10%, hoy está 2 o 3 puntos base por arriba.
P.: Zafaron las acciones pero escoraron los bonos...
G.G.:
Si lo quiere poner así, está bien. Pero conviene dejar correr el tiempo para tener una mejor idea. El golpe de los bonos vino de Europa. En concreto, de Alemania. Allí fue el pozo de aire. El 17 de abril el bund a diez años rindió el 0,05%, el mínimo de todos los tiempos. La semana pasada, la tasa saltó del 0,15% al 0,37% anual. El miércoles último se duplicó en el día.
P.: El doble de nada es casi nada.
G.G.:
Y, sin embargo, vea usted el desbarajuste que causó.
P.: ¿Y el dólar tuvo que ver?
G.G.:
De cabo a rabo. El rinde actual -0,39%- se estabilizó con la moneda.
P.: ¿Ver a Grecia meciéndose en la cornisa no influyó?
G.G.:
No. Los bunds son el refugio natural para tales peripecias. De hecho, las tasas subieron para todos los bonos soberanos, pero el spread entre Alemania y España (o Italia) se redujo unos 5 puntos base. No es un problema crediticio, esta vez no sube la tasa de riesgo-país, sino la tasa libre de riesgo.

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