7 de diciembre 2015 - 00:54

Diálogos en Wall Street

Una semana de grandes paradojas: la eurozona lanza más estímulo, y los mercados se derrumban. Un sólido informe de empleo en EE.UU. le da luz verde a la Fed para subir las tasas y desata un violento rebote. ¿Qué es lo que pasa? Las respuestas de Gordon Gekko, a continuación.

Diálogos en Wall Street
Periodista: No se gana para sustos. Y no se sabe de dónde puede venir el golpe. El BCE anuncia más expansión cuantita-tiva, tasas más negativas y sobreviene una paliza global. El informe de empleo de EE.UU., al día siguiente, nos deja al borde de la primera suba de tasas desde 2006, y los mercados explotan de júbilo.

Gordon Gekko: Todo ello con lecturas de volatilidad implícita y sentimientos que no reflejan posturas extremas. No hay euforia. Ni tampoco pánico.

P.: ¿Cómo se explica?

G.G.: Parecería que nadie se toma estos barquinazos muy en serio.

P.: Es difícil de creer. Janet Yellen no bromea cuando dice que espera poder comenzar a escalar las tasas de interés. Y será la semana próxima.

G.G.: No lo discuto. Pero, a diferencia de poco tiempo atrás, nos hemos acos-

tumbrado a ese zumbido en los oídos. Antes generaba pavura aunque era menos probable. Hoy por hoy, los inversores están convencidos de que Yellen los vacunará en diez días, y, sin embargo, son capaces de apostar fuerte a favor del Dow Jones tras un violento patín, y le hacen ganar 370 puntos- más del 2% - en una sola rueda...

P.: Es un misterio...

G.G.:
Es el reflejo de la tarea paciente de ablande que ha hecho el banco central. Sabemos que el próximo paso es un ajuste de un cuarto de punto, que no le abrirá las compuertas a una cascada de subas como en el pasado y que si la Fed se atreve a dar el primer paso será porque su visión de la economía es bastante constructiva.

P.: Diríamos, "esta vez es diferente". Conclusión, como también se sabe, peligrosísima.

G.G.:
Wall Street no está lanzado a ningún frenesí. Los mercados, los que están funcionando bien, se amesetaron. Los que no, están partidos al medio. Todavía Yellen no tocó ninguna tasa, pero alce la mirada, haga un paneo, y dígame qué es lo que observa.

P.: Lo único firme es el dólar...

G.G.:
Wall Street, lateral. Todas las zonas ultrasensibles a una suba de tasas son tierra arrasada. China, que solía hacer rancho aparte, voló en la primera mitad del año, para despeñarse más tarde. Con ojos de forense, uno diría: el "tightening", el apretón crediticio, ya comenzó.

P.: ¿Ya se anticipó el golpe de la suba de tasas?

G.G.:
Difícil afirmar que se incorporó en su totali-dad. Si la Fed tuviera una estrategia de "one and done", "una suba y se acabó", le diría que sí, que se afirme en el asiento porque cuando se ejecute salimos disparados al alza. Pero no es así.

P.: Viene una suba de tasas que será la primera, y no la última.

G.G.:
Estará lejos de ser la última. Y habrá que comprobar cómo se digiere una dieta sostenida de un retoque de tasas por trimestre.

P.: O sea, reunión por medio.

G.G.:
De momento, esa es la mejor estimación. Dependerá, desde ya, de la salud de la actividad económica.

P.: O del estómago de los mercados...

G.G.:
Si el estómago se avería seriamente, sí. Pero si es una acidez sin consecuencias mayores, la Fed ejecutará su partitura.

P.: Le traigo a colación el flamante fiasco de SuperMario Draghi al frente del BCE. No es sencillo adivinar la reacción de los mercados. El romano les dio todo lo que prometió -recortó las tasas al tercer subsuelo bajo cero, extendió el programa de QE y amplió el menú de bonos admisibles- y a medida que iba hablando las acciones, los bonos y el dólar se destruían con furia. No estuvo a la altura de lo que se esperaba, se dice. ¿Es así o el mercado es ina-sible?

G.G.:
El viernes, al día

siguiente, Draghi volvió a decir lo mismo en Nueva York y los mercados lo tomaron muy bien. Todo el mundo estaba corto el euro, largo los bonos y cuando Draghi confirmó lo que había prometido se dio vuelta la página. Es vender con la noticia después de haber comprado el rumor. Suele pasar, aunque el italiano es ducho y siempre se guardó un as en la manga para evitarlo. Esta vez no tenía ninguna sorpresa extra en la recámara, y el mercado se lo facturó.

Dejá tu comentario