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Diálogos en Wall Street
Fracasó la reunión de la OPEP, no hay freno para la producción de petróleo y el precio del barril se hunde por debajo de los 40 dólares. ¿Señal ominosa? ¿O favorable? ¿Cómo la tomará la Fed? Conversamos con Gordon Gekko promediando la rueda de ayer en Wall Street.
Gordon Gekko: Se hace difícil separar la paja del trigo. Después de todo el mercado bear no perdona a casi ninguna materia prima.
P.: A simple vista, reina el desasosiego. La sensación es de zozobra.
G.G.: Wall Street está más cómodo cuando el petróleo se afirma que cuando tambalea. Y que se rompa un dique de contención no le causa ninguna gracia.
P.: Hoy el contrato futuro que más trepa es el del VIX, el que mide la volatilidad implícita de la Bolsa. ¿Señal de que retomamos los tiempos difíciles?
G.G.: Con el VIX por debajo de 20 no se puede hablar todavía de ninguna preocupación acentuada. En el fondo estamos haciendo tiempo a la espera de la FED y su reunión la semana próxima.
P.: Wall Street no pudo quebrar los máximos. El estímulo que inyectó el BCE, lejos de dar aliento, prendió fuego el cortinado. Pero tampoco se derrumba como podría suponerse.
G.G.: La noción de un mercado lateral se mantiene al pie de la letra. Está claro que estamos muy cerca de los máximos y, aún dentro de los límites de un rango, hay mucho para caer si volvemos a visitar el piso de fines de agosto.
P.: Es curioso que no haya más temor, ¿o me equivoco?
G.G.: Máxime si se repara en la figura de "doble techo" que muestra la mayoría de los índices accionarios.
P.: Bastaría un soplido para voltearlos. Y Yellen & Cía tienen en carpeta un programa de aumento de tasas que bien podría hacer las veces de un gran ventilador. ¿O será que se pone en duda la suba?
G.G.: Cada día que pasa, la convicción se afirma más. De todos los colocadores primarios de deuda del Tesoro, solamente uno descree que habrá incremento. Y los contratos de futuros ya auguran una probabilidad del 83% de que se producirá. En los últimos ocho años nunca fuimos a una reunión del banco central tan convencidos de que se apretará el botón nuclear.
P.: Ya no se lo ve tan terrible.
G.G.: Hay un elemento circular en juego. Si los mercados se espantasen, la FED no querría intervenir. En ese sentido, el fuerte repunte del euro frente al dólar debe ser música para sus oídos.
P.: La debacle de los commodities ya no cotiza como impedimento.
G.G.: El petróleo se derrumba porque hay un exceso de oferta que no se logra frenar. A pesar de una demanda de crudo en ascenso, gracias a la baja de los precios. La FED sabe que detrás de esa realidad existe una dificultad sectorial, recortes específicos de inversión y empleo, y consecuencias crediticias adversas; pero no hay un problema "macro" que la disuada de seguir con sus planes.
P.: Sin embargo, cuando uno mira el Dow Jones, ve una caída del 0,7% del índice industrial (en estos precisos momentos) mientras el índice de Transporte se hunde el 2,5%. ¿Quién debería beneficiarse más de la baja del costo de energía que las empresas de transporte? Y no parecen festejarlo...
G.G.: Es un buen punto. Pero no niega el anterior. El Transporte es un indicador de fortaleza de la economía tangible, física, y no nos dice nada bueno. En lo que va del año, frente a una caída del 1% del Dow Industrial (y una leve suba del S&P 500), el Dow de Transporte acumula un derrape del 16%.
P.: No es indicio de una economía muy robusta.
G.G.: Para nada. Aunque uno entiende que los servicios cada vez pesan más. Pero hace ruido. Por supuesto, la Fed tiene otra visión de la economía, se diría que en las antípodas, y por eso alienta el final de las tasas cero.


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