Espera. El cosecretario general de la CGT, Héctor Daer, logró ayer que se pospusiera la definición del quinto paro general contra Macri.
La CGT dilató hasta la semana que viene la definición sobre un nuevo paro nacional, previsto por ahora para la segunda quincena de noviembre, para aguardar la eventual definición de una convocatoria al diálogo por parte del Gobierno nacional. Incluso sin precisiones sobre la iniciativa oficial y con una disputa interna vigente la central obrera recién se pronunciará el jueves que viene sobre la huelga y su extensión, debatida entre 24 y 36 horas y con o sin movilización a la Plaza de Mayo.
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De todos modos el clima ayer en el Consejo Directivo de la CGT daba por hecho la realización de la quinta huelga nacional contra la administración de Mauricio Macri y la espera era justificada sólo como una acción diplomática ante algunas señales por parte de funcionarios como el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica. El economista y exconsultor le hizo saber a Héctor Daer, uno de los cosecretarios generales de la organización, que se preparaba desde el Ejecutivo el armado de una mesa de diálogo con la participación del sindicalismo tradicional.
El debate en el órgano ejecutivo de la central no se extendió demasiado: tras un análisis de la coyuntura política, económica y social tal fue la consigna del orden del día pautado para el encuentro- algunos dirigentes dieron cuenta del impacto de la crisis en sus sectores y todos ellos coincidieron en la necesidad de llevar adelante otro paro. Sólo Daer hizo la propuesta de aguardar una respuesta concreta del Gobierno acerca del posible diálogo y Omar Maturano, jefe de los maquinistas de trenes de La Fraternidad, sugirió pasar a un cuarto intermedio hasta el jueves que viene.
Más allá de la extensión y la posibilidad de adicionarle una movilización a la Plaza de Mayo o no, de concretarse a fines de noviembre la huelga coincidirá con el inicio de las deliberaciones en Argentina del G-20 y la consecuente presencia de líderes de todo el mundo. Para el Gobierno esa es razón suficiente para evitar otro paro, y más si los gremios se deciden a marchar. Esa última alternativa generó disidencias en la CGT por parte de algunos dirigentes que plantearon su preocupación por la aparición de infiltrados que pudiesen causar incidentes.
Ante la eventual convocatoria a un diálogo la central ya había puesto algunas condiciones: según los sindicalistas, para acudir el Gobierno debería avenirse a convalidar un freno a los despidos por lo menos hasta marzo próximo; generar garantías para la rediscusión sin condicionamientos de las paritarias cerradas durante el primer semestre del año; un incremento de haberes de emergencia para jubilados, y la posible retracción de las tarifas de los servicios públicos a los valores de noviembre del año pasado, entre otros puntos. El tenor y el alcance de ese pliego, de hecho, era una de las razones principales por la que los propios dirigentes veían ayer con poca expectativa la chance de dialogar con los funcionarios.
Como antecedente, Sica mantuvo hasta ahora reuniones sectoriales con los gremios de la industria y esta misma semana con los del sector aeronáutico.
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